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Taller de capacitación a las comunidades en Venezuela |
La crisis financiera
mundial no amilana a los protagonistas de los proyectos comunitarios
de los más variados rincones de América Latina y el Caribe presentes
en la cuarta feria de innovación social de la Cepal, en esta noroccidental ciudad colombiana.
Por Darío Montero - IPS
Convencida al punto de derrochar optimismo en base
a su larga experiencia en la evaluación de planes de desarrollo
sustentable, la economista colombiana Norah Rey de Marulanda señaló
que los países de la región han aprendido la lección y no reducirán
el gasto público en áreas sociales, educación o salud. Al menos no
del modo drástico, como algunos pronostican.
Rey de Marulanda, integrante del Comité de Notables que evalúa los
proyectos sociales en concurso en esta feria de tres días en
Medellín, entiende que "la crisis mundial nos va a afectar, sin
dudas".
"La filantropía privada se va a reducir, porque las empresas van a
recortar fondos en función de las pérdidas de rentabilidad de sus
inversiones", agregó.
"Sin embargo, creo que no va a suceder lo mismo en el caso de las
organizaciones no gubernamentales que, por distintas vías, reciben
recursos de los gobiernos, como los europeos, pues ellos tienen un
presupuesto y obligaciones y no van a dejar de atenderlas", explicó.
En un aparte con IPS, la ex gerente de Áreas Sociales e Integración
del Banco Interamericano de Desarrollo manifestó su convicción de
que los gobiernos latinoamericanos serán mucho más cautos a la hora
de acortar gastos sociales, aunque algo bajen.
"Se ha aprendido de la crisis de los años 80", cuando sí se
recortaron los gastos públicos de modo importante, indicó. Es que,
"a diferencia de entonces, hoy hay en toda América Latina gobiernos
democráticos y aquí aparece un problema de gobernabilidad", sostuvo.
"Si sube la pobreza va a haber protestas" y esa presión social
funcionará como antídoto, "pues ya se ha visto que los gobiernos
pueden caer si no se atiende esa problemática". "Ésa es una de las
grandes ventajas de una democracia", puntualizó Rey de Marulanda.
"El problema sí puede estar en los países de la región que tienen ya
un gasto social por persona muy bajo, algunos están en 50 dólares al
año. Para empezar eso es insuficiente y, si le sacan 10 dólares, es
casi como desaparecer", sostuvo la experta.
En coincidencia con esa visión, la Cepal (Comisión Económica para
América Latina y el Caribe) aconseja, al igual que otros organismos
multilaterales, mantener el nivel de inversión social como hasta
ahora, pues "de lo contrario crecerá sustancialmente la pobreza otra
vez y en cinco o 10 años se agudizarán los problemas sociales y con
ello se afecta la gobernabilidad". Y muchas veces la primera defensa
a crisis como la actual, nacida en Estados Unidos, está en las
comunidades, por más aisladas que estén o sumidas en enormes
dificultades, con su creatividad y potencial de conjunto.
Como dijo la secretaria de la Comisión de Cepal, la estadounidense
Laura López, "los economistas no deben olvidar que hay soluciones
para estos problemas que vienen de las comunidades". A ello apuesta
este concurso de experiencias de innovación social, que la Cepal
lleva adelante desde 2004 con la estadounidense Fundación W. K.
Kellogg.
La respuesta ha sido fructífera tanto para los 12 proyectos
seleccionados como para los constantes visitantes desde el miércoles
a las instalaciones montadas en la plazoleta central de la
Universidad de Antioquia, elegida esta vez como escenario para que
protagonistas de base procedentes de ocho países de América Latina y
del Caribe expongan sus experiencias solidarias.
Desde una barriada popular de la región metropolitana de Chile,
hasta el agreste campo cubano, pasando por comunidades indígenas
colombianas y ecuatorianas y experiencias de trabajo con mujeres por
la igualdad de género, jóvenes en riesgo y proyecto de salud popular
están pugnando por una mayor visibilidad de sus esfuerzos de
superación.
En esta ocasión, los organizadores destacan la presencia de dos
proyectos caribeños y, en particular, uno de habla inglesa.
Como ocurre cada año, de estos 12 elegidos de un total de casi 900
propuestas se premiarán cinco proyectos con un aporte de dinero a
cargo de la Fundación W. K. Kellogg y apoyo de técnicos de la Cepal.
El proyecto que obtiene el primer premio recibe de la Fundación
30.000 dólares, el segundo 20.000, el tercero 15.000, el cuarto
10.000 y el quinto 5.000 dólares, mientras que la Cepal les brinda
apoyo técnico y respaldo institucional en sus realizaciones, evalúa
la marcha de los mismos y actúa como apoyo para las gestiones con
los gobiernos y otras entidades públicas.
Lo importante aquí no son precisamente los fondos, que ayudan,
claro, sino el respaldo que se recibe y la credibilidad que da la
evaluación positiva de parte de la agencia regional de la
Organización de las Naciones Unidas, como señaló a IPS uno de los
responsables del proyecto "Un techo para Chile", que trabaja en una
zona periférica de la región metropolitana de ese país.
"Buscamos un patrocinio (que dé cuenta) de nuestra seriedad, para
combatir creencias erróneas de que quienes trabajan con los sectores
más pobres se les permite hacer construcciones mediocres", apuntó.
Eso es lo que buscan en general los seleccionados para esta peculiar
competencia: hacerse visibles y, con ello, demostrar que las
soluciones a los problemas, por más graves que sean, cuando parten
desde los propios afectados, de la comunidad en que están insertos,
son más sustentables y ricos, según coinciden todos ellos.
Los beneficiarios de los planes en curso, además, no temen a las
crisis para confirmar la sustentabilidad de sus emprendimientos.
En el mismo sentido, aunque por su realidad también destaca el
aporte del dinero, se manifiesta el investigador agrícola y profesor
universitario cubano Nelson Valdez Rodríguez, delegado junto al
productor rural Agustín Pimentel, del proyecto de "Contribución a la
regulación ecológica de la pequeña propiedad rural", del Valle de
San Andrés, en la provincia de Pinar del Río.
"Llevamos adelante un grupo de medidas de carácter ecológico y
productivo para rescatar los niveles de producción de los
ecosistemas degradados, la diversidad biológica, la agrícola y
forestal y mejorar la calidad de vida de los campesinos
involucrados", explicó Valdez Rodríguez a IPS.
La experiencia cubana de desarrollo comunitario, considerada también
una innovación destacada en la feria, "ya lleva más de dos años y se
ha replicado en otros lugares del país, también en el área agrícola,
con muy buenas intervenciones del Estado como rector".
"La hemos llevado adelante prácticamente con el dinero de nuestros
bolsillos, de los investigadores y de los propios campesinos",
resalta el investigador a la hora de valorar el aporte económico,
junto al respaldo de Cepal.
Sin embargo, es necesario destacar que "esta iniciativa rompe con
un esquema, dado el caso de Cuba, con un Estado vertical donde todo
se hace sobre la orientación que viene a través del desarrollo
preconcebido, planificado".
"Están representado en el proyecto el cuerpo nacional de
guardabosques, la Junta Central Coordinadora del Plan Montaña, una
dependencia del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medioambiente, y
los campesinos del lugar, que han creado un ambiente participativo
donde todos ganan", precisó.
La idea de la asistencia universitaria es que los campesinos vayan
sumando, que caminen solos en el futuro con el proyecto.
Pimentel no ocultó que empezaron "muy mal", con este proyecto,
concebido originalmente para 10 familias y que hoy ya involucra a
unas 2.400.
"La experiencia en un principio no se comprendía y costó llevarla
adelante, pero ahora ya somos muy reconocidos, como lo indica el
hecho de que estemos aquí con una autorización del Estado", añadió
ante la consulta de IPS.
Este y todos los proyectos en competencia ya ganaron al llegar a
Medellín y no sólo para sí, como apuntan sus organizadores, sino
para mostrar y mostrarse entre ellos cómo las comunidades de lugares
muy distantes unas de otras muchas veces caminan en el mismo camino
de la superación a través del esfuerzo solidario y creativo.