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conservador Partido Popular Europeo (PPE) revalidó su mayoría en el Parlamento
Europeo aportando entre 236 y 276 escaños de un total de 736, por delante de los
socialistas (155 a 165 escaños), según resultados parciales de las elecciones
legislativas divulgados este domingo en Bruselas por la Eurocámara
La abstención en los comicios de los países de la Unión Europea superó el
récord que alcanzó en 2004.
Sólo el 43,01% participó en las
elecciones a la Eurocámara, lo que supone un descenso de alrededor de dos
puntos y medio respecto a la cifra de hace cinco años, cuando una media del
45,47% acudió a votar.
La cifra de participación fue descendiendo progresivamente desde la primera
elección de 1979, cuando llegó hasta el 61,99% entre los nueve países que por
entonces eran miembros de la UE.
La izquierda europea sufrió su más
serio revés en Europa, y los votantes que acudieron a las urnas
otorgaron claramente su confianza a los partidos conservadores y antinmigrantes,
que detentan el poder en la mayoría de gobiernos de la Unión Europea.
Las alternativas de la izquierda
socialista y socialdemócrata a la profunda recesión con desempleo que
padece Europa no resultaron creíbles y no merecieron el apoyo de los ciudadanos.
La derecha se mantiene sólidamente
en Alemania y se refuerza en Francia, Italia, Reino Unido y Polonia. En
España, el triunfo del Partido Popular, con 23 diputados sobre los 21 del
socialista José Luis Rodríguez Zapatero no fue tan abultado.
El Partido Popular Europeo (PPE) volverá a ser la primera fuerza del Parlamento
Europeo con una representación de entre 263 y 273 diputados, lo que supone
aumentar considerablemente la ventaja sobre el segundo partido, el Partido de
los Socialistas Europeos (PSE), que se mantendrá con un plantel de
representantes entre 155 y 165.
Los liberales serán la tercera
fuerza (de 78 a 84 eurodiputados), menos que en el Parlamento anterior
aunque experimentan avances notables en Alemania, Francia y Holanda. Los verdes
son la fuerza que emerge con más impulso, al obtener entre 52 y 56 escaños,
frente a los 43 que tenía.
El presidente del grupo socialista en el Parlamento Europeo, Martin Schulz,
admitió abiertamente la derrota. "Es ciertamente una noche triste y amarga para
la socialdemocracia". Pero añadió: "Vamos a intentar frenar las fuerzas
incontroladas del mercado, aunque lo haremos desde una base menos sólida que
antes".
Los socialistas sólo lograron
buenos resultados en Eslovaquia, donde alcanzaron un 32% de los votos, el
doble que en 2004, y en Grecia donde aumentaron hasta el 36%, y donde los
conservadores de Nueva Democracia descienden desde el 43% al 33,7%.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, junto a la canciller alemana, Angela
Merkel, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y el de Polonia, Donald
Tusk, son los gobernantes que salen mejor parados. El presidente de los
populares europeos, Joseph Daul, manifestó su satisfacción por los resultados
afirmando que "el PPE ha ganado por mucho y los socialistas han perdido".
Daul recordó que José Manuel Durão Barroso es el candidato del PPE para seguir
al frente de la Comisión Europea.
La apatía y el desinterés por Europa
siguieron aumentando de manera continuada desde las primeras elecciones de 1979,
en las que la participación fue del 61,99%. Fue llamativa la baja participación
en Lituania, 20,54% y Eslovaquia, 19,6%.
Los partidos ecologistas registraron avances muy notables en Francia
donde el partido de Daniel Cohn Bendit ha doblado prácticamente su
representación y un resultado similar obtuvieron en Dinamarca, mientras que
mantuvieron sus buenos resultados en Alemania.
La extrema derecha logra mayor representación en la Eurocámara, con avances
significativos en Finlandia, Austria, Hungría, Eslovaquia y Holanda.
Según los analistas, los socialistas,
más divididos que nunca a nivel europeo y fragilizados en la esfera nacional de
muchos países, dejaron perder durante la campaña una oportunidad de oro de
capitalizar la crisis económica y erigirse como defensores del empleo y el
bienestar social ante el liberalismo y los excesos del sistema financiero.
En cambio, la crisis y el desencanto con la Europa comunitaria que siente buena
parte de la opinión pública europea llevaba camino de beneficiar a los partidos
antieuropeos más radicales.
Es el caso de la formación austríaca
de Hans-Peter Martin o del ultraderechista e islamófobo Partido de la Libertad
en Holanda, que obtuvo el 17% de los sufragios en los comicios celebrados el
jueves.
Según la encuesta del
Eurobarómetro (sondeos de opinión pública), encargada por el Parlamento Europeo,
antes de los comicios, la confianza en las instituciones de la UE se desplomaba
con la crisis financiera recesiva que se expande como un virus tanto por las
potencias centrales como por la periferia subdesarrollada de la Europa
continental.
La crisis recesiva con desempleo
masivo que azota con dureza extrema a la primera potencia imperial, EEUU,
ahora arrasa también con las economías centrales de la zona del euro donde se
registran huelgas y protestas sociales que barren con la estabilidad de los
gobiernos desde Francia, Reino Unido, España, hasta Bélgica e Islandia.

A medida que las consecuencias de la desocupación y el desplome del poder
adquisitivo del salario se hacen sentir por toda Europa, la protesta social y
sindical gana la calle en cada vez más países, para expresar el
descontento.
El malestar social que generan la
desocupación creciente y el deterioro de las condiciones salariales, así como el
achicamiento de la capacidad de consumo, alimenta y exacerba el estado de
frustración colectiva, provoca pérdida de confianza en los políticos y
alienta las huelgas y protestas sociales que comienzan a extenderse por toda
la geografía europea.
En este contexto, el nivel de
abstención alcanzó
el 56,99% en los comicios celebrados en los 27 países de la Unión Europea
entre el jueves y el domingo.
En 2004, año de las anteriores elecciones al Parlamento Europeo, la tasa de
participación fue del 45,4%.
En Alemania, el mayor país de los 27
de la Unión Europea (UE), que dispone de 99 eurodiputados, los conservadores
de la canciller Angela Merkel se imponían claramente con el 38% de los
votos, muy por delante de los socialdemócratas, que obtendrían sus peores
resultados, con alrededor del 20%, según encuestas a pie de urna.
En otro gran país europeo, Francia, con 72 diputados, la derecha del
presidente francés, Nicolas Sarkozy, también triunfó, según los sondeos, con
alrededor del 27% de las papeletas, frente a una oposición muy fragmentada.
El partido conservador austríaco, en la oposición, también encabezaba las
elecciones con el 29,6% de las papeletas, seguido de los socialdemócratas en el
poder (24,7%), según estimaciones de la televisión nacional ORF.
En Gran Bretaña, donde los laboristas del debilitado primer ministro Gordon
Brown sufrirían un nuevo revés después de la derrota en las municipales, el
ultraderechista BNP y el Partido por la Independencia, que aboga por la retirada
de la UE, podrían dar la campanada.
En Italia, el conservador jefe de gobierno Silvio Berlusconi, cabeza de lista de
su partido, convirtió las elecciones europeas en un plebiscito sobre su figura,
salpicada por sonados escándalos.
Los últimos datos confirman
dramáticamente esas previsiones, y revelan que la crisis recesiva con
desocupación se expande por toda Europa y el colapso financiero con
desaceleración económica y achicamiento del consumo se ensaña con las
poblaciones periféricas tanto de las zonas ricas como de las áreas más
marginales de Europa del Este.
La desocupación en la zona
euro trepó a finales de abril el 9,2%, la tasa más alta en diez años. Estos datos
fueron difundidos el martes por Eurostat -la Oficina Europea de Estadísticas,
dependiente de la Comisión Europea.
Los números oficiales señalan que la
desocupación creció durante ese período en casi 400.000 personas en la eurozona y en más de medio millón en el conjunto de la UE, donde ya hay 20,8
millones de desempleados.
Desde septiembre de 1999 no se alcanzaba una tasa similar, la más alta desde
la existencia del euro como moneda europea. En el conjunto de la UE el
desempleo se sitúa en el 8,6% de la población activa.
La crisis financiera recesiva ha
impactado con fuerza inusitada en las sociedades europeas, y el "euroescepticismo"
se está tornado en factor social predominante, que afecta principalmente a
la credibilidad en el destino del euro y en la debacle de la confianza en las
instituciones de la Unión Europea.
En este contexto, a la "crisis
económica" (producida por la recesión), y a la "crisis social"
(producida por las huelgas y conflictos sociales) un tercer actor: El
"colapso psicosocial" reflejado en las tendencias del escepticismo
generalizado sobre las instituciones del sistema.
En este escenario, y de acuerdo con
lo que marca el resultado de los comicios, la sociedad gira hacia la derecha
y el desempleo refuerza las tendencias xenófobas y antinmigrantes.