La fabricante de
armas de electrochoque Taser International fue otra vez implicada en
muertes desencadenadas por el uso de sus pistolas aturdidoras, que
disparan descargas eléctricas. Sin embargo, estas seguirán siendo
usadas masivamente en esta ciudad.
Por
Am Johal
-
IPS
La compañía perdió esta semana su primera demanda
por responsabilidad de fabricación de un producto. Un tribunal le
ordenó pagar 6,2 millones de dólares tras la muerte de Robert Heston,
del occidental estado de California, sometido reiteradas veces a las
descargas de una de esas armas disparada por un agente de policía.
Las acciones de la firma cayeron 11 por ciento después de que la
Justicia dictaminó que la compañía era responsable por no haberle
alertado a la policía que la exposición prolongada al dispositivo
podía aumentar el riesgo de paro cardíaco. Taser se propone apelar
el fallo.
Estas pistolas, conocidas como "taser" o "stun guns", son armas de
incapacitación que administran una descarga eléctrica con poder para
interrumpir las funciones superficiales de los músculos.
"Fue una tragedia para la familia de Robert Heston, así como para
los policías", reza una declaración del vicepresidente y abogado de
Taser International, Doug Klint.
"Pero no sentimos que el veredicto se base en hechos, incluidos los
testimonios de especialistas de renombre que atestiguaron para
nosotros con pruebas científicas y médicas", alegó.
"Nuestro compromiso sigue siendo defender nuestros productos para
salvar vidas y respaldar a los agentes de la ley", subrayó Klint.
Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional
señalan desde hace tiempo que la mayoría de las muertes con tasers
se deben al uso múltiple o prolongado del arma contra la víctima.
A partir de 2001 hubo 300 muertes estudiadas por Amnistía causadas
por tasers. En un alto porcentaje se debieron a un uso prolongado y
múltiple del dispositivo.
En más de 20 casos, los investigadores atribuyeron a las propias
tasers la responsabilidad. En sólo 10 por ciento de los casos fue
culpa de la persona que empleó el arma en forma incorrecta.
"No hay que confiar en los científicos pagados por Taser
International", subrayó la directora del programa de derechos
humanos de la oficina local de Amnistía, Dalia Hashad.
"Hay una discusión científica abierta acerca de la seguridad de esos
dispositivos. Existe una cantidad desconocida en muchas áreas y es
necesario hacer más estudios antes de ponerlos a disposición de la
población. Tenemos que comenzar a discutir si la fuerza es necesaria
o no en situaciones específicas, en vez de si se usa un arma común o
una taser", sostuvo.
Fuerzas del orden de Estados Unidos y otros países están a favor de
ese dispositivo como forma de reducir el uso de armas de fuego en
enfrentamientos con sospechosos.
Esta semana murió un hombre de 26 años del distrito neoyorquino de
Brooklyn al ser contenido mediante un taser por agentes del
Departamento de Policía del condado de Suffolk, en esta ciudad.
"El hecho es una extraña coincidencia, justo cuando Nueva York se
dispone a emplear cientos de tasers sin la mínima intención de
entrenar y dar pautas estrictas fundamentales para evitar que muera
en Long Island tras recibir 50.000 voltios de electricidad", señaló
la directora ejecutiva de la Unión por las Libertades Civiles de
Nueva York (NYCLU), Donna Lieberman.
"Eso debería ser motivo suficiente para que el NYPD (Departamento de
Policía de Nueva York) interrumpa y difunda el mensaje de que esas
armas pueden ser mortales y susceptibles a abusos que pueden causar
la muerte", apuntó. "Hay antecedentes de abusos en todo el país,
publicidad engañosa y una tendencia a describir a los tasers como no
dañinos".
"Las tasers pueden ser una alternativa menos peligrosa, pero si se
las distribuye de forma masiva, se las considera una tecnología
segura y, de forma errónea, una opción no dañina, las consecuencias
serán aun más desastrosas en el futuro", añadió Lieberman.
El detective a cargo de la División Homicidios del Departamento de
Policía del Condado de Suffolk, Jack Fitzpatrick, dijo a IPS que se
realizaría una autopsia y un análisis de toxicología. Además,
informó que la persona detenida trataba de aspirar una bolsa con
cocaína. El hombre murió luego en el hospital.
Fitzpatrick añadió que no tenía pruebas de que se hubiera hecho un
uso excesivo de la taser, y dijo que desconocía las estadísticas
relacionadas con el ingreso o el origen étnico de las víctimas de
ese dispositivo.
La muerte ocurrió un día antes de que miles de oficiales de la
policía de Nueva York empezaran a usar masivamente las tasers. La
decisión de difundir el uso del arma se basó en una recomendación de
la Rand Corporation, que escribió un informe para el NYPD en enero.
"Un análisis de los casos de disparos de armas de fuego en el NYPD y
la experiencia de otras oficinas policiales sugiere que si el
Departamento tuviera una mayor cantidad de armas eficaces y menos
letales, como los dispositivos tasers, no sólo se hubiera evitado
que algunos incidentes terminaran en la muerte de una persona, sino
también se hubiera reducido la cantidad de policías y civiles
heridos, como sucedió en otras dependencias", señala el informe.
"Mientras el NYPD provee gas paralizante a todos sus oficiales de
patrulla y dispositivos taser a los supervisores en forma limitada,
los autores recomiendan que el Departamento implemente un programa
piloto que expanda la actual disponibilidad de las taser a todas las
patrullas en zonas seleccionadas", añade.
El informe fue duramente criticado por la NYCLU por no haber
recolectado información del público e ignorar aparentes disparidades
raciales en las prácticas del Departamento.
"Luego de que oficiales de policía dispararon 50 tiros contra el
(ciudadano) desarmado Sean Bell y otros dos hombres negros, el
comisionado (Ray) Kelly prometió un estudio cuidadoso e
independiente de las prácticas de la policía, dejando a la
neoyorquinos sin respuestas a muchas preguntas", señaló entonces en
un comunicado el director legal asociado de la NYCLU, Christopher
Dunn.
Un portavoz del secretario general de la Organización de las
Naciones Unidas dijo no estar al tanto de la proliferación del uso
de tasers a nivel mundial, pero señaló que las instituciones de
derechos humanos del foro mundial seguirían de cerca el tema.