n realidad, Kirchner, tiene un
verdadero "problema estratégico de Estado" con su ministra de Economía, Felisa
Miceli, que se "olvidó" un sobre con 240.000 dólares (el equivalente del
valor de seis departamentos de dos ambientes en la capital argentina) en
el baño privado del Palacio de Hacienda.
Como se sabe, y ya está extendido
entre los políticos, en la Argentina es una práctica habitual (para que los
funcionarios no reciban directamente el dinero de las coimas) que los
empresarios coimeros, luego de mantener una charla de "bueyes perdidos" con el
funcionario, dejen el sobre con el dinero en el toilette del baño privado del
mismo.
A Felisa Miceli, como a todos los
funcionarios de Kirchner, le fue todo de maravillas hasta que se olvidó de tomar
el tónico para la memoria.
Según los especialistas, si un
funcionario del gobierno se olvida US$240.000 en el baño, es porque le pueden
suceder dos cosas: O está enfermo de la memoria o está enfermo de impunidad.
El viernes,
el fiscal Marijuán (uno que quiere
hacer marketing político-electoral con el caso) "revisó" el despacho de Miceli y
espera datos de sus cuentas y tarjetas de crédito, lo que seguramente dará el
resultado que se anticipó: la ministra no va a poder mostrar ingresos que
justifique la existencia de esa suma en su poder destinada -según la
desmemoriada- a una "operación inmobiliaria".
De acuerdo con la información
suministrada por fuentes judiciales y de la Casa Rosada, citada por la prensa
argentina, Miceli tiene plazo hasta el 31 de julio para presentar su
declaración patrimonial jurada correspondiente al período 2006; y la Oficina
Anticorrupción espera ese documento para "evaluar el camino a seguir"
frente a la situación que afronta la ministra, dijo el titular del organismo,
Abel Fleitas Ortiz de Rozas.
El escándalo tomó "proyección
internacional" a partir de que las grandes cadenas lo pusieron en sus portadas,
señal, según los expertos, de que en Wall Street y en "la embajada" resolvieron
que Kirchner jubile a su ministra coimera antes de que la sangre llegue al río
(o sea, de que los alienados masivos que votan cada dos o cuatro años, se
"aviven" de cómo funciona el sistema político con "democracia").
El fiscal inspeccionó el lugar
donde apareció el dinero y reclamó "detalles financieros personales" de
la ministra. Miceli que sigue "esperando el momento" de hablar. Mientras que
Kirchner, espera el momento de echarla sin levantar olas.
Al tiempo que requirió datos sobre cuentas bancarias y tarjetas de crédito de la
ministra Felisa Miceli, el fiscal Federal Guillermo Marijuán realizó una amplia
inspección en el Ministerio de Economía para sumar datos a una causa de la que
el gobierno sigue sin hablar, pero que es un escándalo sin retorno.
Pero, lo curioso y destacable, es
como la farándula política, los periodistas, y las autoridades judiciales
encargadas de "investigar", se hacen los "sorprendidos" cada vez que
salta un nuevo "escándalo de corrupción".
Quien conozca la Argentina, sabe que
en la intimidad, entre amigos, entre la familia, cuando alguien se refiere
a un político o funcionario del gobierno, antepone la palabra "ladrón".
Políticos o funcionarios del
gobierno, desde antes y después del "cacerolazo", son el equivalente de
"ladrón" entre las clases medias o bajas de la Argentina, y entre la clase
alta y en los pasillos del poder cuando se habla de obra pública o licitación
encargada por el gobierno, se preguntan ¿a cuánto la comisión (coima)?
No obstante, y así como Miceli y los
funcionarios están enfermos de la memoria o de impunidad, la Argentina (el poder
y los que votan al poder) está enferma de "doble discurso".
Político y ladrón, son
términos indisolubles en la psicología y en las costumbres del argentino nivel
promedio estadístico que se expresa en la intimidad, aunque en su discurso
público elogie las "instituciones democráticas" que posibilitan la existencia
del político ladrón.
Y aunque la condición de "ladrón y
corrupto" es lo que define al político en el lenguaje y la "percepción popular"
diaria, cuando llega el día de las elecciones, el también "descerebrado
argentino nivel promedio estadístico" vota masivamente el menú de
"opciones electorales" (en realidad todas son lo mismo) que le presenta la
corporación política que les sonríe desde las boletas electorales.
Lo de Kirchner y su ministra, luego
de que éste la eche, va a quedar seguramente en el terreno del anecdotario
colectivo que será tapado con algún acontecimiento "estratégico de Estado", como
la suerte de la selección argentina de fútbol en la Copa América.
Eso explica, entre otras
cosas, el gran éxito y los elogios que cosecha Kirchner (un gerente de enclave
"progresista") entre sus
admiradores: los banqueros, los petroleros, y los empresarios que se sienten
felices y realizados al contemplar a millones de colonizados mediáticos,
que sufren, vibran y palpitan con el fútbol-negocio durante las 24 horas.
La
corrupción como "moneda de pago"
En realidad, y como lo puede
comprobar cualquiera que la investigue,
la llamada
"corrupción estructural" de los políticos, no es
nada más que el eslabón menor de un sistema de
robo legalizado en el cual
el capitalismo transnacional se lleva la "parte del
león", y la corporación política se queda con el
resto.
La
corrupción política (en la Argentina y el resto de América
Latina y el mundo) no es una suma de individualidades,
sino que funciona como un sistema.
Quien se dedica a la
política, integra un sistema corporativo de corrupción destinado a gerenciar
el país para el Imperio y sus megaempresas financieras y comerciales.
Los medios toman la primera
parte, la corrupción política, y esconden la existencia de la segunda: el
rol de los políticos, empresarios y banqueros en el saqueo capitalista
trasnacional de la Argentina.
De esta manera, al sacársela
de su contexto de totalidad significativa, la corrupción se torna un
fenómeno de personas, de funcionarios o de políticos, sin conexión con
una red interconectada entre sí.
Como axioma estratégico
definitorio: todos los políticos son
corruptos, todos los jueces son corruptos, todos los funcionarios son corruptos,
por la sencilla razón de que la única manera que tienen de cobrar por sus
servicios administrativos a los bancos y transnacionales es por medio de la
corrupción.
O sea por medio de las
coimas, las sub o sobrefacturaciones del Estado (nacional, comunal o
provincial), o el otorgamiento de licitaciones, contratos, etc.
¿Y quiénes pagan a los
corruptos?
Los bancos, y las megaempresas, comerciales, industriales o de
servicios, que se valen de la corporación política para administrar el
Estado, sancionar leyes e implementar medidas económicas favorables a sus
políticas comerciales.
De todo lo que produce
anualmente en la Argentina (su producto bruto nacional PBI) solamente el
"presupuesto nacional" queda en casa para que la gerencia de
enclave de turno (léase "gobierno constitucional") haga asistencialismo
con los pobres.
Lo que resta se lo embolsa
el capitalismo que controla todos los resortes gerenciales del Estado
(léase Poder Ejecutivo, Poder Judicial y Poder Legislativo) por medio de la
corporación política asociada a la depredación económica imperial (el que
quiera comprobarlo, no tiene nada más que investigar comparativamente la
relación entre PBI, pobreza y concentración de riqueza, no solamente en la
Argentina sino en toda América Latina).
Esta forma de expoliación de riquezas, avalada formalmente por un Estado
encuadrado dentro de normas "republicanas y democráticas", no podría existir sin
la participación cómplice de los políticos (además de la izquierda
parlamentarista) , ni éstos ni su negocio
podrían existir sin los bancos y transnacionales que pagan comisiones en negro
por sus servicios.
Sin la gestión de gobierno
del Poder Ejecutivo, sin la sanción de leyes por el Poder Legislativo, sin la
implementación de fallos por parte del Poder Judicial, el robo capitalista
tendría que hacerse (como sucedió en otras épocas) con la presencia de una
dictadura militar en el gobierno.
Cuando el Departamento de
Estado norteamericano instaló el "sistema democrático" en sustitución de las dictaduras
militares, legalizó el macro-robo capitalista en un ámbito de
"gobernabilidad" aceptada por las mayorías descerebradas que votan
periódicamente a "presidentes" que administran el país para los bancos y las
transnacionales.
En este escenario, la
"desmemoria" y/o la impunidad, de la corrupta y ya casi jubilada ministra
de Kirchner, es apenas una gota en el medio del mar.