Más
de 100 personas habían muerto el miércoles y alrededor de 200 resultaron
heridas tras la explosión de un coche bomba en un concurrido mercado de la
localidad de Peshawar, en el norte de Pakistán, según fuentes médicas, en el
último de una serie de sangrientos atentados en el país ocupado por fuerzas
extranjeras.
La explosión, la más mortífera en
Pakistán este año, se produjo horas después de que la secretaria de Estado
de EEUU, Hillary Clinton, llegara a Pakistán, prometiendo una nueva relación con
un socio cada vez menos confiable.
"Fue un coche bomba. El vehículo
estaba aparcado frente a un mercado frecuentado principalmente por mujeres",
dijo por su parte Azam Jan, funcionario del gobierno de la ciudad.
Pakistán está en alerta máxima por temor a que se
produzcan atentados en
represalia por la ofensiva contra los bastiones de las milicias talibanes
paquistaníes en la provincia de Waziristán del Sur, en la frontera con
Afganistán, según las autoridades.
La explosión del miércoles causó graves daños en
un barrio con muchas
construcciones de madera y ladrillo, calles muy transitadas y estrechas.
El ataque provocó el incendio de los
edificios aledaños. Mientras avanzaba la remoción de los cuerpos y el rescate de
los heridos, columnas de humo negro se elevaban sobre la zona, donde abundan
comercios dedicados a la venta de ropa femenina.
Según las autoridades, entre las víctimas fatales
hay mujeres y niños, y se
teme que el número de fallecidos aumente con el paso de las horas.
En un escenario de "iraquización",
más de 300 personas han muerto en atentados similares en los últimos días,
desde que el ejército de Pakistán lanzó una ofensiva a gran escala en la
región de Waziristán del Sur, un bastión de los combatientes del Talibán.
El ataque en Peshawar se produjo en momentos en que
la canciller de la potencia
ocupante, Hillary Clinton, iniciaba una visita a la capital, Islamabad, para
"debatir" con el gobierno paquistaní la escalada de la violencia y la seguridad
del arsenal nuclear del país.
En los últimos meses, y desde la
renuncia de Musharraf a la presidencia, continuas advertencias de EEUU sobre el
"peligro talibán" consiguieron anarquizar el país convirtiéndolo en un nuevo
teatro operativo de la "guerra contraterrorista" que traslada el escenario
afgano a Pakistán.
La secretaria Clinton prometió más ayuda al gobierno paquistaní
para combatir
los ataques de la "insurgencia", pero -según la corresponsal de la BBC Kim
Ghattas- se necesitará mucho más que firmas y discursos para sanar una relación
bilateral malherida.
La funcionaria estadounidense deberá escoger sus palabras con
cuidado, añadió
Ghattas, puesto que su visita ocurre en momentos en que los lazos entre
Islamabad y Washington, aliados estratégicos en la lucha contra el
"terrorismo" de Al Qaeda y el Talibán, reciben una oleada de críticas
antiestadounidenses.
"Es muy desafortunado que haya quienes cuestionen nuestras
motivaciones o duden
de que tenemos un compromiso de largo plazo, y quisiera aclarar eso", dijo la
secretaria de Estado de EE.UU. a su llegada a Islamabad.
Tras reunirse con el ministro de Relaciones Exteriores
de Pakistán, Shah Mahmoud
Qureshi, Clinton añadió que la administración de Barack Obama quiere que la
relación bilateral "vaya más allá de la lucha contra el terrorismo" y
abarque también la cooperación en áreas como infraestructura, energía y
educación.
Al enterarse del sangriento atentado de
este miércoles, Hillary Clinton expresó
su "solidaridad" con Pakistán en lo que calificó como "una esforzada lucha
contra grupos extremistas tenaces y despiadados", en la que el país "no está
solo".
"Queremos reforzar nuestra relación.
No queremos que se limite a la lucha antiterrorista, aunque ésta sea nuestra
principal prioridad", explicó la jefa de la diplomacia estadounidense a bordo
del avión que la condujo a Islamabad, en su primera visita a Pakistán desde que
tomó posesión de su cargo.
Clinton también expresó su deseo de
"pasar página" en esos "malentendidos y
errores de comunicación" ocurridos entre Washington e Islamabad.
Hillary Clinton instó a Pakistán a
conversaciones sobre la no proliferación y le advirtió frente a la amenaza
de grupos terroristas en búsqueda de armas nucleares.
La secretaria de Estado afirmó que Washington
tenía "un alto nivel de confianza"
en el control de las autoridades paquistaníes sobre su arsenal nuclear. "Pero
estamos inquietos respecto de la proliferación y tenemos buenas razones para
ello", agregó, haciendo implícita referencia al inventor de la bomba atómica
paquistaní caído en desgracia, Abdul Qadir Jan.
Para Estados Unidos, Abdul Qadir Jan,
que en 2004 admitió haber transmitido sus
conocimientos a Irán, Corea del Norte y Libia antes de retractarse, representa
siempre un "riesgo de proliferación".
"Queremos alentar a Pakistán a unirse
a nosotros durante la conferencia sobre la
no proliferación que tendrá lugar en la primavera (boreal) próxima. Queremos que
trabajen con nosotros en el Tratado sobre la prohibición de la producción de
materias fisibles (FMCT)", señaló Hillary Clinton ante los periodistas que la
acompañan.
La secretaria de Estado llamó
al ejército paquistaní a tener en cuenta la "amenaza terrorista nuclear" de Al Qaeda.
"Sabemos que Al Qaeda y sus aliados extremistas siguen en búsqueda de
material nuclear y que no se necesita mucho para provocar una explosion muy
grave con consecuencias políticas y psicológicas temibles", alertó la
canciller de la potencia ocupante.
La secretaria de Estado provocó una conmoción en
el establishment
de poder norteamericano cuando, el 22 de abril, en el Senado de EEUU, acusó al
gobierno de Islamabad de "abdicar ante el Talibán y los extremistas”.
La jefa de la diplomacia USA dijo
ante un comité del Senado que el incipiente gobierno del Partido Popular de
Pakistán afrontaba una “amenaza existencial” de los combatientes islamistas que
podrían apoderarse de su arsenal nuclear y convertirse en un "peligro mortal"
para EEUU y otros países.
Los comentarios de Clinton
coincidieron con los del asesor estratégico del Comando Central de las
fuerzas de EEUU, David Kilcullen, quien afirmó al diario The Washington
Post, en marzo, que Pakistán podría colapsar en menos de seis meses.
Hillary Clinton impulsa la
nueva ley Kerry-Lugar-Berman, que prevé triplicar la ayuda estadounidense
para Pakistán, fijándola en 7.500 millones de dólares en cinco años.
La ley suscita fuertes polémicas y críticas en Pakistán,
e influyentes
paquistaníes acusan a Washington de querer "condicionar con esas ayudas
la soberanía del país".
"No hay condiciones impuestas a Pakistán",
reiteró Clinton en una entrevista
concedida a la cadena Geo TV. "No tratamos de ninguna manera de dictar nada al
gobierno o al ejército paquistaní", subrayó.
Sin la mano dura de Musharraf,
atacado por un vacío de poder ascendente, metido en una espiral de crisis
económica, y con una escalada indetenible de violencia y atentados (promovidos
por la CIA) en las grandes ciudades, Pakistán se ha convertido en un resorte
geopolítico-militar clave en la estrategia regional de Washington.
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