La crisis inflacionaria
En las antípodas del discurso
militarista, de sus preocupaciones públicas por la "invasión imperial",
una amenaza cierta y real se cierne sobre el gobierno de Chávez: La inflación y
el colapso energético, englobados en un proceso de crisis económica general.
La inflación en Venezuela mantuvo una
fuerte aceleración antes del período navideño, cuando se prevé que los precios
repunten al compás del fuerte gasto de los consumidores durante las fiestas.
"Diciembre es un mes altamente
inflacionario. En este resultado no hemos registrado aún el impacto del pago de
las utilidades y aguinaldos", dijo el economista Pável Gómez, profesor de
políticas públicas en el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA)
en Caracas.
El Indice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) subió en octubre un 1,9 por
ciento y acumula un alza del 20,7 por ciento en lo que va de año, poniendo en
riesgo la más reciente meta del Gobierno de finalizar el ejercicio con una tasa
de en torno al 26 por ciento.
La tasa anualizada fue del 26,7 por ciento, manteniéndose como la inflación
más alta de América Latina.
La inflación venezolana, que superó el 30 por ciento el año pasado, supone una
amenaza para la popularidad del presidente Hugo Chávez y podría ser un factor
negativo en los comicios parlamentarios del 2010 en medio del débil panorama
económico mundial.
Hugo Chávez ha calificado la
consulta de 2010 de "vital" para mantener la marcha de su proyecto
revolucionario de corte socialista y ha reconocido que necesita conservar la
mayoría absoluta en el foro parlamentario.
Esa necesidad deriva de que mientras
las leyes ordinarias pueden aprobarse por mayoría simple, las especiales
necesitan del apoyo de los dos tercios de los asambleístas.
Chávez ha expresado su temor a que la oposición obtenga el suficiente número de
escaños como para impedir la aprobación de leyes polémicas, lo cual, según sus
esquemas, podría derivar en una conflictividad política capaz de
desestabilizar al país.
La oposición, por su parte, ha
señalado que podría hacerse con la mitad de los puestos parlamentarios y, de esa
manera, administrar una cuota de poder que frenaría el rumbo marcado por Chávez.
Sin embargo, para conseguir ese objetivo es imprescindible, según todos los
analistas, que acuda unida a la cita electoral, algo que hasta ahora no ha
logrado, a pesar de admitir que se trata de una condición indispensable para el
éxito.
Según analistas, el Gobierno de
Chávez no ha sabido implementar una estrategia efectiva contra la inflación,
que tomó una fuerte inercia alcista tras cinco años de bonanza petrolera y una
enorme liquidez en manos del público, agudizada por el control de cambios
vigente desde el 2003.
Pese a que la economía de Venezuela se contrajo en el segundo trimestre del 2009
por primera vez en un lustro por la caída de los precios del crudo, producto de
la crisis económica global, la presión inflacionaria se ha mantenido.
"En los 22 meses de INPC, la inflación mensual nunca ha estado por debajo del
1,2 por ciento, lo que muestra cuan profundamente está afianzada la inflación y
también el fracaso de la estrategia gubernamental, o la falta de ella", dijo en
una nota Alberto Ramos, analista de Goldman Sachs.
El promedio de la inflación mensual ha sido del 2,6 por ciento en los últimos
13 meses, sin que ninguna de las medidas anunciadas por el Gobierno haya
surtido efecto más allá de bajas puntuales en el indicador mensual.
El gobierno chavista está realizando multimillonarias emisiones de bonos
que permiten a empresas hacerse de divisas sin acudir al mercado paralelo para
sus importaciones, donde el dólar cotiza a más del doble de la tasa fija,
diferencial que luego aplican a los precios al consumidor inflando los precios.
Además, la inflación tiene un factor
estructural negativo en el país socio de la OPEP, que importa la mayor parte
de los bienes y servicios que consume. Expertos creen que el control de
precios, que regula amplios rubros alimentarios, estaría desanimando la
producción interna.
La crisis energética
Según escribe Humberto Márquez en la
agencia IPS (Ver:
Energía-Venezuela: A media luz),
El presidente de Venezuela,
Hugo Chávez, presentó un panorama marcado por el "aumento en el consumo y
derroche de energía", aunado a "fenómenos como El Niño (sequía derivada de
trastornos climáticos originados por el calentamiento temporal de las aguas del
océano Pacífico), que han disminuido el caudal de los ríos" que alimentan
plantas hidroeléctricas.
Por ello, Chávez anunció que se debe ahorrar electricidad, pidió a los
organismos públicos que disminuyan 20 por ciento del consumo, dijo que en el
Palacio de Miraflores (sede del Gobierno) se apagarán más luces y equipos de
aire acondicionado, y demandó a la cadena de centros comerciales Sambil que
compren sus propias plantas generadoras.
Según el Ministerio de Energía, la
capacidad eléctrica instalada del país alcanza los 23.367 Mwh, 63 por ciento de
los cuales son aportados por la generación hidráulica y el resto por usinas
térmicas impulsadas a vapor, a gas, con motores diesel y de ciclo combinado
(vapor y gas).
Pero una cosa es capacidad instalada y otra efectiva. En Plantacentro, ubicada
al noroeste de Caracas y nominalmente de 2.000 Mwh, apenas operan dos de sus
cinco turbinas y entregan entre 500 y 800 Mwh. Igual problema se registra en el
gigante complejo hidroeléctrico Guri, con capacidad para 10.000 Mwh, trabajaban
este mes sólo 14 de sus 20 generadores.
La demanda de energía eléctrica en Venezuela fue de 14.000 Mwh en 2005, de casi
16.000 en 2006, de 15.500 en 2007, de 16.350 en 2008 y de 17.300 Mwh en lo que
va de 2009, es decir, que ha crecido entre cinco y siete por ciento
interanual.
El Estado venezolano "tiene con
sus ciudadanos una deuda de 4.000 a 5.000 Mwh, equivalentes a la capacidad de
generación de Ecuador y casi el doble de la Uruguay", dijo a IPS Víctor
Poleo, viceministro de Energía durante los tres primeros años de gobierno de
Chávez (1999-2001).
Para reponerla haría falta invertir, sólo en generación, unos 8.000 millones de
dólares, más lo que se requeriría para incrementar anualmente la capacidad en
unos 1.000 Mwh y sin contar inversiones en transmisión y distribución, según
Poleo. Aller estima que el rezago de la última década requiere invertir
18.000 millones de dólares en cinco años.
En resumen, Chávez, si quiere ganar y
conservar la mayoría parlamentaria en el 2010, tiene que desactivar la
inflación (encarecimiento de los alimentos) y desalentar la demanda de
sobreconsumo de energía para evitar que la infraestructura venezolana
estalle y deje a Venezuela a "media luz".
Una tarea que requiere la creación de
una estado de "emergencia nacional" que justifique medidas duras de
restricción al consumo popular sin que le cuesten baja de popularidad e imagen.
"En vez de sangre sudor y lágrimas"
(no aconsejable para ganar elecciones), Chávez optó por convocar a
"prepararse para la guerra".
Una forma eficiente de "colocar el
enemigo afuera", como dicen los psicólogos, con la cual el presidente
venezolano busca ganar su propia guerra contra la crisis interna que lo desgasta
y compromete seriamente su permanencia en el poder.
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