Un alto jefe militar de Estados Unidos
censuró los ataques aéreos contra objetivos de la milicia islamista
Talibán en Afganistán a principios de 2004. Pero el gobierno de
George W. Bush persistió con esos operativos.
Por Gareth Porter
(*) -
IPS
El teniente general David Barno, hoy retirado,
advirtió entonces que los bombardeos volcarían a la población en
contra de la presencia de las tropas estadounidenses. Y eso fue lo
que sucedió, en definitiva.
Barno comandó desde octubre de 2003 hasta mediados de 2005 a las
fuerzas de la coalición occidental liderada por Estados Unidos que
invadió Afganistán en 2001. El general recordó en una entrevista
periodística que él mismo ordenó la suspensión de ese tipo de
ataques a principios de 2004.
Aclaró, sin embargo, que su orden no incluía al apoyo aéreo a tropas
de tierra que hubieran entrado en combate directo con los
combatientes talibanes.
Barno, actual director del Centro para Estudios Estratégicos sobre
Medio Oriente y Asia Meridional de la Universidad Nacional de
Defensa, explicó que dispuso el fin de los ataques aéreos
programados porque las bajas civiles que provocaban socavaban la
tolerancia de los afganos con la presencia militar estadounidense en
su país.
La voluntad de la población local en aceptar a las tropas invasoras
era un "capital" que Estados Unidos "gastaba demasiado rápido cada
vez que provocábamos bajas civiles por nuestro uso del poder aéreo o
arrestábamos a alguien en presencia de su familia", recordó el
militar.
Cuando Barno dejó de ser comandante de la coalición occidental en
2005 se reanudaron los ataques aéreos con el objetivo de matar a
líderes talibanes o de la organización extremista Al Qaeda. La misma
táctica ha sido empleada en las áreas limítrofes de Pakistán con
Afganistán.
Los aviones de Estados Unidos sólo cumplieron 86 misiones de
bombardeo en Afganistán durante 2004, pero ese total se elevó a casi
3.000 en 2007, según cifras del Departamento (ministerio) de Defensa
de ese país.
Ese crecimiento exponencial continuó en 2008. Sólo en junio y julio,
los aviones estadounidenses dejaron caer sobre Afganistán más de
272.000 kilogramos de bombas, prácticamente equivalentes al total de
todo el año 2006, según Marc Gerlasco, de la organización de
derechos humanos Human Rights Watch, con sede en Nueva York.
El peor caso de muertes civiles se produjo el 22 de agosto en la
aldea de Azizabad, en la provincia de Herat, donde perdieron la vida
unas 95 personas, incluidos 50 niños y 19 mujeres, según líderes
locales y funcionarios del gobierno afgano.
El bombardeo fue el resultado de información de inteligencia según
la cual un comandante talibán se encontraba en la aldea.
Ese caso se sumó a otros dos en Afganistán oriental a principios de
julio, en los que murieron 69 civiles, entre ellos 47 que se
dirigían a una boda.
Los sucesores de Barno justifican esta táctica por el escaso número
de tropas de tierra en Afganistán. En mayo de 2007, un oficial
estadounidense declaró al diario The New York Times que "sin el
poder aéreo necesitaríamos centenares de miles de soldados".
Por su parte, Barno recordó que una de las razones fundamentales por
las que puso fin a las misiones de bombardeo fue la naturaleza
tribal de la sociedad afgana. "Cada vez que se provocan bajas
civiles, se está matando a miembros de una tribu y expandiendo un
círculo de venganza", afirmó.
En su opinión, agregó, el empleo del poder aéreo no constituye una
alternativa efectiva para debilitar la organización político-militar
de los talibanes. Además, la información de inteligencia sobre los
blancos "frecuentemente resultó ser completamente errónea".
La escasa confiabilidad de las fuentes humanas fue subrayada por la
muerte de los 95 civiles en el bombardeo a Azizabad.
Los líderes de la aldea declararon que Estados Unidos había obtenido
la información sobre la supuesta presencia de un comandante talibán
de un miembro de la tribu que, ocho meses atrás, había matado a un
líder rival, informó el diario The New York Times.
La mayoría de los civiles que perdieron la vida habían viajado a la
aldea para una ceremonia en honor del hombre asesinado, según el
periódico estadounidense.
Los ancianos de la aldea, al igual que la policía y el servicio de
inteligencia afganos, señalaron que ni un solo miembro de la milicia
Talibán cayó en el ataque.
Barno señaló que aún en el caso de que comandantes talibanes hayan
muerto en los ataques aéreos, la capacidad de la organización no se
ha visto limitada significativamente. "Es más como una estrella de
mar que como una araña. Incluso si se mata a los líderes, con la
excepción de los más altos, son rápidamente reemplazados", afirmó.
"Durante mi servicio en Afganistán, me preocupaba mucho el hecho de
que, si matar a comandantes talibanes producía bajas civiles, el
beneficio táctico no compensaría el daño estratégico a nuestra
causa", agregó.
Aunque Barno cree que su punto de vista es aún válido en la
actualidad, caracterizada por un notable incremento en el poder de
los talibanes, se niega a poner en juicio las decisiones de los
comandantes militares que optaron por una estrategia diferente a la
que él aplicó.
Sin embargo, considera que las fuerzas de Estados Unidos y la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) deben dedicarse
a proteger a la población afgana, a la que caracteriza como el
"centro" de todos los esfuerzos.
En un artículo que publicó en la revista especializada Military
Review, Barno observó que las tácticas militares estadounidenses y
de la OTAN "parecen transmitir la creencia de que el centro de
gravedad ya no es (proteger a) la población afgana y su seguridad,
sino (acabar con) el enemigo".
Esos cambios, advirtió, "no auguran un buen futuro para nuestros
objetivos políticos en Afganistán".
El militar apoya un incremento del número de tropas en Afganistán,
pero admite que eso no implicaría necesariamente una reducción en el
número de incursiones aéreas, al menos en el corto plazo.
"Cuando se cuenta con esa herramienta existe la tendencia a usarla,
aunque ponga en riesgo los intereses estratégicos", señaló Barno.
Un artículo publicado el domingo 19 por The New York Times informó
que existe una nueva directiva del comandante estadounidense en
Afganistán, general David McKiernan, para aplicar la política de
ataques aéreos que emplea la OTAN, más restrictiva.
Sin embargo, los nuevos lineamientos no deberán ser observados por
las fuerzas especiales estadounidenses, agregó el diario. Según
informes, ese grupo de elite estuvo involucrado en muchos de los
casos de muertes civiles.
Además, según el artículo, mientras se implementaba la nueva
directiva hubo otro ataque aéreo en el que murieron entre 25 y 30
civiles, la mayoría mujeres y niños, según fuentes afganas. The New
York Times señaló que el comando de la OTAN dijo que el caso sería
investigado.