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El
gobierno de Morales pide abstención |
Son dos provincias del norte que votan el domingo un polémico referéndum.
Por Pablo Stefanoni - Clarín
Calor extremo -el viernes transformado abruptamente en frío por el "surazo" (viento
sur), tierra roja y una calma sólo perturbada por el ruido de los centenares de mototaxis que queda fijado en los oídos son las primeras imágenes de esta región
de la Amazonia boliviana. Sin embargo, detrás del sosiego pueblerino de esta
ciudad del extremo norte del país, a escasos pasos de Brasil y a pocos
kilómetros de Perú, se desarrolla una verdadera guerra, casi invisible por los
pactos de silencio pero cruel: el enfrentamiento a tiros entre narcotraficantes
de Brasil, Bolivia y Perú en la "triple frontera" boliviana. Según documentó el
diario El Deber, once personas fueron asesinadas por sicarios motorizados, a
plena luz del día, en los últimos tres meses. "Este no, este tampoco", dijeron
los sicarios el pasado 17 de mayo hasta dar con su víctima en un local de
videojuegos y el desdichado recibió once disparos inmisericordes. El "padrino"
del negocio, recientemente detenido y apoyado por decenas de pandinos que
recibieron su ayuda, se dedicaba -según el lenguaje policial- al "volteo" de
narcos peruanos que llevan droga a Brasil. En lenguaje llano: a robarle la carga
-y eventualmente matarlos- para luego vendeer él mismo el botín.
Esta región aislada y despoblada -de sólo 70.000 habitantes- votará el domingo junto
con el vecino departamento de Beni si aprueba o no sus estatutos autonómicos.
Como ocurrió con la consulta de Santa Cruz, que lidera políticamente a esta
región amazónica, el gobierno adelantó que desconocerá los resultados del
referéndum. El oficialista Movimiento al Socialismo llamó a la abstención y Evo
Morales estuvo el viernes en Cobija para entregar ambulancias donadas por España. En
pueblos rurales como Filadelfia los campesinos bloqueaban las carreteras para
impedir el traslado de las urnas.
"¿Se imaginó estar alguna vez en Cobija"?, preguntó el gobernador y líder
pandino Leopoldo Fernández mientras atendía un llamado de radio Martí de Miami.
Ante la duda de este corresponsal agregó: "¿Vio? Este es un efecto de la
autonomía. Ahora existimos". Y tiene algo de razón: casi todos los periodistas
bolivianos consultados por Clarín están por primera vez en estos confines del
país.
"Hay dos escenarios: uno es que el gobierno permita que la autonomía ingrese en
la legalidad. Pero si eso no ocurre habrá un proceso revolucionario en paz. Y un
proceso revolucionario no se apega a la ley, por definición", explica en su casa
Fernández, que controla desde hace décadas la política local. Un chiste resume
su influencia: "Muchos lo creían el ministro más pobre del gabinete de Jorge
Tuto' Quiroga (2001-2002) hasta que se dieron cuenta de que el departamentito
que había declarado era Pando", bromean en el mundillo político.
Pando es uno de los grandes productores de castaña del mundo. No obstante, su
aporte al PBI nacional es de sólo el 1%, por lo que la economía pandina -al
menos la legal- sobrevive gracias a los aportes del Estado central. Por eso
Fernández aclara que "autonomía no es autarquía". Y esa debilidad financiera
explica la moderación detrás de las palabras: desde el propio gobierno reconocen
que el estatuto de Pando es más equilibrado que el que aprobaron en mayo los
cruceños.
A diferencia de Santa Cruz, además, Evo Morales tiene aquí una base de apoyo
ampliada con su alianza con el partido Movimiento Amazónico de Renovación (MAR)
de Miguel "Chiquitín" Becerra, que controla la alcaldía de Cobija, donde vive el
70% del padrón electoral. "Yo apoyo la autonomía pero no estos estatutos.
Personalmente me voy a abstener", le dijo a Clarín el alcalde Luis Flores al
concluir un acto en el que se mostró al lado de Evo Morales. Doce de los quince
alcaldes del departamento tomaron la misma decisión, lo que le da un condimento
de "contienda" a la elección de mañana. Como en Santa Cruz, los simpatizantes de
Morales no hicieron campaña por el No sino por el boicot. Y generó
susceptibilidades la llegada a Cobija de algunos camiones con militares.
A diferencia de lo ocurrido días atrás en Sucre -donde las violentas protestas
obligaron a suspender actos del día patrio- el viernes el presidente boliviano pudo
hablar sin incidentes en la avenida principal de Cobija. "Podrán tumbar al
indio, pero jamás podrán frenar a un pueblo que busca igualdad", dijo al
entregar cheques financiados por el gobierno venezolano en el marco del programa
"Bolivia cambia, Evo cumple". Y, aunque el mandatario boliviano no habló del
referéndum, el sonido de las sirenas de las flamantes ambulancias fue
interpretado como el cierre de la "campaña por la abstención".
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