Se trata de Afganistán, Chad, República
Democrática del Congo, Sri Lanka, Sudán y Uganda.
Una investigación del Centro de Información de Defensa (CDI, por sus
siglas en inglés), con sede en Washington, destacó que, aunque
frecuentemente los niños son reclutados a la fuerza por grupos
insurgentes, hay casos en que son empleados directamente por los
gobiernos o paramilitares con apoyo estatal.
En Chad, afirma el estudio, las fuerzas de seguridad utilizan niños
en sus fuerzas e imponen trabajos forzados tanto a infantes como a
adultos. Otros grupos armados también recurren a esta práctica.
Según el CDI, en República Democrática del Congo las unidades
militares del gobierno y los grupos armados continúan reclutando
niños. Asimismo señala que las autoridades no toman medidas contra
los comandantes que los emplean y que los acuerdos con las milicias
para desmovilizarlos no se cumplen.
En Sudán, agrega el informe, "hubo numerosos abusos graves, que
incluyeron el servicio militar forzoso de menores de edad y el
reclutamiento de niños soldados".
El problema es especialmente grave en la conflictiva occidental
provincia de Darfur. Aunque los grupos insurgentes son los que más
emplean a los niños, el CDI afirma que hay evidencias confiables
sobre su utilización por parte del gobierno y las milicias que
cuentan con su respaldo.
Los informes del CDI y el Departamento de Estado se conocen cuando
el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, está incrementando
fuertemente la ayuda militar como recompensa para los países que
cooperan en su "guerra contra el terrorismo", a pesar de la
inestabilidad política en esas naciones y las críticas de los
organismos de derechos humanos.
El CDI hizo referencia a las crecientes ventas de armas en los
últimos años a 25 naciones de África, Asia y Medio Oriente. En la
mitad de ellas, según el Departamento de Estado, hubo en 2006 serios
problemas en materia de derechos humanos.
El estudio demuestra que las ventas de armas de Estados Unidos, de
gobierno a gobierno, a esos 25 países, pasaron de 400 millones de
dólares en 2005 a 3.900 millones al año siguiente. Esta cifra
representa 22 por ciento de las ventas militares de Washington en
2007, que ascendieron a 18.000 millones de dólares.
"Estados Unidos está otorgando asistencia militar, en un nivel sin
precedentes, a países a los que simultáneamente critica por su falta
de respeto a los derechos humanos y, en algunos casos, por sus
cuestionables procesos democráticos", señaló el CDI.
"Aunque estos países son considerados actualmente importantes para
los esfuerzos de Washington en la 'guerra contra el terrorismo', su
inestabilidad política y militar hace que su lealtad en el futuro
resulte dudosa", agregó.
El incremento en la ayuda militar se debió en parte al levantamiento
de sanciones y restricciones contra ciertos países luego de los
ataques del 11 de septiembre de 2001 contra Nueva York y Washington.
Las ventas directas de las empresas estadounidenses fabricantes de
armas, supervisadas por el Departamento de Estado, se ubicaron por
sobre los 3.000 millones de dólares para esos países entre 2002 y
fines de 2006. En los cinco años previos a los atentados terroristas
habían sido de 72 millones de dólares.
Otro estudio, del no gubernamental Consorcio de Periodistas
Investigativos (ICIJ, por sus siglas en inglés), destacó que "la
influencia de los cabilderos extranjeros en el gobierno de Estados
Unidos, así como el énfasis estrecho de miras en el contraterrorismo
por sobre las preocupaciones en materia de derechos humanos, han
acarreado un alto costo económico y pérdida de capital político".
"Los acuerdos para proveer ayuda militar a gobiernos frecuentemente
corruptos y brutales han hecho retroceder el movimiento hacia el
respeto de los derechos humanos y la vigencia del estado de
derecho", señaló el ICIJ.
Joanne Mariner, directora del Programa de Terrorismo y
Contraterrorismo de la organización no gubernamental Human Rights
Watch, con sede en Nueva York, dijo a IPS estar preocupada "porque
la ayuda militar, en algunos casos, 'llueve' sobre gobiernos
represivos".
"Creemos que debería ser condicionada más cuidadosamente, para
asegurar que no se cometan abusos con financiamiento de Washington",
añadió.
El estudio del ICIJ indica que naciones que reciben asistencia
militar estadounidense han participado del procedimiento de
"entregas extraordinarias" (extraordinary renditions, en inglés),
por el cual se captura a sospechosos de terrorismo y se los traslada
ilegalmente a terceros países, conocidos por su empleo de la tortura
y otras prácticas inhumanas, para ser interrogados.
Datos confiables revelan que los vuelos de la CIA (Agencia Central
de Inteligencia) estadounidense, en los que se trasladaba a los
prisioneros, realizaron al menos 76 escalas en Azerbaiján, 72 en
Jordania, 61 en Egipto, 52 en Turkmenistán, 46 en Uzbekistán, 40 en
Iraq, 40 en Marruecos, 38 en Afganistán y 14 en Libia. La mayoría de
estos países reciben asistencia militar de Washington.
Luego de los ataques del 11 de septiembre en territorio
estadounidense, Pakistán se convirtió en uno de los mayores
receptores de la ayuda militar de Estados Unidos: alrededor de
10.000 millones de dólares, según informes.
La Comisión de Derechos Humanos de Pakistán denunció que la tortura
es una práctica habitual, que nadie ha sido castigado por
practicarla y que las detenciones ilegales se producen con
regularidad, sin que se informe sobre la mayoría de ellas.