El dólar se hunde en los abismos de los mercados
internacionales, mientras el barril, el oro y la inquietud financiera se
disparan. ¿Y qué acuerdan, entretanto, los jefes de Estado y de Gobierno de
la segunda potencia económica del mundo? La "flexiguridad", la Estrategia de
Lisboa y la libertad de movimiento de los científicos.
"Tenemos que aceptar los límites naturales de lo que pueden hacer los líderes
políticos... No tenemos una solución mágica --ni nosotros ni
ningún otro-- a la inestabilidad financiera", explicó José Manuel Durão Barroso,
presidente de la Comisión Europea. "Asumamos nuestra relatividad en esto",
comentó el portugués en un desayuno con un grupo de reporteros europeos. Barroso
confió en que los líderes tuvieran "un poco de tiempo" para tratar las últimas
turbulencias financieras.
Pese a que la cumbre de primavera de los Veintisiete se dedica
tradicionalmente a los debates económicos, los líderes concentraron la mayor
parte de su esfuerzos en la renovación del plan a largo plazo para
mejorar la competitividad europea --un cúmulo de objetivos y buenas
intenciones que prometió, en 2000, que la UE sería en 2010 la economía líder del
mundo basada en el conocimiento-- y en la discusión poco fructífera para
separar los conglomerados eléctricos.
La creación de un mercado único de la energía y la estrategia común frente al
poder ruso está en peligro, como subrayó algún líder de Europa oriental en la
cena del jueves, mientras Alemania y Francia se siguen resistiendo a
liberalizar del todo su sector y aceptar nuevas normas europeas para
introducir más competencia con la separación de la generación de electricidad y
su transporte.
De hecho, el retraso de la división de los conglomerados, que hasta ha
aplicado voluntariamente la compañía germana E.ON en contra de la posición de su
Gobierno, pone en riesgo una de las pocas recetas que recomienda la UE en su
declaración conjunta para hacer frente a la inestabilidad de los mercados.
Dotar a los mercados de transparencia
Como mucho, los europeos sólo piden un objetivo difícil, sin medidas
concretas: la transparencia. Justamente, la raíz de la crisis crediticia es la
opacidad de los bonos vendidos en EEUU, que, a través de complicados
instrumentos financieros, contienen paquetes de"hipotecas basura"
--provenientes de deudores poco fiables o con poca historia crediticia-- junto a
acciones de empresas perfectamente sanas.
"Con el fin de garantizar una mayor estabilidad de los mercados financieros,
es necesario también adoptar medidas destinadas a dotarlos de una mayor
transparencia y consolidar su funcionamiento así como a mejorar el marco de
reglamentación y vigilancia a escala nacional, de la UE y mundial", dice el
documento acordado por los Veintisiete, que, aún así, no proponen
ninguna acción concret.
Por ejemplo, el mayor control de los fondos soberanos, los
medios de inversión de los Estados en compañías extranjeras, se limita a un
posible código de conducta que está elaborando el Fondo
Monetario Internacional (FMI). Algunos europeos insisten en que, en realidad, no
se pueden cerrar ahora a la inversión internacional por la escasez de recursos
dentro de la UE.
Sobre la inflación, que ya ha alcanzado el 4,4% en España y
un 3,3% en la zona euro en febrero, la declaración señala la obviedad de que
se debe a las alzas de los precios de los alimentos y del petróleo
e invita a los gobiernos a que estudien las causas y apliquen "políticas" para
evitar "posibles limitaciones de abastecimiento". En cualquier caso, los
gobiernos deben huir de las medidas "distorsionadoras que impidan a los agentes
económicos introducir los ajustes oportunos".
Las iniciativas de Sarkozy
Los líderes europeos se resistieron, en cambio, a discutir las alzas del euro
--o más bien, el desplome del dólar-- poor el miedo alemán a que el debate acabe en
otra petición del presidente francés, Nicolas Sarkozy, de que los
gobiernos intervengan más en las decisiones del Banco Central Europeo
(BCE).
"Éste es un tema serio, pero no nos involucraremos en sus detalles durante
esta reunión", anunció el primer ministro esloveno, Janez Jansa, cuyo país
preside la UE hasta julio. Jean-Claude Juncker, el luxemburgués líder del
Eurogrupo, comentó que, pese a la preocupación por las exportaciones europeas,
no es necesaria una reacción "hiperactiva".
Según Barroso, ya hay contactos "adecuados" entre los líderes políticos y la
autoridades monetarias, pero el presidente francés insiste en que la opinión de
los miembros de la moneda única debe ser tenida más en cuenta por ejemplo a la
hora de bajar los tipos de interés para que se deprecie el euro, cosa ahora poco
previsible.
"El BCE parece sentir que la mayor amenaza para el equilibrio de la economía
es la inflación. Esperamos que la inflación está por encima del 3% durante los
próximos meses antes de retroceder gradualmente. En este contexto, es
poco probable que el BCE baje los tipos pronto", asegura Pierre Delage,
economista de la Universidad de Oxford.
Aún así,"Sarko" insiste en convocar este verano, cuando empiece su turno
como presidente de la UE, una cumbre extraordinaria con los líderes de los 15
países de la zona euro.