En su reunión del 1 de septiembre en Bruselas, los jefes de Estado y de Gobierno
de la UE descartaron acciones económicas contra Rusia y resolvieron
lograr lo antes posible la aplicación integral del acuerdo de paz de seis puntos
negociado el 12 de agosto que, según Europa, los rusos retrasan con su ocupación
militar de áreas estratégicas de Georgia.
Mientras tanto Moscú,
que luego
de solidificar su presencia militar sobre el oleoducto que conduce el petróleo del
Caspio a Europa, y de lanzar varias jugadas y desafíos contra la hegemonía del
eje USA-UE, decretó unilateralmente la independencia de Abjasia y Osetia del
Sur, hoy mantiene silencio de radio sobre sus futuros pasos en el Cáucaso.
El principal objetivo de la reunión, según la Presidencia francesa de la UE, es "lograr fechas
precisas, mecanismos y compromisos de Moscú que garanticen el término de la
retirada" de las tropas rusas aún presentes en suelo georgiano, fuera de Osetia
del Sur y Abjasia.
Moscú, por su parte, afirma haber retirado del territorio georgiano a
todos sus efectivos y sólo mantener tropas en las zonas de contención cercanas a
los dos territorios separatistas, según el "punto quinto del acuerdo".
Los rusos, además, denuncian
"ambigüedades" (el canciller dijo que Sarkozy hizo firmar "acuerdos diferentes"
a las partes) en la traducción del convenio de paz con Georgia para seguir
retrasando su total aplicación.
"Los rusos quieren que se reconozcan las nuevas relaciones de fuerza surgidas de
su intervención (en Georgia). No hay que sorprenderse de que no respeten el
acuerdo", juzgó Thomas Gomart, especialista en Rusia del Instituto Francés de
Relaciones Internacionales (IFRI), citado por AF.
Las usinas diplomáticas de la UE, ya han señalado que, en caso de que fracase la
misión de Sarkozy, el bloque volverá a discutir sobre una "larga lista"
de posibles sanciones contra Moscú, entre ellas la anulación de la cumbre
Rusia-UE del 14 de noviembre.
La nueva "misión" de Sarkozy en
Moscú se produce en un escenario de conflicto "estancado", con un stau quo de
control militar ruso sobre la región, y cuando la UE, atada por sus compromisos
energéticos con Rusia, comienza tomar distancia de la estrategia "dura" de
Washington.
"Estamos dispuestos a buscar
una relación con Rusia antes de que sea demasiado tarde", precisó Bernard
Kouchner, el ministro de Exteriores de Francia, quien reiteró que "no es hora de
sanciones".
"La relación de la UE con Rusia es muy importante. La UE necesita a Rusia, y no
menos Rusia a la UE", señaló Solana, quien identifica como interés prioritario
europeo la vertiente energética y presenta a la economía occidental como el gran
aliado de Moscú.
El director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, Nabuo Tanaka,
advirtió esta semana que la "UE depende en un 30% de las importaciones de
gas y petróleo de Rusia".
La dependencia del gas ruso es especialmente sensible en algunos países de la
zona del euro, y está provocando serias divisiones internas por la
búsqueda de soluciones individuales por parte de algunos países.
Esta dependencia alcanza el
100% en Finlandia y Eslovaquia; y más del 70% en Bulgaria, Lituania,
República Checa, Grecia y Austria.
Alemania e Italia, con una
dependencia del gas ruso del 40% y el 30%, respectivamente, desarrollan los
proyectos de gasoductos North Stream, a través del mar Báltico, y South Stream,
que cruzará el mar Negro para asegurarse su propio suministro.
Ambos proyectos, que con la
importante participación del gigante Gazprom reforzarán la capacidad exportadora
rusa, han creado profundo malestar en países como Polonia, que se han visto
marginados de los mismos.
El primer ministro polaco, Donald Tusk, pidió ayer replantear el North Stream,
que une Rusia con Alemania. En su opinión, "los europeos deben preguntarse
cómo independizarse de los suministros de petróleo y gas rusos".
Sarkozy afirma que hay que
seguir "insistiendo en la solución política y no militar, ni siquiera de la
OTAN", lo que algunos observadores interpretan como la voluntad de "acabar
con el seguidismo de EE UU".
La canciller alemana, Angela
Merkel, expresó ayer una moderada confianza en las gestiones de la misión que
encabeza Sarkozy. "Tengo esperanzas", señaló la canciller, "que el presidente
francés progresará un poco en aclarar el plan de seis puntos cuando visite Moscú
como presidente de la Unión Europea".
En las antípodas, los socios
europeos más pro-EEUU, cifran sus esperanzas en el
gasoducto Nabucco, que debe
unir la región del Caspio con Europa, rodeando a Rusia, que recibió l.a
bendición del vicepresidente de EEUU, Dick Cheney, en su reciente gira por
Georgia y Ucrania.
El Nabucco, según los
expertos, que debería estar operativo en 2013, tendrá una capacidad de 30 bcm
(miles de millones de metros cúbicos) anuales, y unirá Turquía con Austria.
Conectará con las
conducciones ya existentes entre Erzurum (Turquía) y Sangachal (Azerbaiyán) que
transitan por Georgia.
Este es uno de los puntos
"críticos" que suma presión a la guerra de Rusia y EEUU por el control de las
redes de la energía en Eurasia.
En este escenario -dicen este
lunes analistas rusos- la presencia de Sarkozy en Moscú -mientras Washington
suspendía su pacto nuclear con Rusia- revela claramente una primera grieta en
la alianza occidental cuya influencia futura sobre la guerra energética en
Eurasia todavía no aparece clara.