a situación en
Irak no es idílica, pero es muy buena", dijo el martes 18 a
la cadena de radio británica BBC Aznar, que gobernó España entre 1996 y
2004.
El respaldo brindado por este país europeo a la invasión encabezada por
Estados Unidos no contó entonces con la aprobación del Congreso de los
Diputados, y fue objeto de protestas en las que participaron millones de
personas.
Aunque carecía del aval del Consejo de Seguridad de la ONU, la guerra
se tornó inevitable el 13 de marzo de 2003, una semana antes de iniciada,
cuando anunciaron su decisión en ese sentido el presidente estadounidense
George W. Bush, el entonces primer ministro británico Tony Blair y Aznar,
reunidos en las portuguesas Islas Azores. "Albergábamos la convicción muy
seria de que teníamos razón, de que actuábamos en beneficio de mucha
gente, de que teníamos que adoptar una decisión muy difícil, pero era
nuestra responsabilidad", dijo Aznar.
De plantearse hoy la misma situación, "actuaría de igual modo", aseguró
el ex presidente español.
Según Aznar, gracias a la invasión y a la guerra, la población de
Irak
puede hoy "participar en elecciones, puede hablar libremente, hay libertad
en el país y existe la posibilidad de establecer una democracia, porque
hay más seguridad".
"Aunque fue un momento muy difícil para mí, mi convicción, mi
conciencia y mi mente están limpias", sostuvo
Estas declaraciones, coincidentes con otras de Bush al respecto --para
quien "la guerra de Irak fue noble, justa y necesaria"--, cayeron como un
jarro de agua fría sobre el sector centrista del PP, cada día más exiguo y
marginado dentro del partido.
El PP, que el ex jefe de gobierno lideró y del que es presidente
honorario, sufrió el 9 de este mes su segunda derrota electoral
consecutiva.
"Siempre que el PP trata de recuperar el centro perdido, Aznar dice o
hace algo que resta credibilidad a nuestros sinceros deseos", expresaron a
IPS fuentes próximas al alcalde de Madrid Alberto Ruiz Gallardón, defensor
dentro del partido de un viraje al centro.
Dada la tensión interna por la derrota electoral, estas fuentes
prefirieron no ser identificadas.
La diputada del PP de Cataluña Monserrat Negrera, partidaria de una
reforma interna "urgente, amplia y profunda" que apuntale al sector
centrista, calificó al ex presidente de "jarrón chino muy valioso",
aludiendo a su supuesta inutilidad más allá de lo decorativo.
Aznar preside la poderosa Fundación FAES, del PP, que moviliza grandes
fondos y realiza actos culturales y políticos dentro y fuera de España,
algunos de ellos en la estadounidense Universidad de Georgetown, donde él
mismo y sus colaboradores más próximos suelen dar conferencias.
Negrera advirtió que el PP precisa una "renovación total" que incluya
apartar de la dirección a su secretario general, Ángel Acebes, al portavoz
de su grupo parlamentario, Eduardo Zaplana, y al candidato a presidente
del gobierno, Mariano Rajoy, así como asignar a Aznar otro papel dentro
del partido.
El ala centrista del PP tuvo hasta el año pasado presencia destacada en
Cataluña, bajo el liderazgo del ex ministro de Industria y ex canciller
Joseph Piqué, quien abandonó entonces la política y el partido al ser
derrotado por el sector más conservador y reticente a la autonomía de esa
región.
Las declaraciones de Aznar sorprenden a pocos en España, aunque fueron
más lejos que otras anteriores en su identificación con Bush y con su
"guerra contra el terrorismo".
El hoy ex presidente español se ha mostrado siempre convencido de que
la guerra era imprescindible para acabar con el régimen del presidente de
Irak Saddam Husseim (1978-2003), ejecutado en la horca en diciembre de
2006, y para frenar el terrorismo internacional de origen árabe e
islamista, que, según él, tenía allí su origen y sede.
Solo una vez admitió la posibilidad de haberse equivocado, en relación
con la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, uno de los
principales pretextos para justificar la guerra.
A cinco años de la invasión, los ocupantes no han constatado la
existencia de tales arsenales ni de programas para desarrollarlos.
Inspectores de armas de la ONU (Organización de las Naciones Unidas)
habían desacreditado antes de la guerra las versiones estadounidenses.
Aznar reafirmó que "la guerra era necesaria", a pesar de que por su
causa, según cálculos independientes, murieron entre 600.000 y un millón
de iraquíes y 4,5 millones debieron abandonar sus hogares.
Cuarenta por ciento de la población de
Irak está sumida en la pobreza y
28 por ciento de los niños y niñas sufren desnutrición. La ocupación no
logró instaurar la seguridad en el país ni acabar con el caos en el
aparato del Estado.
En estos días se realizan protestas en numerosas ciudades españolas
contra la situación que vive Irak, y para recordar al camarógrafo español
José Couso, muerto por la artillería de un tanque estadounidense en abril
de 2003, cuando cubría la llegada de los invasores a Bagdad desde un
balcón del Hotel Palestina.