La
crisis recesiva con desempleo masivo que azota con dureza extrema a la
primera potencia imperial, EEUU, ahora arrasa también con las economías
centrales de la zona del euro donde se registran huelgas y protestas sociales
que barren con la estabilidad de los gobiernos desde Francia, Reino Unido,
España, hasta Bélgica e Islandia.A medida que las
consecuencias de la desocupación y el desplome del poder adquisitivo del salario
se hacen sentir por toda Europa, la protesta social y sindical gana la
calle en cada vez más países, para expresar el descontento.
El malestar
social que generan la desocupación creciente y el deterioro de las condiciones
salariales, así como el achicamiento de la capacidad de consumo, alimenta y
exacerba el estado de frustración colectiva, provoca pérdida de confianza en los
políticos y alienta las huelgas y protestas sociales que comienzan a extenderse
por toda la geografía europea .
En su Panorama Económico Mundial,
publicado el 23 de abril último, el FMI advertía que Europa enfrenta una
recesión más profunda y una recuperación más larga que EEUU y el resto del mundo.
Como resultado, la Unión Europea (UE)
se ha convertido en la región donde las perspectivas de que la crisis llegue
pronto a su fin son más distantes, estimaba el FMI.
Los últimos datos confirman
dramáticamente esas previsiones, y revelan que la crisis recesiva con
desocupación se expande por toda Europa y el colapso financiero con
desaceleración económica y achicamiento del consumo se ensaña con las
poblaciones periféricas tanto de las zonas ricas como de las áreas más
marginales de Europa del Este.
La desocupación en la zona
euro trepó a finales de abril el 9,2%, la tasa más alta en diez años. Estos datos
fueron difundidos el martes por Eurostat -la Oficina Europea de Estadísticas,
dependiente de la Comisión Europea.
Los números oficiales señalan que la
desocupación creció durante ese período en casi 400.000 personas en la eurozona y en más de medio millón en el conjunto de la UE, donde ya hay 20,8
millones de desempleados.
Desde septiembre de 1999 no se alcanzaba una tasa similar, la más alta desde
la existencia del euro como moneda europea. En el conjunto de la UE el
desempleo se sitúa en el 8,6% de la población activa.
Las principales economías europeas vieron aumentar el número de desempleados y
solamente en España se destruyeron casi 800.000 empleos en el primer trimestre
del año.
Los países europeos con menos
desempleo son Holanda (3%), Austria (4,2%) y Chipre (5,4%). Los peores situados,
además de España, son Letonia (17,4%) y Lituania (16,8%). El desempleo subió en
24 de los 27 miembros de la UE, todos salvo Rumania y Grecia. Francia
está en el 8,9% y Alemania en el 7,7%.
Según las previsiones de la Comisión Europea, el desempleo alcanzará a
finales de año al 9,9% de la población activa de la eurozona y al 11,5% en 2010,
el nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial. Para el conjunto de la UE,
Bruselas estima que 8,5 millones de personas perderán su trabajo antes de
finales de 2010.
En el primer trimestre de 2009, el
producto interior bruto en Europa, comparado con el del año anterior, disminuyó
un 4,4 por ciento.
Potencial explosivo

"La crisis económica podría
tener consecuencias socialmente explosivas en Europa si el desempleo sigue
aumentando", señala Jean Claude Juncker un alto funcionario de la UE que
coordina desde hace años las políticas económicas del bloque.
Juncker, primer ministro luxemburgués
y jefe del Eurogrupo, que reúne a los ministros de Economía de la zona euro,
considera que Europa está en el corazón de la crisis económica y financiera y
vamos "hacia una crisis social de potencial explosivo".
La opinión coincide con los señalado recientemente por el presidente del
Banco Mundial, Robert Zoellick, quien sostuvo que "hay un grave riesgo de
crisis social" en los países más ricos.
Durante una entrevista con el diario
español El País, Zoellick explicó: "Lo que empezó como una gran crisis
financiera y se convirtió en una gran crisis económica, ahora está derivando
en una gran crisis del desempleo. Si no tomamos medidas, hay riesgo de que
llegue a ser una grave crisis humana y social, con implicaciones políticas muy
importantes".
Los pronósticos oficiales coinciden en que Europa se encamina
hacia niveles de desempleo inéditos desde el final de la Segunda Guerra
Mundial y a que la salida a la crisis global se ve incierta. Algunos, como
Juncker y Zoellick, empiezan a dar la señal de alarma.
El líder de los socialistas europeos,
el danés Poul Nyrup Rasmussen, pedía a principios de mes en Bruselas un plan
de reactivación económica del continente similar al estadounidense.
"Con 26,5 millones de parados bajo el brazo, los conservadores que presiden
Europa difícilmente podrán pretender que han hecho ya suficiente", señalaba
Rasmussen.
Jean Claude Juncker estima que
la UE debe concentrarse en políticas que hagan aumentar el empleo de forma
sostenible, como la formación a lo largo de toda la vida laboral y semanas
laborales más cortas.
Al tiempo, pide a los empresarios que
hagan todo lo posible para evitar despidos masivos y que cumplan un papel
de "responsabilidad social" porque "millones de europeos se ven empujados por la
crisis hacia la desesperanza".
Juncker sostiene que "muchos políticos subestiman el fenómeno", y teme
que se disparen los déficits públicos, ya afectados por la caída de los ingresos
fiscales, los multimillonarios planes de reactivación y los rescates bancarios.
En los primeros día del año 2009 (y
como clara señal de que el planeta ya había ingresado en la "crisis estructural"), se
reafirmó la ola de de despidos laborales que certifica la presencia de
una recesión a escala planetaria, cuyo centro gravitante y expansivo se
encuentra en EEUU y Europa, potencias directrices del sistema capitalista a
nivel global.
Tras empezar por el sector de la
construcción inmobiliaria y del sector financiero, el proceso de despidos en
Europa -al igual que en EEUU- ya se proyecta con fuerza en los sectores
industriales y de servicios.
El diálogo entre sindicatos y
empresarios, apoyado por el Gobierno, evita por ahora huelgas en España, pero
Francia ha sufrido tres huelgas con grandes movilizaciones desde principios de
año y se ha puesto de moda secuestrar a los patrones de grandes empresas
para forzarles a negociar y que se comprometan a no despedir.
Además, por el efecto retardado que
tiene la crisis sobre el empleo, según la Comisión Europea, el proceso de
desocupación masiva debería crecer más de aquí a fin del año 2009.
La periferia pobre
Los economistas advierten que la zona
euro corre un riesgo mucho mayor de un deterioro más profundo que otras regiones
debido a la aguda crisis económica, fiscal y política en Europa del Este,
así como el deterioro en la calidad de los activos de sus bancos.
Las turbulencias económico
financieras, y los disturbios sociales y sindicales ya se llevaron puestos a los
gobiernos de Bélgica e Islandia, y comienzan a generar inestabilidad y
principios de caos social en las primeras potencias del euro, como Francia
y Reino Unido, además de arrasar con las ex naciones comunistas de Europa del
Este, donde se han registrado algunas de las mayores movilizaciones de los
últimos 20 años.
Veinte años después del
reestablecimiento del capitalismo, los ex países de la URSS hoy miembros de la
Unión Europea del Este, han iniciado una etapa de progresivo colapso
económico y social.
Los países de Europa oriental se han
visto especialmente afectados: en los Estados bálticos, el PIB se ha desplomado
entre el 10,9 y el 18,6 por ciento.
En los nuevos países miembros del la
UE de Europa del Este, los gobiernos han pactado con los bancos y empresas
trasnacionales de Europa y EEUU para privatizar las empresas estatales
(del ex régimen socialista) a cambio de corrupción y enriquecimiento personal,
mientras la población periférica se hunde en la pobreza masiva y en un
creciente estado de indigencia.
Como consecuencia de la explotación
de las potencias del euro sobre los países periféricos del Este, en el
ámbito de la Unión Europea se estableció una creciente brecha entre países
ricos y países pobres.
Una hora de trabajo en Escandinavia,
Alemania, Gran Bretaña y Francia se paga entre 30 y 35 euros, en Polonia, 5, en
los países bálticos y Eslovaquia, 4, en Bulgaria, que ingresó en la UE a
principios de 2007, sólo 1,40.
Hay un punto central de fricción
entre las naciones desarrolladas del euro y los países del Este: Los bancos y
corporaciones trasnacionales de las potencias centrales del euro son auxiliados
con subsidios y proteccionismo estatal, en tanto que sus filiales situadas en
Europa del Este no reciben esos beneficios y en consecuencia sufren la peor
crisis recesiva de la región despidiendo trabajadores y deteriorando las
condiciones laborales y el poder de consumo de las mayorías.
Las tensiones que salieron a flote en
las últimas cumbres dejaron de manifiesto la dificultad de forjar una estrategia
coherente para combatir una recesión que ha golpeado a los 27 miembros del
bloque con fuerza desigual. Incluso los líderes de Europa Central y del Este, la
zona más afectada por la crisis, mostraron divergencias acerca de los
"planes de rescate".
En verdad el mayor peligro que enfrenta Europa Occidental, aparte de sus propios
desequilibrios debidos a la crisis, es el enorme agujero en que se han
convertido los países del Este. La región le debe a la banca de las naciones
centrales europeas más de 1,5 billones de euros.
La crisis recesiva empieza a ejercer
presión sobre los presupuestos de algunos gobiernos del euro, y en general de
los países del Este, que aumentan sensiblemente sus gastos para estimular su
economía en medio de una caída de sus recaudaciones tributaria por la
desaceleración económica.
En ese escenario, las potencias
dominantes del euro, cuyos bancos centrales y redes de bancos privados lideran
el negocio con los rescates y "salvatajes financieros" entre los miembros del
bloque, se muestran cada vez más renuentes a prestar dinero a los países cada
vez más "insolventes" de Europa del Este.
La UE y todos los
gobiernos europeos (tanto centrales como del Este) están aprovechando la crisis
social y la desocupación masiva parar ejecutar despidos, o chantajear la
continuidad laboral a cambio de baja de salarios y recortes sociales.
El euroescepeticismo

A medida que las
consecuencias de la desocupación y el desplome del poder adquisitivo del salario
se hacen sentir por toda Europa, la protesta social y sindical gana la
calle en cada vez más países, para expresar el descontento.
En ciudades como París, Atenas,
Varsovia o Roma, en los viejos barrios obreros y de inmigrantes de Amsterdam,
Londres, Berlín o en la región alemana del Rhur, la desocupación y la pobreza
son dos o tres veces mayores que la media desarrollada en todo el ámbito de
la Unión Europea
La dinámica de este proceso ya genera
bolsones de "ingobernabilidad" producidos por los conflictos sociales y
sindicales como respuesta a los despidos laborales detonados por la paralización
económica.
La desocupación es la matriz de la
pérdida de gobernabilidad por una razón esencial: Los despidos masivos de
obreros y empleados son el barómetro y marcan el momento exacto en que la
crisis se sale de la "superestructura" económico financiera y se mete dentro de
la sociedad.
En este panorama, las elecciones al
Parlamento europeo del 7 de junio van a celebrarse en medio de la más profunda
crisis del capitalismo desde los años 1930 y en una situación social
extremadamente tensa.
A su vez, a este escenario
económicosocial, se suma un "tercer factor" de índole psicosocial producido por
la falta de expectativas personales y laborales que genera la crisis: El
"escepticismo social".
Según la encuesta del Eurobarómetro
(sondeos de opinión pública), encargada por el Parlamento Europeo, divulgada a
mitad de abril, la confianza en las instituciones de la UE se desploma con la
crisis financiera recesiva que se expande como un virus tanto por las
potencias centrales como por la periferia subdesarrollada de la Europa
continental.
De acuerdo con el estudio, sólo el
34% de los ciudadanos tiene intención de votar en las elecciones europeas que se
llevarán a cabo en el mes de junio.
En este contexto, la medición
encargada por la UE parece agregar a la "crisis económica" (producida por
la recesión), y a la "crisis social" (producida por las huelgas y
conflictos sociales) un tercer actor: El "colapso psicosocial" reflejado
en las tendencias del escepticismo generalizado sobre las instituciones del
sistema.
Paradojalmente, esa tendencia al "euroescepeticismo"
se agrava en el escenario de las potencias centrales más ricas, como Alemania,
Reino Unido, Francia y España.
Este "tercer factor" (el
descreimiento social en el sistema europeo) producto del desarrollo de los
procesos combinados de la "crisis económica" y la "crisis social", que se
retroalimentan entre sí, es lo que más temen los gobiernos y las autoridades
de la Unión Europea.