ay un profundo significado en el hecho de que la crisis financiera que sufre
ahora el capitalismo mundial haya estallado en Estados Unidos, corazón de la
economía mundial.
Si echamos un vistazo a la historia de la economía durante el siglo XX, ésta
se divide aproximadamente en dos partes iguales. Los primeros 50 años fueron
dominados por las consecuencias destructivas de la ruptura de la economía
mundial, tras el poderoso período de expansión que caracterizó el siglo XIX.
Después de 1945 comenzó un nuevo período de expansión que parece haber puesto
fin a los terribles acontecimientos de las décadas anteriores.
Esta expansión posterior a la guerra se fundó sobre todo en la fortaleza de
la economía de Estados Unidos Es este poder económico, y no sólo su victoria
militar en la Segunda Guerra Mundial, lo que permitió que Estados Unidos
estableciera las bases de un período de expansión capitalista sin precedentes.
El acuerdo de Bretton Woods de 1944 estableció un nuevo sistema monetario
internacional y el Plan Marshall de 1947 garantizó la reconstrucción de la
Europa devastada por la guerra.
Este crecimiento económico sin precedentes vio florecer todo tipo de
ilusiones reformistas, principalmente las relacionadas con el programa del
keynesianismo. El keynesianismo sostuvo que las depresiones, al igual que las de
la década de los años 1930, eran ahora cosa del pasado porque los gobiernos y
las autoridades financieras eran capaces de regular la economía capitalista a
través del gasto y el control de los tipos de interés.
Parecía que las contradicciones del capitalismo habían sido superadas, pero
éstas volvieron a la superficie una vez más a finales de los años 1960. La base
del auge de posguerra residió en la expansión de la tasa de beneficios hecha
posible por la expansión de los nuevos sistemas de producción estadounidenses al
resto del mundo. Ahora, sin embargo, la tasa de beneficio comenzaba a declinar.
Además, las contradicciones inherentes del sistema monetario internacional
creado por el Acuerdo de Bretton Woods comenzaron a reaparecer. Este acuerdo
representó un intento para superar la contradicción central que ha plagado de
problemas al sistema capitalista mundial: aquella entre el desarrollo de la
economía mundial y la división del mundo en estados-naciones rivales.
Hacía tiempo que el capitalismo había superado los confines establecidos por
los estados-naciones y los mercados nacionales. Incluso, el mercado nacional
mayor de todos?el de Estados Unidos?ya no era suficiente. Para los gobernantes
de Estados Unidos, ésta fue una de las principales lecciones de la década de
1930. Ninguna economía nacional podía funcionar sin una economía mundial viable.
Una economía mundial viable requería un sistema monetario mundial. Pero ¿qué
podría funcionar como moneda mundial? Un regreso al patrón oro había sido
intentado en los años 1920 pero había resultado desastroso. ¿Sería posible
establecer algún tipo de papel moneda y un sistema de crédito mundial? Ésta fue
la propuesta de Maynard Keynes. Sin embargo, un papel moneda y un sistema de
crédito mundial necesitaban una autoridad política y financiera mundial para
administrarlos. Y para que eso tuviera lugar, Estados Unidos y otras grandes
potencias capitalistas habrían tenido que ceder su autoridad a tal organismo.
Estados Unidos ciertamente no estaba dispuesto a hacerlo y por tanto se adoptó
un compromiso. El dólar de Estados Unidos funcionaría como moneda internacional,
respaldada por oro a razón de 35 dólares por onza.
Pero la propia expansión de la economía capitalista en el auge posterior a la
guerra, hecha posible también por el mismo sistema monetario internacional de
Bretton Woods, adelantó la contradicción en el corazón de ese sistema—entre el
papel del dólar de los Estados Unidos como moneda internacional y su función
como moneda de un estado-nación, los Estados Unidos
A fines de los años 1960, los dólares que circulaban en la economía mundial
sobrepasaban en mucho la cantidad de oro poseída por Estados Unidos que
supuestamente los respaldaba. En respuesta a una gran demanda de dólares?y
movimientos para convertir los dólares de papel en oro, debilitando así la
posición de Estados Unidos?el presidente Nixon puso fin al Acuerdo de Bretton
Woods el 15 de agosto de 1971, mediante el fin de la conversión dólar-oro. En
1973, después de infructuosos intentos de establecer relaciones fijas entre las
principales monedas mundiales, comenzó el régimen de moneda flotante.
La desindustrialización de Estados Unidos
El colapso del sistema de Bretton Woods fue una primera expresión de la
disminución relativa en la situación económica de Estados Unidos frente a otras
grandes potencias capitalistas. Este declive asumió un aspecto desolador a
finales de los años 1970, a medida que el dólar bajó a mínimos históricos y el
capitalismo mundial experimentó estanflación—una combinación de rápida
inflación con bajo crecimiento, recesión y niveles de desempleo récord después
de la guerra.
En 1979, Paul Volcker fue nombrado presidente de la Junta de la Reserva
Federal de Estados Unidos y puso en marcha un esfuerzo concertado, en nombre de
la clase capitalista de América, para superar estos problemas.
El "shock Volcker", como llegó a ser conocido, aumentó los tipos de interés a
niveles históricos. La política de Volcker tenía dos objetivos
interrelacionados: elevar el valor del dólar estadounidense y asegurar su
posición como la preeminente moneda mundial (con todas las ventajas que esto
reportó a Estados Unidos), y eliminar las secciones no rentables de la industria
norteamericana, obligando a través de una reestructuración de la economía de
Estados Unidos la restauración de la tasa de beneficio.
Estas medidas implicaron una implacable ofensiva contra la clase obrera
americana, empezando por el despido de los controladores de tránsito aéreo y la
destrucción de su sindicato, PATCO, en 1981, el desarrollo de métodos
informáticos de producción y gestión (el PC fue desarrollado por primera vez en
1981), y el establecimiento de redes mundiales de producción para utilizar los
recursos de mano de obra barata.
El "shock Volcker" tuvo algunos efectos. El mercado bursátil inició una
recuperación constante a partir de 1982 y la tasa de beneficio comenzó a
aumentar. Pero el capitalismo norteamericano estuvo lejos de gozar de una fase
de expansión. Los años 1980 terminaron con la crisis del ahorro y préstamo,
cuando más de 1000 instituciones de ahorro y préstamo quebraron en lo que el
economista John Kenneth Galbraith llamó la "más grande y más costosa empresa en
malas practicas públicas, malversación y robo de todos los tiempos", a un coste
global de 160 mil millones de dólares. El mercado bursátil colapsó en octubre de
1987 y la recesión se estableció hacia 1990.
La economía de los Estados Unidos y mundial en conjunto no iniciaron una
nueva fase de expansión hasta que un cambio histórico tuvo lugar en el terreno
económico?la caída de los regímenes estalinistas de la Unión Soviética y Europa
del Este y la apertura de las economías de China e India. Esto puso a
disposición nuevas y enormes fuentes de mano de obra barata, duplicando la
fuerza de trabajo mundial según algunas estimaciones, y transformando la propia
estructura del capitalismo americano, una transformación que está en la raíz de
la actual crisis financiera.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, el capitalismo estadounidense había
logrado su posición de supremacía económica sobre la base de su poder
industrial. A pesar de la pérdida de su relativa superioridad durante el auge de
la posguerra, cuando la industria europea y japonesa se expandió, la industria
de Estados Unidos siguió siendo una fuerza a tener en cuenta. Durante los
últimos 30 años, sin embargo, hemos visto la desindustrialización de la economía
norteamericana y el aumento de las finanzas como su componente dominante y más
dinámico.
La importancia de esta transformación puede ser comprendida si analizamos los
procesos fundamentales de la acumulación capitalista. Uno de los mayores
descubrimientos de Marx fue dejar al descubierto el secreto de la acumulación
capitalista. Él puso de manifiesto que la fuente primordial de la riqueza
capitalista es la plusvalía que el capital extrae del empleo de mano de obra
asalariada. En la sociedad capitalista, la riqueza toma muchas formas
deslumbrantes. Hay beneficios industriales, ingresos que devengan la tierra y la
riqueza por aumentos en el valor de activos?acciones, casas, terrenos. A veces,
parece que el dinero puede de alguna manera engendrar dinero por arte de magia,
como si simplemente la riqueza proviniera de una cosa.
Marx puso de manifiesto que, en última instancia, estas diversas formas de
riqueza capitalista representan la división de la plusvalía extraída de la clase
obrera entre los distintos propietarios.
En el volumen II de "El Capital", Marx explicó que para el poseedor del
capital en forma de dinero (los bancos e instituciones financieras) "el proceso
de producción aparece simplemente como un vínculo intermedio inevitable, como un
mal necesario en aras de hacer dinero. Todas las naciones con un modo de
producción capitalista, por lo tanto, se hallan sometidas periódicamente a un
febril intento de hacer dinero sin la intervención del proceso de producción."
El proceso representado aquí por Marx como "periódico" se ha convertido ahora en
una característica permanente del capitalismo estadounidense.
Las siguientes cifras indican el alcance de este proceso. En 1982, los
beneficios de sociedades financieras constituían el 5 por ciento del total de
los beneficios empresariales después de impuestos. En 2007, supusieron hasta el
41 por ciento, aunque la parte de las empresas de valor añadido sólo aumentó del
8 al 16 por ciento. Entre 1982 y 2007, la proporción de los beneficios del
sector financiero aumentó seis veces en términos del PIB de Estados Unidos Como
el comentarista del Financial Times Martin Wolf ha señalado, detrás de este auge
estaba una subida del apalancamiento de la economía. La deuda era ahora la
piedra filosofal, convirtiendo el plomo en oro. Ahora el proceso de
desapalancamiento amenaza con convertir de nuevo el oro en plomo. El proceso de
apalancamiento avanzó de manera constante en el decenio de 1990 y luego despegó
después de 2000.
En un artículo publicado el 19 de marzo de 2008, The Economist señaló:
"Desde el año 2000..el valor de los activos mantenidos en Fondos de Inversión
Libre (Hedge Funds), con sus tasas más elevadas y mayor efecto apalancador, se
ha quintuplicado..El valor del mercado de cobertura por riesgos crediticios...ha
subido a unos asombrosos 45 billones de dólares. En 1980 la deuda del sector
financiero era sólo una décima parte del tamaño de activos de deuda no
financiera. Ahora representa la mitad
"Este proceso ha convertido a los bancos de inversión en máquinas de deuda
que comercian intensamente con sus propias cuentas. Goldman Sachs está
utilizando alrededor de 40 mil millones de dólares en capital como base de 1,1
billones de dólares de activos. En Merrill Lynch, la más apalancada, 1 billón de
dólares en activos se tambalean sobre unos más o menos 30 mil millones de
dólares en acciones. En mercados en crecimiento, tales apalancamientos crean
magníficos retornos sobre el capital. Cuando los mercados están en peligro, una
pequeña caída en el valor de los activos puede arruinar a los accionistas."
Si bien este proceso de apalancamiento se centró en los Estados Unidos, ha
sido un fenómeno mundial. En 1980, el balance financiero global fue
aproximadamente igual al PIB mundial. En 1993, era el doble de tamaño y, a
finales de 2005, había aumentado a 316 por ciento?o más de tres veces el PIB
mundial.
Uno de los principales factores que sostienen este proceso ha sido la
reducción de los tipos de interés. Esto ha sido posible, a su vez, porque se ha
reducido la inflación—un producto, nada menos, de la producción de mercancías
más baratas en China y otros lugares. En otras palabras, existe una
simbiótica—se podría decir que hasta parasítica—relación entre el aumento del
capital financiero y la apertura de nuevas y enormes fuentes de mano de obra
barata.
¿Cómo, entonces, es la plusvalía extraída de los trabajadores chinos
distribuida entre los diferentes sectores del capital?
El suministro de crédito barato ha desempeñado un papel muy importante en la
adquisición de terrenos y la construcción de centros comerciales (acabamos de
ver, por ejemplo, los problemas encontrados por la empresa australiana "Centro",
que entró en problemas cuando el crédito barato sobre el que se había basado
para ampliar adquisiciones de centros comerciales se secó al final del año
pasado).
El suministro de crédito barato impulsa los precios de los activos, incluidos
los de centros comerciales. Esto significa que los propietarios deben aumentar
los alquileres con el fin de recuperar sus inversiones. Sin embargo, las
empresas minoristas gigantes tales como WalMart en Estados Unidos —el mayor
importador de productos procedentes de China y ahora el mayor empleador de mano
de obra en Estados Unidos —pueden pagar estos precios debido al gran margen de
beneficios que es capaz de obtener por el bajo costo de los bienes que importan
de China.
La extracción de la plusvalía tiene lugar en la producción de estos bienes.
Es fruto de la gran diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo (salarios)
de los trabajadores empleados y el valor de las mercancías básicas que producen,
y que se distribuye entre los distintos titulares de la propiedad—una cierta
porción para WalMart, algo para el propietario del centro comercial en forma de
alquiler y otra parte para las empresas financieras que proporcionaron el dinero
para su construcción.
El proceso de inflación de activos puede continuar siempre y cuando exista
crédito barato y los activos pueden atraer suficientes ingresos. Pero si
cualquiera de estos dos requisitos cesa, entonces el proceso se desarrolla en la
dirección opuesta.
Tras la caída de los mercados bursátiles y las burbujas punto.com, el mercado
de la vivienda en Estados Unidos experimentó un auge inflacionario a base de
crédito barato, comenzando a finales de los años 1990, pero acelerando
rápidamente después del final de la recesión de 2000-2001.
El nuevo paradigma era el modelo de "crear y distribuir". Los proveedores de
hipotecas harían disponibles los fondos para la compra de casas y entonces
venderían inmediatamente las hipotecas a firmas financieras, recogiendo unos
honorarios por haber originado la deuda. Luego, las deudas hipotecarias se
agregarían y manipularían hasta crear diferentes paquetes para ser vendidos a
otras instituciones—a los fondos de inversión libre o a vehículos especiales de
inversión, creados fuera de los libros de contabilidad de los bancos y otras
entidades financieras.
Los ingresos de estos valores respaldados por activos eran proporcionados por
el comprador de la casa. No era necesario examinar de cerca la seguridad
financiera del comprador porque en caso que él o ella dejaran de pagar, un nuevo
préstamo podía ser organizado, o, en su defecto, la casa podía ser vendida a un
precio más elevado.
Sin embargo el proceso finalmente tropezó con un obstáculo insuperable: la
disminución en los salarios reales de la clase obrera de Estados Unidos, algo
que ha estado en marcha durante los últimos 30 años, salvo por un breve período
a finales de la década de 1990, y que ha continuado desde el final de la
recesión en 2001.
Y esto no es un declive temporal. Como ha señalado el economista
estadounidense, Robert Reich, todos los diversos mecanismos utilizados para
mantener los ingreso — como la entrada de las mujeres en la fuerza de laboral,
jornadas más largas y, por último, mayor endeudamiento, especialmente a través
de préstamos con garantía hipotecaria sobre los hogares — se han agotado.
Millones de trabajadores estadounidenses y sus familias están enfrentando una
catástrofe de que el posible precio de venta de su casa caiga por debajo de lo
que aún deben y el valor de la vivienda se vuelva negativo; proceso que se está
repitiendo en todo el mundo.