Junto con 10 misiles interceptores en Polonia, el sistema norteamericano de
defensa antimisiles está llamado a proteger a Europa contra el hipotético
ataque coheteril por parte de Irán o Corea del Norte. Se espera que esa idea
adquiera perfiles más reales durante las negociaciones de George Bush con los
dirigentes de la República Checa y más tarde, de Polonia. Pero, según demostró
la manifestación en Praga, las opiniones existentes en los medios oficiales de
las capitales de Europa Oriental podrán distinguirse sustancialmente de los
ánimos de la aplastante mayoría de la población.
A juzgar por los datos de los recientes sondeos sociológicos, tres de cada
cinco ciudadanos de Chequia rechazan la idea de emplazar un radar
norteamericano en su territorio, mientras que cuatro insisten en someter ese
problema al referéndum nacional. Lo mismo que muchos polacos, los checos no
llegan a comprender por qué se les concede más predilección a sus países y no
a Turquía donde la instalación de los componentes del escudo antimisiles sería
geográficamente justificado. La mera existencia del peligro proveniente para
Europa de parte de Teherán o Pyongyang que no poseen portadores de alcance
necesario, sólo puede ser calificado de bluff. Según Jan Tamas,
organizador de la marcha de protesta, "mucho más probable sería el impacto de
un asteroide en Europa que se produjera un ataque coheteril por parte de
Irán".
Otro tipo de problemas son los que inquietan a la gente. De imaginarnos lo
más absurdo, es decir, que ciertas fuerzas internacionales del mal se atrevan
a lanzar un cohete balístico por encima del territorio europeo, la
destrucción de su ojiva nuclear o dotada de otra arma de exterminio masivo
sobre Chequia o Polonia podría ser trágica para los habitantes de esos países.
Por esto podemos comprender a aquellos sectores públicos que se consideran
rehenes de la seguridad del lejano aliado transatlántico.
Los crecientes ánimos de protesta obligan a la administración checa a
buscar nuevos métodos de ejercer influencia en la opinión pública en vísperas
de la visita de junio de George Bush. Por ejemplo, durante los teledebates del
27 de mayo, el viceprimer ministro, Alexandr Vondra, advirtió al auditorio
multimillonario que si la República Checa se niega a satisfacer el pedido de
Estados Unidos de desplegar su radar, Chequia tendrá que reanudar el servicio
militar obligatorio.
Según la lógica del alto cargo, tal negativa va a empeorar las relaciones
de Chequia con los aliados de la OTAN. En resumidas cuentas, Praga no podrá
contar con su pleno apoyo de ser amenazada su seguridad, y entonces no será
posible prescindir del servicio militar obligatorio.
Los adversarios de este criterio señalan que ahora sólo se trata de
emplazar componentes del sistema netamente nacional de la DAM de EEUU. La
OTAN, como organización, no se definió aún respecto al papel que le
corresponde en ese sistema, por consiguiente, la advertencia de Vondra puede
ser considerada como intimidación de sus compatriotas.
En las negociaciones sobre la DAM que protagonizarán la visita de junio de
George Bush a la República Checa y Polonia, el mandatario norteamericano
actuará desde las posiciones debilitadas. El Congreso acaba de asestar a la
Administración un golpe sensible por la espalda negándose a asignar a la
Agencia de defensa antimisiles del Pentágono los 764 millones de dólares
solicitados para financiar la construcción de silos para misiles interceptores
en Polonia. Sin esos silos el radar en Chequia será inútil, si no está
destinado, según sospecha el viceministro ruso, Serguei Ivanov, a efectuar la
vigilancia del territorio de Rusia desde sus fronteras occidentales hasta los
Urales.
Según todas las evidencias, tarde o temprano, el equipo de George Bush
integrado por el Secretario de Defensa, Richard Gates, y la Secretaria de
Estado, Condoleezza Rice, que ya enviaron una carta indignada al Congreso,
podrán vencer la resistencia de los legisladores. Un problema mucho más
complicado es la postura negativa en extremo de Europa respecto al escudo
antimisiles norteamericano, la que fue apoyada por Vladímir Putin, con el
cual los días 6-8 de junio el presidente de EEUU se entrevistará en la Cumbre
del "G-8" en Alemania.
Moscú no comprende para qué Europa se llena de mini-bases, radares y silos
coheteriles norteamericanos, aunque Rusia evacuó sus armamentos pesados más
allá de los Urales. Putin no cree que esto se haga en interés de la defensa de
Europa. En la reciente conferencia de prensa en Luxemburgo el mandatario ruso
dijo que los "colegas norteamericanos" no dan respuesta al interrogante de si
han tomado en consideración la opinión de los europeos al respecto. Según
Putin la situación es deplorable. El presidente ruso insiste en analizar a
fondo el proyecto DAM en el marco de la OSCE: instituto creado para mantener
cooperación en aras de la seguridad de Europa.
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