Con toda razón los habitantes de Gaza temen por sus vidas después de que Israel
haya encerrado su territorio y prohibido la entrada de los productos necesarios
para purificar el agua contaminada, como el cloro. El agua que están obligados a
beber pone en peligro la salud de un millón y medio de personas. Les expone a
una muerte lenta ya que no es apropiada para el consumo
Ayer una madre de siete hijos de Jabalyia nos contaba su enorme preocupación al
no tener otra opción que seguir cocinando con agua contaminada por la
infiltración de las aguas residuales y que dársela a sus hijos para que bebieran
sabiendo que este agua, muy salada y contaminada, pone en grave peligro su
salud. «Nos duelen los riñones y el estómago, pero no tengo medios para comprar
agua mineral. Estamos obligados a beber este agua que es absolutamente
imbebible».
Esto viene de antiguo. En marzo de 2007 ya habíamos evocado este grave problema
del agua (2) y también en enero de 2008 al difundir este testimonio: «Desde hace
mucho tiempo ya no se garantiza el aprovisionamiento de agua ni tampoco la
evacuación de las aguas residuales, que dependen de su conexión a la red
eléctrica. Si no hay cambios, nos vamos a hundir de hoy a mañana. Nuestra
reserva de agua se ha agotado …Desde que Israel la bombardeó en 2006, la central
eléctrica sólo funciona al mínimo de su capacidad. Si no ocurre nada en las
próximas horas, nos vamos a morir de sed» (3).
Desde entonces la situación se ha deteriorado todavía más.
Las autoridades israelíes están haciendo todo lo posible para poner de rodillas
a este pueblo cuyo espíritu de resistencia les resulta insoportable, creando así
una catástrofe humanitaria al matarlos de hambre y dejarles sólo un poco de agua
contaminada.
En el mismo momento en que en Gaza niños y adultos están en peligro de morir por
enfermedades debidas al agua contaminada la sociedad EDEN SPRINGS, que
distribuye botellas de agua en muchos países europeos, advierte a su clientela
que «para funcionar adecuadamente nuestro cuerpo necesita menos de dos litros de
agua al día» y le propone comprar EDEN, «una agua fresca, pura e intacta ( …)
extraída naturalmente de una fuente seleccionada rigurosamente (…) perfectamente
equilibrada en magnesio y calcio» y aportar «los beneficios de su pureza para el
buen funcionamiento y bienestar del organismo» (4).
Ahora bien, resulta que una asociación escocesa de defensa de los derechos de
los palestinos (Scottish Palestine Solidarity Campaign) ha lanzado un
llamamiento al boicot contra la rama inglesa de esta sociedad, «Eden Springs UK
Ltd», porque «es propiedad y está controlada por Eden Springs Ltd/Mayanot Eden
(5), una compañía israelí culpable de graves violaciones del derecho
internacional. Eden Springs viola directamente los derechos humanos de los
habitantes del Golán sirio ocupado al robar sus recursos naturales, incluyendo
la tierra y el agua. La compañía Eden Springs se aprovecha directamente de la
explotación del agua del Golán» (6).
Este llamamiento subraya que la razón del boicot no es el origen del agua
distribuida en Reino Unido por Eden Springs, agua que no viene del Golán, sino
que «la cuestión principal (…) [son] las violaciones del derecho internacional
por parte de la compañía matriz Eden Springs Ltd/Mayanot Eden », basada en
Israel.