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EUROPA  

 

Si la candidatura de Kiev a la alianza atlántica es aceptada, Moscú no renovará tratado de amistad

Ucrania en la OTAN: Rusia no piensa cruzarse de brazos

 
 

(IAR Noticias) 13-Septiembre-08

Víktor Yuschenko

El Kremlin ya ha advertido en todos los tonos que no permitirá que la Organización del Tratado del Atlántico Norte llegue a hasta sus fronteras y, tras el desafío georgiano, sus presiones sobre el Gobierno prooccidental ucraniano se han hecho más concretas.

Por Marie Jego - Le Monde / The New York Times Syndiccate

Tormentosas desde la llegada a la Presidencia de Ucrania del prooccidental Víktor Yuschenko, en 2004, las relaciones ruso-ucranianas están atoradas en varios puntos: la tarifa del gas ruso, que pasará de 179.50 dólares a 400 dólares los 1.000 metros cúbicos para el próximo año; la renovación del tratado de amistad; la deuda de Kiev con Moscú, que es de 1.300 millones de dólares; la cuestión de la retirada de la flota de Sebastopol (Crimea) y el acercamiento del país a la OTAN. Este último punto es el más delicado de todos.

Confirmada en la reunión cumbre de la alianza atlántica en Bucarest, en abril de este año, el ingreso de Ucrania en la organización es toda una pesadilla para los "hombres de charreteras" (ejército, servicios de seguridad, servicios secretos) que dominan a Rusia.

En cambio, la aspiración de Kiev de adherirse a la Unión Europea -con la que Ucrania firmó en 1994 un acuerdo de asociación y cooperación- es algo que causa menor indisposición en Moscú.

Amenazas y chantajes: el Kremlin dice estar "dispuesto a todo" para impedir la llegada de la OTAN a sus fronteras. Si la alianza atlántica implanta sus bases en territorio ucraniano, el hoy Primer Ministro, Vladimir Putin, ya no responderá de nada: "Da miedo decir, o tan solo pensar, que en respuesta, Rusia apuntaría sus misiles hacia Ucrania", amenazó Putin poco antes de la cumbre de la alianza.

Uno de los temores de la elite rusa en uniforme es ver que la OTAN se instale un día en la base de Sebastopol, en Crimea. Avanzada del imperio zarista en tiempos de Catalina la Grande, esta península que fuera república autónoma hasta que en 1954 Nikita Kruschev se la ofreció a Ucrania está habitada por numerosos rusófonos. Y ahí mismo es donde se encuentra estacionada la flota rusa del mar Negro.

Conforme al acuerdo firmado con Kiev, en 2017 la flota rusa deberá abandonar Sebastopol. Y en Moscú hay inquietud por lo que pueda venir después, pues Ucrania ya ha dejado en claro que no habrá renovación del acuerdo. Pero en Kiev se señala que, para empezar, no podría haber tropas de la OTAN, ya que la Constitución del país prohíbe el despliegue de tropas extranjeras en su territorio. Por lo demás, como le gusta decir al Presidente Víktor Yuschenko, "Ucrania es una nación soberana y tiene derecho a definir su propia política de seguridad".

"Esfera de influencia" rusa

Hostil a la mera idea de tener que retirar su flota de Sebastopol, Rusia emplea cuanto recurso imaginable para atizar las tensiones en la península de Crimea, donde 58% de la población es rusa.

A mediados de año, el alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, fue a Sebastopol a arengar a los "patriotas". Exigió con todas sus letras la restitución de la ciudad a Rusia.

Lejos de distanciarse del alcalde, el Ministerio ruso de Relaciones Exteriores declaró que su opinión coincidía "con la de la mayoría de los rusos" y no implicaba "ningún atentado a la soberanía de Ucrania".

Con una economía que va viento en popa, recibiendo mil millones de dólares al día por la venta de gas y de petróleo, Rusia quiere reafirmar su dominio en la zona postsoviética, formada por Estados que, según la visión de Moscú, gozan de una soberanía limitada.

La idea no es nueva y ya había sido expresada por Putin al margen de la cumbre de la OTAN: "Pero, ¿qué es Ucrania? ¡Ni siquiera un Estado! Parte de su territorio es la Europa central; la otra parte, la más importante, es la que nosotros le dimos".

Para a mayoría de los rusos, Ucrania, con su 30% de rusófonos, no ha sido nunca más que una "Rusia menor" y, según el adagio, Kiev es "la madre de las ciudades rusas".

Fue con la conquista de Ucrania como Rusia se convirtió finalmente en un imperio. Su pérdida, en caso de que logre su adhesión a la OTAN, pondría fin al sueño acariciado por Moscú de mantener una "esfera de influencia" en las regiones de su antiguo imperio.

Con los ojos en Sebastopol

Desde la intervención rusa en Georgia, todos los ojos se voltean ahora a Sebastopol. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar Rusia, que entrega pasaportes a los habitantes de la ciudad-guarnición? Entrevistado recientemente por la cadena estadounidense CNN, Putin quiso calmar las cosas señalando que desde hace tiempo los dos Estados han delimitado claramente sus fronteras.

Pero el tratado de amistad ruso-ucraniano, ratificado en 1998, llega a su fecha de caducidad en diciembre de 2008. En éste se reconoce a Ucrania en sus fronteras actuales y echa las bases de la cooperación bilateral.

Rusia ya lo advirtió: si la candidatura de Ucrania a la OTAN llegara a ser aceptada, no se prolongaría el tratado. La respuesta será dada en diciembre, cuando la alianza atlántica se reúna para decidir los pasos a seguir en el tema de la candidatura de Georgia y Ucrania.

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