Hace años que el país registra crecimiento, pero la pobreza no cede.
Por Néstor Restivo -
enviado especial en Lima / Clarín
Como en tantos otros países en la economía actual, hay cosas que no cierran.
Aquí hay récords bursátiles, de reservas, de resultado fiscal, de PBI o del
precio del cobre, un puntal del Perú. Para 2007 la economía crecerá por
cuarto año sin pausa y ahora a una tasa de casi 8%, y la rentabilidad en la
Bolsa superará el 20%, dijo el diario Gestión. Pero la pobreza apenas
baja, es de 48% con la mitad de ella en indigencia; y el salario mínimo, con una
vida algo más cara que en Argentina, es de US$ 160 dólares (casi la mitad que en
Argentina), cuando la canasta básica vale el doble, para el Ministerio de
Trabajo peruano.
Según dijo a Clarín el economista Humberto Campodónico, en los 15 años de
gobierno de Alberto Fujimori, Alejandro Toledo y ahora Alan García, "el
excedente económico subió 9 puntos hasta 61% del PBI. Pero en igual lapso, el
salario bajó 7 puntos, al 23%" del PBI. Dicho en plata, respecto de 1991 se paga
de salarios US$ 6 mil millones menos al año y las empresas ganan US$ 7 mil
millones más.
Fuera de Lima y el norte del país, que goza de un boom, hay malestar por esa
desigualdad, que tiene raíz histórica pero se agravó estos años, según
quienes protestaron, a veces con violencia, estos días. Campodónico tiene una
definición lapidaria: "Es un crecimiento apartheid".
Desde el Instituto de Estudios Peruanos, Julio Cotler dio otra opinión a
Clarín: "Hay zonas, al norte, de una expansión notable, incluido el empleo,
aunque es precario y mal pago. El nuevo modelo, que desarticula y claro que deja
gente afuera, entró con fuerza a Perú y lo que falta es un Estado, que aquí
siempre fue débil, que se adecue y haga reformas. Tiene ahora dinero pero no
instituciones ni técnicos capaces, y hay intereses corporativos (maestros,
médicos, jueces, cocaleros) y un sistema político faccioso que lo traba".
El sociólogo Francisco Durand apunta en cambio a la concentración en un centenar
de sociedades locales o extranjeras (banca, minería, energía, alimentos y
exportadores) que luego de apoyar campañas electorales dejan los gobiernos "en
buenas manos". El mejor ejemplo, dice, es el ministro de Economía Luiz Carranza,
ex economista del BBVA (Banco Francés en Argentina) y otros funcionarios de
diversos ministerios, "Producción, Transporte, Comunicaciones, Banco Central,
entes reguladores".
Lejos de ese mundo, en la calle la gente se queja del aumento del pan y el pollo
(aunque la inflación es muy baja) y de que, aunque tiene más trabajo (hay sólo
8,5% de desempleo, según la CEPAL), hay mucha precariedad y mala paga. "Si la
economía creció 28% en 4 años, el salario real está como en el año 2000. El
empleo sólo sube en firmas medianas y grandes, no en micro y pymes que emplean a
85% de la masa laboral", dice Campodónico. En esto Cotler coincide ("el ingreso
por habitante es igual a... ¡1974!"), pero apunta más a la incapacidad estatal
que a la concentración de la riqueza.
"García -agrega-se hizo más conservador, tras el desastre de su primera gestión
en los 80. Quiere copiar a Chile. Y no puede hacer mucho en materia fiscal para
distribuir más, pues hay contratos que vencen en 2009 y garantizan estabilidad
tributaria. La opción sería romper las reglas como hizo Evo Morales, pero
traería consecuencias graves".
El sistema impositivo es la base de la equidad. Como en Argentina, el IVA aquí
es alto (aunque menos, 19%, y es el que más recauda) y no se grava ninguna
renta financiera. A diferencia de Argentina, no hay retenciones a la
exportación. Y las mineras no pagan regalías sino un óbolo (impuesto voluntario)
que es ínfimo al lado de sus ganancias.
"García -afirma Campodónico-, se alió a la derecha confiando en que hasta 2011
seguirá el boom. Pero la minería tiene límites en la resistencia de comunidades
que frenan proyectos, y los agronegocios, otro pilar, dependen mucho de que se
apruebe el acuerdo comercial (TLC) con EE.UU., que está en dudas".