on el "terrorismo" como
detonante (y metodología operativa) ahora intentan aplicar en Líbano su clásica estrategia de la "guerra civil" para enfrentar militarmente (y
desgastar) a Hezbolá con los sectores "antisirios" pro-sionistas, crear un
estado de "anarquía y caos", y desde allí proceder a su aislamiento
internacional y a la instalación de una fuerza internacional con poder de
fuego para controlar y desarmar el aparato político militar de la
organización de resistencia libanesa.
En Gaza, donde perdieron el control
militar y político, iniciaron una operación de aislamiento y bloqueo económico
contra Hamás, con el propósito de crear también las condiciones de "anarquía
y caos" que justifique el despliegue de una fuerza internacional con
poder de fuego para desarmar y controlar el aparato militar de Hamás y de las
organizaciones de resistencia a Israel.
En resumen, se trata en los dos
casos, Líbano y Gaza, de conseguir el objetivo (destrucción de Hamás y Hezbolá)
que el eje sionista, con Israel como ejecutor, intentó con las fracasadas
invasiones militares casi simultáneas a Gaza (el 26 de junio de 2006) y a
Líbano (el 12 de julio de 2006), que terminaron con la "supremacía militar" de
la potencia judía en Medio Oriente y llevaron a su gobierno a una crisis
política terminal.
Luego de expulsar a la infantería y a los tanques de Israel de sus
posiciones en el sur de Líbano (donde la aviación judía masacró a más de 1.300
civiles) , en agosto pasado, Hezbolá quedó victoriosa y con su estructura
militar preservada, además del consenso y del poder político ganado tanto en
Líbano como en el resto del mundo árabe.
En
Gaza, tras fracasar con la invasión y masacre lanzada en junio (donde fueron
asesinados más de 400 palestinos), el eje sionista se concentró en la
instalación de una "guerra civil" entre Hamás y el aparato militar Al
Fatah (armado y controlado por el sionismo), que fracasó estrepitosamente cuando
Abbas y su fuerza fueron derrotados y forzados a huir a Cisjordania.
Sin sus centrales operativas dentro
de Gaza, y con el gobierno de Siniora (la réplica de Abbas en Líbano) acorralado
por la crisis y las movilizaciones masivas lideradas por Hezbolá pidiendo
su renuncia, el eje sionista ha perdido el control sobre los dos enclaves
islámicos más importantes de su "retaguardia" en Medio Oriente.
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La imagen de Abbas pisoteada en Gaza
(Foto: AP) |
Sin el control total en Líbano y
Palestina, se dificultan y complican las agendas militares del Pentágono con
Irán y Siria, ya que un ataque a esos países (como está planificado)
precipitaría una ola encadenada de "reacción islámica" que tendría su
epicentro en Líbano, Gaza e Irak.
Precisamente, el no control de la
retaguardia en Líbano y Gaza, explica (lo que para los expertos aparece como
"inexplicable") las razones por las cuales EEUU ha retrasado el calendario de su
planificado ataque a las centrales nucleares de Irán, y el Estado judío
mantiene en el freezzer su también proyectado bombardeo a Siria.
Por otra parte, con Hezbolá
fortificado y rearmado en Líbano, y con Hamás en control de Gaza, un (también
planificado) ingreso de los tanques sirios a Líbano y una consecuente guerra con
Israel, dejaría al Estado judío debilitado y con sus fronteras y poblaciones
civiles expuestas a los cohetes y misiles provistos por Irán y Rusia a
las organizaciones de resistencia a Israel.
Como también se sabe, y según ha
trascendido en informes militares confidenciales, la inteligencia israelí
considera a los misiles de Irán y de Siria (en manos de Hezbolá y Hamás) como la
mayor amenaza a la supervivencia del Estado judío.
También se sabe, la información fluye
permanentemente, que tanto Washington como Tel Aviv, por ahora, descartan una
operación militar abierta, tanto en Líbano como en Gaza, por temor a que una
nueva masacre de civiles y un nuevo fracaso militar detone una oleada de
repudio internacional y complique sus planes en la ONU con Irán y Siria.
Por lo tanto, han concentrado sus
esfuerzos en un Plan B (que tiene a la ONU como actor central) cuyo
objetivo estratégico principal es desplegar en Líbano y en Gaza una fuerza
militar ofensiva conducida por la OTAN (como la que está actuando en
Afganistán) para que tome el control militar y político.
De conseguirse este objetivo, y
como ya está sucediendo en Afganistán con el gobierno títere de Karzai, las
administraciones de Abbas y de Siniora, con sus respectivos aparatos militares,
pasarían a cumplir el rol de "auxiliares" de las fuerzas represivas de la
OTAN contra Hezbolá, Hamás y las organizaciones de resistencia a
Israel.
De esta manera, Israel y EEUU,
mimetizados en el control de la fuerza multinacional, controlarían una nueva
operación militar de exterminio de Hamás y Hezbolá, sin exponer a sus
ejércitos al desgaste de nuevas invasiones militares abiertas que ya han
demostrado su inoperancia desde el año pasado hasta aquí.
Pero para conseguir ese objetivo, el
lobby sionista diplomático EEUU-Gran Bretaña (como hace habitualmente)
tiene que convencer a las potencias aliadas de la Unión Europea de la necesidad
de desplegar la OTAN en Medio Oriente como única opción para detener al
"terrorismo islámico" de Hamás y Hezbolá, a los que considera las
vanguardias de Irán y de Siria en la región.
Esa tarea, de no mediar un estado de
"caos, violencia y anarquía" en Gaza, y con "guerra civil"
incorporada en Líbano, se torna muy dificultosa, ya que potencias del eje
sionista como Francia y Alemania (integrantes claves del Consejo de Seguridad,
junto a Gran Bretaña y EEUU) son reacias a la "opción militar" y sólo la
suscriben cuando no queda otra salida.
Esa situación, objetiva y lógica, es
la que explica la presencia creciente del "terrorismo" como detonante
clave de una potencial "guerra civil" en Líbano, o de un estado de
"anarquía y caos" en Gaza (al que se suma la catástrofe humanitaria
producida por el bloqueo económico), para que impulse la necesidad del despliegue de
una fuerza internacional a cargo de la OTAN para controlar los procesos en
la región.
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Fuad Siniora junto a Condoleezza Rice durante
una de sus visitas a Líbano |
Esto resume, y da consistencia
operativa al "rompecabezas terrorista" (como elemento detonante de una
situación buscada) que la dupla EEUU-Israel están utilizando en Líbano y
en Gaza.
En Líbano, la CIA y el Mossad se
están valiendo de grupos islámicos infiltrados (entre ellos Fatah al
Islam) para crear una oleada, permanente y creciente, de "atentados
terroristas", uno de cuyos puntos de inflexión se dio el domingo con el
ataque explosivo al contingente español de la ONU en el sur del Líbano.
En Gaza, los sectores residuales del
aparato de Al Fatah están planificando y ejecutando operaciones "terroristas"
y secuestros, como el del periodista de la BBC, orientados a
desestabilizar al gobierno de Hamás y a profundizar las condiciones de
"caos y desgobernabilidad" que justifiquen un pedido de intervención de la
ONU por parte de Abbas.
Lo descripto, en síntesis, define el
objetivo central y la metodología operativa del eje sionista EEUU-Israel que
utiliza las piezas del "rompecabezas terrorista" en sustitución de los
fracasados ataques militares abiertos para destruir a Hamás y a Hezbolá, y de esa
manera controlar Gaza y Líbano.
Ahora sólo faltan en el tablero las
movidas de pieza de Hezbolá, Hamás, Irán y Siria, que, como ya es habitual,
siempre terminan arruinándole las estrategias y los festines al
Imperio sionista en Medio Oriente.