(IAR-Noticias) 02-Julio-07
Mientras el gobierno de
Brasil intensifica una ofensiva policial para combatir el narcotráfico en las "favelas"
cariocas, la población queda en medio del fuego cruzado y aporta el grueso de
las víctimas, denuncian organizaciones de derechos humanos.
Por Fabiana Frayssinet - IPS.
E n la favela (barrio marginal) conocida como la "Grota", una
de las tantas del Complexo do Alemão, en el norte de Río de Janeiro, impera la
ley del silencio.
Un día después de un operativo policial sin precedentes, que contó con la
participación de 1.350 efectivos de diversas fuerzas policiales, los vecinos
tienen miedo de hablar.
Por un lado, temen el poder de los narcotraficantes que imponen sus propias
leyes en estas favelas consideradas por ellos "territorios liberados". Son
barrios miserables a los que muchas veces el Estado no tiene acceso, ni con la
fuerza ostensible policial, ni con los supuestos beneficios estatales de salud,
vivienda, saneamiento.
Pero, además, los vecinos desconfían de la presencia de las tropas de la Fuerza
Nacional de Seguridad (FNS), un grupo de elite creado por el gobierno de Luiz
Inácio Lula da Silva para actuar en situaciones de crisis.
"Soy sordo, ciego y mudo", ironiza el zapatero Manuel quien, como todos los
entrevistados por IPS el jueves en la favela, no quieren dar su apellido.
Los pocos que se atreven a hablar prefieren no identificar el blanco de sus
críticas: ni los narcotraficantes, --"el movimiento", como los llaman los
habitantes de las favelas--, ni las fuerzas policiales. Optan por referirse a
una guerra sin nombres, pero con un escenario y protagonistas claros: su
comunidad.
"La población está casi acostumbrada a este clima de terror", dice Valdecir, que
camina con su novia por una callejuela rodeada por efectivos de la FNS apostados
en cada esquina.
"Todos los días esta tensión, todos los días tiros, todos los días muertos. Y
esto no acaba", agrega Valdecir que, como muchos jóvenes desempleados de las
favelas, al ser preguntado sobre su trabajo dice con vergüenza que se ocupa de
"servicios generales".
Fueron 19 los muertos en el operativo gigante del miércoles, en el que además
hubo nueve heridos, inclusive niños. Según denuncias que llegaron a la Orden de
Abogados de Brasil (OAB) de parte de los pobladores, 11 eran inocentes que no
tenían nada que ver con el narcotráfico.
Desde que comenzó la ocupación policial, el 2 de mayo, los muertos suman 44.
Unos 5.000 escolares se quedan sucesivamente sin clases en los alrededores, por
temor a los tiroteos o porque el narcotráfico establece el cierre de las
escuelas así como de los comercios del lugar.
João Tancredo, de la Comisión de Derechos Humanos de la OAB, dice que las
denuncias señalan que muchas de las víctimas fueron asesinadas a cuchilladas, en
ejecuciones extrajudiciales. El informe policial asegura que eran
narcotraficantes que murieron durante la operación por "armas de fuego".
"Para nosotros, los de la comunidad, el miedo es una cosa intensa", describe a
IPS Jean, un vendedor que pasea en un carrito a su bebé en un territorio de
guerra, como si fuera lo más normal del mundo.
A menos de tres metros, cuatro hombres de la FNS giran nerviosos sus fusiles
ante la mínima señal de que un sospechoso está cerca o cuando una camioneta "combi"
desciende por una callejuela escarpada del cerro.
"Miedo no tenemos, ya estamos casi acostumbrados", se contradice Jean, y se
aleja con el bebé en su carrito, pasando junto a los policías que revisan la
mochila de una adolescente que vuelve de la escuela.
El Complexo do Alemão incluye 21 favelas en las que viven unas 200.000 personas,
y es una de las zonas más violentas de Río de Janeiro. Según el gobierno,
concentra 40 por ciento de los crímenes de esta ciudad carioca.
En éstas y otras favelas de la ciudad, los habitantes "están a merced de un
estado paralelo", admitió el secretario de Seguridad del gobierno de Río, Jose
Mariano Beltrame, en entrevista con varios medios locales del grupo periodístico
Globo.
En los primeros días de ocupación, la policía incautó en los escondites de
difícil acceso de la favela arsenales del narcotráfico: desde 2.000 proyectiles
de calibres variados y explosivos, hasta ametralladoras antiaéreas.
Beltrame asegura que "99.9 por ciento de los habitantes del Complexo do Alemão
son "personas de bien, que no están de acuerdo con el narcotráfico", a las que
el gobierno de este sureño estado promete compensar con acciones sociales, "una
vez que la policía extirpe" el narcotráfico de esta región.
Pero las organizaciones de derechos humanos y las asociaciones de favelas
quieren invertir esa lógica: la presencia del Estado a través de programas
sociales debería estar antes de "una política de seguridad pública basada en la
confrontación que es criminalizadora de la pobreza", afirma un manifiesto
firmado por 14 entidades sociales, legislativas y de habitantes del Complexo do
Alemão.
"Enfrentar el combate al crimen organizado y al trafico de drogas en la lógica
de la guerra no tiene ningún impacto en la desarticulación del crimen. Mayores
enfrentamientos no son expresión de una política eficiente", agrega el
manifiesto al referirse al mega-operativo policial que contó hasta con tanques y
armas pesadas habitualmente utilizadas en las guerras tradicionales.
"Las policías más eficientes del mundo desarticulan redes criminales sin la
utilización de la violencia letal y sí con su capacidad de investigación",
agrega.
Pero las acciones en el Complexo do Alemão son apenas el comienzo, según anunció
el gobierno de Río. En la mira están otros cinco conjuntos de favelas, que serán
blanco de operativos similares.
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