Nasralá, acusó a EEUU de
socavar los esfuerzos dirigidos a construir un gobierno de unidad nacional en el
Líbano.
“EEUU está impidiendo la creación de
un gobierno de unidad nacional en el Líbano. Ésta es la razón principal de la
crisis,” señaló.
“El propósito (de EEUU) es reforzar
el gobierno del primer ministro Fuad Siniora, porque en realidad se trata de su
gobierno. Es el gobierno del embajador estadounidense en Beirut,” añadió
Nasralá.
“El actual ejecutivo… acepta todas
las exigencias de la administración norteamericana sin discusión. Cualquier
demanda planteada por EEUU es aprobada en un plazo de 10 minutos. Eso es por
lo que yo le llamo el gobierno de (el embajador estadounidense Jeffrey) Feltman.
Cualquier cosa que pide le es concedida. Todos los libaneses saben que Feltman
visita la sede del gobierno cada día o casi cada día,” añadió.
Lo dicho por Nasralá es sostenido, en
general, por todo el arco de la oposición que considera a Siniora como una
réplica de Abbas en Líbano.
Un experto norteamericano en temas
libaneses, Franklin Lamb, considera que Israel y la Administración Bush creen
que deben fomentar una guerra civil con el fin de no “perder” el Líbano y
dar por terminada su influencia en la región.
En un artículo publicado en
counterpunch.com, Lamb señaló que “think tanks proisraelíes” sostienen que
habiendo creado un desastre para EEUU e Israel en Irak y Afganistán, y no
habiendo logrado dañar seriamente, y mucho menos destruir, a Hezbolá durante la
guerra de 2006, tanto Olmert como Bush necesitan desesperadamente una guerra
civil en Líbano".
Según Lamb, estos círculos
pro-israelíes consideran que Israel es incapaz de luchar contra Hezbolá por
tercera vez, tras sus derrotas en 2000 y 2006, y creen que una guerra civil
podría servir para alcanzar el objetivo de destruir a la resistencia libanesa.
“Las consecuencias de estas derrotas
israelíes han sido inaceptables para Israel. El mito de su invencibilidad es hoy
objeto de burlas en los programas de televisión nocturnos. El Hezbolá que lideró
la resistencia libanesa se ha ganado la admiración de una gran parte del mundo,
incluidos los Territorios Ocupados. Israel y la Administración Bush creen que la
única solución es una guerra civil en el Líbano para que Hezbolá pueda
resultar destruido,” señala Lamb.
El 17 de mayo pasado, Mahmud Qamati,
vicedirector de la Oficina Política de Hezbolá, manifestó al canal de televisión
de Irán Alalam que el secretario de Estado adjunto para los temas de Oriente
Medio, David Welch, había dado “las órdenes necesarias a los agentes de EEUU en
el Líbano” durante su reciente visita a Beirut.
“Esto constituye una interferencia
directa en los asuntos internos libaneses,” señaló, añadiendo que existían
ciertos grupos en el Líbano que actúan como “el brazo armado norteamericano”
en el país. Qamati concluyó afirmando que la visita de Welch estaba dirigida a
“fortalecer al gobierno ilegítimo del primer ministro Fuad Siniora” frente a la
oposición liderada por Hezbolá.
"Filtraciones" en el Congreso de EEUU
Pero Hezbolá y los sectores de la
oposición no son los únicos que están advirtiendo sobre un plan de
guerra civil y división en Líbano promovido y organizado por la CIA
norteamericana.
En los primeros meses de 2007, medios
norteamericanos (entre ellos The Washington Post) habían filtrado una
información confidencial que manejaban sectores parlamentarios del Congreso
sobre un documento secreto de la Casa Blanca autorizando a la CIA a iniciar
operaciones encubiertas en Líbano.
Según ese documento presidencial
secreto filtrado por la prensa norteamericana, la Casa Blanca autorizaba a la CIA
a proporcionar apoyo financiero y logístico a las fuerzas anti-iraníes y
anti-sirias del Líbano.
El documento, según las fuentes
citadas, fue firmado por Bush antes de las Navidades, tras mantener
diversas discusiones con sus consejeros y con altos jefes militares y de los
servicios de inteligencia.
Según el informe filtrado en el
Congreso, la Casa Blanca autorizaba a la CIA y otras agencias de inteligencia
estadounidenses a financiar y organizar manifestaciones de grupos libaneses
hostiles a Hezbolá y a pagar dinero a publicaciones y políticos que apoyen al
gobierno de Siniora.
El 10 de enero, el periodista Toby
Harnden escribió en el Daily Telegraph que la Agencia Central de Inteligencia
(CIA) había sido autorizada para iniciar acciones clandestinas en contra de
Hezbolá como parte de un plan secreto del presidente George W. Bush para
ayudar al gobierno libanés a frenar el crecimiento de la influencia iraní.
Los detalles de la orden
presidencial, según el Daily Telegraph, eran conocidos únicamente por un
reducido círculo de responsables de la Casa Blanca, oficiales de inteligencia y
miembros del Congreso, algunos de los cuales filtró la información.
El carácter secreto del documento,
según el diario británico significa que la implicación estadounidense en
estas actividades puede ser oficialmente negada.
De acuerdo con la fuentes del
Telegraph, la Administración Bush espera que el gobierno de Siniora, que quedó muy debilitado tras la derrota
de Israel del pasado año frente a Hezbolá, se
convierta en una barrera frente al creciente poder de la organización que recibe
apoyo finaciero y armas de Irán y Siria
Por otro lado, la Oficina del Primer
Ministro Fuad Siniora se apresuró a negar el contenido de un informe del
conocido periodista norteamericano Seymour Hersh, publicado en la revista The
New Yorker, que afirmaba que las agencias de seguridad libanesas estaban
cooperando en las operaciones encubiertas de la CIA en el Líbano.
El "terrorismo" como detonante
|
 |
|
Nubes de humo se elevan desde el campo palestino de Nahr al Bared en el
norte de Líbano, el 21 de mayo de 2007.
(foto Reuters) |
En sintonía con las versiones del
"plan secreto" de EEUU en Líbano difundidas por la prensa estadounidense y
británica, en mayo pasado, un casi ignoto grupo islámico,
Fatah
al-Islam, casi de la nada, pasó al "estrellato
terrorista" enfrentándose durante tres días con el ejercito libanés y prometiendo luchar hasta la
"última gota de sangre" (con solo 300 hombres) contra todo lo
que representa el gobierno "antisirio" de Siniora.
La asociación de ese grupo con el
plan de "guerra civil", se hizo más claro para Hezbolá y la oposición
libanesa, cuando el gobierno de Siniora, Israel, Washington y la
Unión Europea salieron rápidamente a asociar al "grupo
terrorista" con Al Qaeda y los servicios de inteligencia sirios
(lo mismo que hicieron con Hezbolá cuando la CIA-Mossad
asesinó a Hariri) y a vincular a Fatah al-Islam con un plan de
desestabilización de Líbano, en cuyos resortes decisivos se
encuentran Irán, Siria y Hezbolá.
Simultáneamente la prensa internacional controlado por el lobby
sionista, desde las grandes cadenas como la CNN, la
ABC y la BBC inglesa, comenzó a sembrar la versión
de que la masacre podría extenderse por todos los campamentos de
refugiados palestinos en Líbano, que, como se sabe, se entronca
y relaciona con la resistencia palestina y la propia Hezbolá.
Además, y como ya
sucedió en Gaza con Abbas, la masacre producida
por el combate entre el ejército libanés y el grupo Fatah
al-Islam (reproducida como "violencia", caos y muerte", por el
aparato mediático internacional) encajaba con la estrategia de
crear las condiciones para que una fuerza militar activa y con
capacidad de fuego conducida por la ONU-OTAN (léase Washington
Unión Europea) pacifique Líbano y restaure el "orden
democrático" amenazado.
El objetivo, como
siempre (y por tiro de elevación), sigue siendo la
destrucción de Hezbolá y de su aparato político-militar,
que, aunque condenó el accionar de Fatah al-Islam contra el
ejército libanés, mantiene un silencio espectante sobre
la matanza en el campamento de refugiados palestinos.
Cuando el eje EEUU-Israel,
con sus tanques, aviones y bombas de racimo fueron derrotados en
Líbano por los "topos" de Hezbolá (que emergían y volvían a
desaparecer en sus túneles secretos), fuentes de la
inteligencia árabe advirtieron que Washington y el eje
sionista habían comenzado un "plan terrorista" para
desestabilizar Líbano y justificar su ocupación total por
una "fuerza militar internacional" activa como ya funciona en
Afganistán y en otros lugares.
En principio, Hezbolá
con su enorme prestigio social y político (ganado por su
heroica defensa de Líbano) , convertida en vanguardia activa de
las movilizaciones populares masivas contra el gobierno títere
de Siniora, ya no puede ser encuadrada dentro de la
calificación de "organización terrorista" que originalmente
le atribuían Washington-Tel Aviv y el eje sionista europeo.
El crecimiento del
prestigio social y de la capacidad militar de la guerrilla
chiíta, el entretejido de una poderosa y masiva oposición al
gobierno pro-Washington y anti-Siria, le quitó sustento a
Siniora y a su administración para cumplir con el objetivo de
"desarmar" a Hezbolá que le había encomendado el eje
Washington-Tel Aviv-Unión Europea, apoltronado en el sillón de
la ONU y manejando las célebres "resoluciones" del Consejo de
Seguridad, y que, durante 34 días dejó que la aviación judía
masacrara a 1.300 civiles y convirtiera a Líbano en escombros.
En consecuencia, y
como señalan los expertos, si
no se puede atacar de frente al enemigo hay que atacar sus
flancos. Y allí es donde súbitamente "apareció" Fatah
al-Islam, una facción islámica casi desconocida que emergió
a fines de 2006 al separarse de Fatah al-Intifada (Fatah del
levantamiento), un grupo palestino apoyado por Siria y enraizado
en Líbano.
En este escenario,
todo parece indicar que el plan de operaciones de la CIA
que se filtró en el Congreso de EEUU y el plan "guerra civil"
anticipada por Hezbolá, se van convirtiendo rápidamente en
realidad en Líbano.
"Terrorismo" como
detonante de la "guerra civil",
sigue siendo (como
cuando la CIA asesinó a Rafic Hariri paar expulsar a Siria) la trama central del plan
para terminar con Hezbolá y controlar Líbano, una pieza
central en la estrategia de dominación imperial sionista en
Medio Oriente.