El Kremlin ya ha advertido en
todos los tonos que no permitirá que la Organización del Tratado del
Atlántico Norte llegue a hasta sus fronteras y, tras el desafío georgiano,
sus presiones sobre el Gobierno prooccidental ucraniano se han hecho más
concretas.
Por Marie Jego
- Le Monde / The New York Times Syndiccate
Tormentosas desde la llegada a la Presidencia de Ucrania del prooccidental Víktor Yuschenko, en 2004, las relaciones ruso-ucranianas están atoradas en
varios puntos: la tarifa del gas ruso, que pasará de 179.50 dólares a 400
dólares los 1.000 metros cúbicos para el próximo año; la renovación del tratado
de amistad; la deuda de Kiev con Moscú, que es de 1.300 millones de dólares; la
cuestión de la retirada de la flota de Sebastopol (Crimea) y el acercamiento del
país a la OTAN. Este último punto es el más delicado de todos.
Confirmada en la reunión cumbre de la alianza atlántica en Bucarest, en abril
de este año, el ingreso de Ucrania en la organización es toda una pesadilla para
los "hombres de charreteras" (ejército, servicios de seguridad, servicios
secretos) que dominan a Rusia.
En cambio, la aspiración de Kiev de adherirse a la Unión Europea -con la que
Ucrania firmó en 1994 un acuerdo de asociación y cooperación- es algo que causa
menor indisposición en Moscú.
Amenazas y chantajes: el Kremlin dice estar "dispuesto a todo" para impedir
la llegada de la OTAN a sus fronteras. Si la alianza atlántica implanta sus
bases en territorio ucraniano, el hoy Primer Ministro, Vladimir Putin, ya no
responderá de nada: "Da miedo decir, o tan solo pensar, que en respuesta, Rusia
apuntaría sus misiles hacia Ucrania", amenazó Putin poco antes de la cumbre de
la alianza.
Uno de los temores de la elite rusa en uniforme es ver que la OTAN se instale
un día en la base de Sebastopol, en Crimea. Avanzada del imperio zarista en
tiempos de Catalina la Grande, esta península que fuera república autónoma hasta
que en 1954 Nikita Kruschev se la ofreció a Ucrania está habitada por numerosos
rusófonos. Y ahí mismo es donde se encuentra estacionada la flota rusa del mar
Negro.
Conforme al acuerdo firmado con Kiev, en 2017 la flota rusa deberá abandonar
Sebastopol. Y en Moscú hay inquietud por lo que pueda venir después, pues
Ucrania ya ha dejado en claro que no habrá renovación del acuerdo. Pero en Kiev
se señala que, para empezar, no podría haber tropas de la OTAN, ya que la
Constitución del país prohíbe el despliegue de tropas extranjeras en su
territorio. Por lo demás, como le gusta decir al Presidente Víktor Yuschenko,
"Ucrania es una nación soberana y tiene derecho a definir su propia política de
seguridad".
"Esfera de influencia"
rusa
Hostil a la mera idea de tener que retirar su flota de Sebastopol, Rusia
emplea cuanto recurso imaginable para atizar las tensiones en la península de
Crimea, donde 58% de la población es rusa.
A mediados de año, el alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, fue a Sebastopol a
arengar a los "patriotas". Exigió con todas sus letras la restitución de la
ciudad a Rusia.
Lejos de distanciarse del alcalde, el Ministerio ruso de Relaciones
Exteriores declaró que su opinión coincidía "con la de la mayoría de los rusos"
y no implicaba "ningún atentado a la soberanía de Ucrania".
Con una economía que va viento en popa, recibiendo mil millones de dólares al
día por la venta de gas y de petróleo, Rusia quiere reafirmar su dominio en la
zona postsoviética, formada por Estados que, según la visión de Moscú, gozan de
una soberanía limitada.
La idea no es nueva y ya había sido expresada por Putin al margen de la
cumbre de la OTAN: "Pero, ¿qué es Ucrania? ¡Ni siquiera un Estado! Parte de su
territorio es la Europa central; la otra parte, la más importante, es la que
nosotros le dimos".
Para a mayoría de los rusos,
Ucrania, con su 30% de rusófonos, no ha sido nunca más que una "Rusia menor"
y, según el adagio, Kiev es "la madre de las ciudades rusas".
Fue con la conquista de Ucrania como Rusia se convirtió finalmente en un
imperio. Su pérdida, en caso de que logre su adhesión a la OTAN, pondría fin
al sueño acariciado por Moscú de mantener una "esfera de influencia" en las
regiones de su antiguo imperio.
Con los ojos en
Sebastopol
Desde la intervención rusa en Georgia, todos los ojos se voltean ahora a
Sebastopol. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar Rusia, que entrega
pasaportes a los habitantes de la ciudad-guarnición? Entrevistado
recientemente por la cadena estadounidense CNN, Putin quiso calmar las cosas
señalando que desde hace tiempo los dos Estados han delimitado claramente
sus fronteras.
Pero el tratado de amistad ruso-ucraniano, ratificado en 1998, llega a su
fecha de caducidad en diciembre de 2008. En éste se reconoce a Ucrania en
sus fronteras actuales y echa las bases de la cooperación bilateral.
Rusia ya lo advirtió: si la candidatura de Ucrania a la OTAN llegara a
ser aceptada, no se prolongaría el tratado. La respuesta será dada en
diciembre, cuando la alianza atlántica se reúna para decidir los pasos a
seguir en el tema de la candidatura de Georgia y Ucrania.