poco más de dos meses
de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing, Tenzin Gyatso,
conocido también como el Dalai Lama, se refiere al reciente levantamiento de
los tibetanos contra las autoridades chinas y a las posibilidades de un
diálogo constructivo con Beijing.¿Ha recibido ya su invitación a
la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos?
Los chinos han preferido una opción diferente: no invitarme, sino excluirme.
Y culparme. Recién ayer, el "Tibet Daily" de Lhasa escribió duras palabras
sobre mí, nuevamente. Allí, sus colegas periodistas son muy inventivos.
Algunas expresiones de las últimas semanas fueron criminal,
traidor, separatista y además, de parte del jefe del PC de la Región
Autónoma del Tíbet, "un lobo en hábitos de monje, un demonio con rostro
humano pero con el corazón de una bestia". ¿Le duelen estos apelativos?
No, para nada... No son más que palabras vacías. Si el uso de este tipo de
lenguaje para describirme hace felices a los funcionarios chinos, debieran
seguir con él. También entregaré con gusto una muestra de sangre para que
los científicos determinen si soy un hombre o una bestia. Pero lo que sí
condeno completamente y considero una grave violación de los derechos
humanos es que las autoridades chinas obliguen a los tibetanos a envilecerme
y amenacen para denunciarme por escrito.
Beijing admite este enfoque, llamándolo una "campaña de educación
patriótica".
Lo que, en verdad, es una violación de la libertad religiosa y, por ende, de
las leyes de la República Popular.
Pese a calificarlo así, el liderazgo político chino ha hecho
aperturas hacia usted. ¿Esto le hace sentido? ¿Siente usted que los líderes
del PC creen de verdad que usted ha agitado al pueblo en Lhasa o los ha
incitado a la violencia?
No sé si lo creen, pero si lo hacen, quizá debieran ir a Oslo a recibir el
Premio Nobel de la Paz en lugar mío. No, por supuesto que estoy comprometido
con la no violencia, lo he estado toda mi vida y siempre lo estaré.
Usted no puede negar que, además de las manifestaciones pacíficas
de los monjes, brutalmente reprimidas, los jóvenes tibetanos de Lhasa han
sido también culpables de saqueos e incendios.
Supongo que así fue. Lo condeno y me entristece ver a mis compatriotas
actuar de esta manera, pese a que fue casi con certeza el resultado de una
desilusión y una desesperanza profundamente arraigadas por ser ciudadanos de
segunda clase en su propio país. Pero esto no es excusa para la violencia.
He propuesto una investigación internacional de los sucesos del Tíbet, a
cargo de una institución reconocida e independiente. Pero una cosa es
segura: fueron en su mayoría tibetanos inocentes los que sufrieron la
brutalidad de la policía y los militares. Pero también nosotros carecemos de
un cuadro completo y detallado de lo que ocurrió y sigue ocurriendo en el
Tíbet.
¿De dónde obtiene su información?
Tenemos poca información exclusiva: la ocasional llamada por un teléfono
celular o algún e-mail. Estos nuevos medios están fuertemente censurados,
pero es difícil para Beijing tenerlos bajo completo control.
¿Cuál fue su reacción con los primeros informes de las
atrocidades y las imágenes de los muertos?
Lloré. Estaba con el primer ministro de nuestro gobierno en el exilio y
ambos derramamos lágrimas. Tanto sufrimiento, tanta desesperanza. Me sentí
triste, profundamente triste.
¿No sintió ira?
A veces se escapa una palabra iracunda, lo que es malo. Pero no, la ira me
es ajena, porque significa querer dañar a alguien. Mi fe me ayuda a superar
esas emociones tan negativas y a encontrar mi equilibrio. Cada uno de mis
rituales budistas es parte de un proceso de dar y tomar. Recibo desconfianza
china y devuelvo compasión. Debo admitir que no siempre ha sido fácil para
mí en las semanas recientes.
¿Ha rezado también por los chinos, incluyendo los perpetradores?
Pese a todos los temores y las preocupaciones, estoy en paz con mi
subconsciente, por lo que puedo desempeñar mis deberes con bastante
normalidad. No tengo problemas para dormir. Quizás esto se debe a que rezo
también por los chinos, por supuesto. Por su liderazgo. Y también por los
que tienen sangre en sus manos.
Usted no sólo está rezando por los chinos; también está
negociando con ellos, a través de dos representantes que vinieron a
Dharamsala a entregarle su informe de las conversaciones que sostuvieron con
negociadores chinos en Shenzhen. ¿Cuál es su evaluación de la reunión?
Durante este encuentro informal de un día, mis dos enviados y sus
contrapartes chinas acordaron realizar una séptima ronda de conversaciones
formales lo antes posible. En los próximos días se fijará una fecha, tras
consultas mutuas. En el encuentro hubo diferencias considerables respecto de
la causa y la naturaleza de la reciente perturbación en el Tíbet. Pero pese
a sus puntos de vista divergentes, ambas partes mostraron disposición a un
enfoque común para superar los problemas.
Esto suena más a una discusión sobre procedimiento.
En este espíritu, las dos partes plantearon propuestas concretas que pueden
servir de base para la próxima ronda de conversaciones formales.
¿Es eso un avance?
Debemos buscar la verdad en los hechos, como con razón le gustaba decir a
Deng Xiaoping. En cualquier caso, esta vez el ambiente fue agradable. La
otra parte asumió una actitud respetuosa y no agresiva. Pero esto todavía
está lejos de ser un paso adelante. La reunión en Shenzhen fue sólo un
diálogo, pero al menos la parte china, por primera vez, buscó este
acercamiento con anticipación y lo anunció en la prensa.
Muchos suponen que Beijing hizo la oferta de diálogo sólo por
razones tácticas, para detener las críticas y realizar las Olimpiadas sin
protestas. Y para poder decir a los líderes occidentales: vean, estamos
negociando. ¿Está usted siendo engatusado por el liderazgo del PC?
Conversar por conversar es inconducente. Sólo me interesan discusiones
serias, que aborden la esencia de los problemas; son bienvenidas y sin
precondiciones. Pero se deben llevar de una manera transparente. Ya está
bueno de conversaciones a puertas cerradas. Por supuesto, la presión
internacional sobre Beijing ha tenido efecto. El mundo entero debe
ayudarnos. Los chinos están muy preocupados por su reputación internacional.
¿Y qué quiere usted, específicamente, de China?
Los chinos deben admitir que hay un problema tibetano. Se supone que este es
el foco de las nuevas conversaciones. Esta vez, las protestas no sólo
afectaron a Lhasa y la llamada Región Autónoma del Tíbet; abarcaron todas
las partes de habla tibetana de China. Hasta los estudiantes tibetanos en
Beijing se manifestaron. El abrumador y completo rechazo al Gobierno del PC
y sus políticas no puede ser ignorado. Beijing debe saber que algo ha andado
terriblemente mal en los últimos 50 años.
¿Qué?
Todo lo que han intentado. La opresión y la tortura no hicieron ningún bien
en el Tíbet, y la reeducación política ha fracasado. El adoctrinamiento
político y el reasentamiento de más y más inmigrantes de la etnia china Han
en el Tíbet no lograron amordazar a los tibetanos. Entonces, los líderes del
PC intentaron programas para mejorar el nivel de vida e inyectaron dinero en
proyectos de infraestructura, sólo para descubrir que los tibetanos
valoraban mucho más su independencia cultural y su espiritualidad. Después
de años de opresión, los tibetanos simplemente ya no confían en los chinos.
Ahora, la gente en el poder en Beijing, esos nueve miembros del Politburó
cuyas decisiones afectan a 1.300 millones de personas, está en una
encrucijada. Espero que opten por una nueva política, una política realista.
¿Ve soluciones potenciales? ¿En qué dirección piensa que irá
Beijing?
Nuestra política de autonomía amplia para el Tíbet ofrece las mejores
posibilidades. Los tibetanos deben tener la capacidad de decidir en todos
los temas relativos a la cultura, la religión y el medio ambiente. Esto es
muy diferente a ser un Estado independiente. Bajo el derecho internacional,
este nuevo Tíbet también sería parte de la República Popular China, que
seguiría a cargo de la política exterior y de seguridad. Si Beijing aceptara
este modelo, puedo garantizarles que ya no habría las protestas y la crisis
que tenemos ahora. Esta es la única alternativa, la alternativa positiva.
¿Hay una alternativa negativa?
El riesgo es que el liderazgo chino crea que ya no puede pacificar al Tíbet
y ha perdido para siempre la lealtad de los tibetanos. Al mismo tiempo, los
chinos quieren controlar completamente un país que tiene tantas riquezas
naturales. En ese caso, oprimirán a nuestro pueblo en forma aún más brutal,
convirtiéndolo en una minoría insignificante en su propia patria. La otra
alternativa es un Tíbet para los chinos Han. Sería el fin de todo diálogo y
de todas nuestras medidas para construir confianza.
¿Qué camino elegirá Beijing? ¿Se le podrá advertir el 20 de
junio, cuando la antorcha olímpica sea transportada por Lhasa, con la
posibilidad de más manifestaciones?
He aconsejado a mis compatriotas en Lhasa y otras partes que no se
manifiesten contra la antorcha olímpica. No sé qué sentido tendría. Quizás
haré otro llamado. Los chinos me acusan de sabotear los Juegos Olímpicos y
el traslado de la antorcha. La verdad es que acogí desde un comienzo el
otorgamiento de los Juegos a Beijing.
Muchos tibetanos ven el paso de la antorcha olímpica por el monte
Everest, sagrado para los tibetanos, y a lo largo de la ruta a Lhasa, por su
ex sede de gobierno, el Palacio de Potala, como una provocación. ¿Lo siente
usted así?
Si los tiempos fueran de calma, eso no me inquietaría. Pero entiendo ahora
las protestas, sin apoyarlas, por supuesto. Aconsejé también a los
organizadores de la llamada Marcha por la Paz, desde aquí en Dharamsala a la
frontera de la República Popular, que cancelaran el plan porque podría
conducir a enfrentamientos con los guardias fronterizos. Pero sólo puedo
brindar consejos, no puedo suprimir las opiniones de los otros. Espero que
los chinos no utilicen todo esto como excusa para otro baño de sangre.
Su vía no violenta está perdiendo apoyo entre sus compatriotas en
el exilio, aunque usted siga siendo venerado como un símbolo del Tíbet. Los
militantes del Congreso de la Juventud Tibetana (CJT), que insisten en
luchar por la independencia, están ganando influencia. El liderazgo chino
calificó recientemente al CJT de "organización terrorista".
Por supuesto entiendo la impaciencia de los jóvenes. Pero no tienen un
concepto, sólo emociones. He conocido esos sueños por muchos años y esperaba
que se hubiesen disipado. Aparte del tema moral, ¿qué significaría esto?
¿Que los tibetanos debieran tomar las armas para lograr la independencia?
¿Qué armas y de dónde provendrían? ¿Quizá de los muyahidines de Pakistán? Y
si obtenemos las armas, ¿cómo llevarlas al Tíbet? Y una vez que haya
empezado la guerra armada por la independencia, ¿vendrán en nuestra ayuda
los estadounidenses? ¿O los alemanes?
Algunos tibetanos creen que usted está demasiado dispuesto a
conciliar. Su modelo, Mahatma Gandhi, predicó la resistencia no violenta y
la desobediencia civil. La no cooperación con los ocupantes y las marchas le
parecían a él una buena idea.
Tiene razón, pero hay una gran diferencia: Gandhi era libre para alegar su
caso ante un tribunal. ¡Trate de hacer eso en Lhasa! Los imperialistas
británicos eran malos, pero no se comparan con los chinos de hoy, que son
mucho peores. Y, además, creo que una huelga de hambre hasta la muerte sería
un acto inadmisible de violencia. Uno no tiene posibilidades contra los
chinos con ese tipo de cosas.