olivia (como sucede en todas las
áreas de resolución de conflictos económicos-geopolíticos del planeta sujetas a la
dominación norteamericana) se compone de un tablero y de diferentes
piezas movidas por un solo jugador: EEUU y los intereses del
capitalismo transnacional.En Bolivia, la prensa del sistema (como
metodología "informativa" disociante) esconde al jugador (EEUU y el capitalismo) y
muestra solo las piezas del tablero (Morales y la oligarquía) en una
confrontación donde el factor estratégico que la impulsa (los intereses
capitalistas transnacionales en Bolivia) quedan ocultos para las mayorías que se
"informan" por los canales convencionales.
La
guerra por el control del Estado
¿Porqué se pelean Morales y la
oligarquía?
Hay una respuesta básica: Evo
Morales y la oligarquía se pelean por dinero y por el control del aparato del
Estado boliviano.
El discurso de confrontación
político-ideológico es sólo un disfraz (para movilizar y exacerbar a las
masas de ambos lados): El gobierno "indígena-burgués" de Morales se enfrenta con la
oligarquía vernácula por dos razones fundamentales: Control del aparato
gubernamental boliviano y manejo de los fondos y activos estatales.
El gobierno de Morales, ha concentrado
en su corta gestión, un gran poder político-burocrático compuesto
por políticos y funcionarios del partido gobernante, el MAS, que han
utilizado fondos del Estado para construir una red "clientelista" asalariada
entre los sectores pobres, indígenas y políticos-sindicales (su base de movilización
callejera).
Utilizando el "asistencialismo"
y los subsidios entre los sectores más pobres, la burocracia política que
rodea a Morales consolidó una red de "movilización popular" (incluidas fuerzas
de choque como los "ponchos rojos") que utiliza para sus enfrentamientos
callejeros con las fuerzas de choque de las oligarquías de las provincias ricas
que controlan los recursos energéticos.
Y hay un tercer factor
gravitante de discordia: Si bien la administración de Morales respeta a
rajatabla los intereses del capitalismo transnacional (no expropió las
empresas y los recursos energéticos siguen bajo control de las
multinacionales), la actual Constitución que aprobó unilateralmente
el gobierno afecta intereses concretos de la oligarquía tradicional y de la burguesía
comercial (socias locales del poder económico transnacional).
Y esto implica una primera
definición: Morales no está enfrentado a EEUU y al poder económico
transnacional (que sigue controlando la estructura económico productiva de Bolivia),
sino que está en guerra con su socio local (el establishment
burgués-oligárquico) por el control del aparato del Estado.
Con un agregado: esa guerra (entre
el gerente y los socios económicos del Imperio) es perjudicial para los intereses
transnacionales ya que desacomoda la gobernabilidad y la "alternancia democrática"
establecida por la estrategia del control norteamericano en la región.
El nuevo escenario de conflicto
En junio de 2005, el jugador
imperial (EEUU) movió la pieza Evo Morales en el tablero para dividir la
protesta social-sindical que tenía paralizada a Bolivia y amenazaba con extenderse
afectando intereses económicos estratégicos de las petroleras, empresas y bancos
transnacionales.
Presentado mediáticamente como un
"cuco" (enemigo de paja), Morales con su partido, el MAS, se
propusieron como "salida alternativa" y dividieron y desinflaron la gigantesca
protesta popular aceptando participar en las elecciones convocadas para
"salvar a Bolivia de la guerra civil".
Hay que aclarar que el fantasma (o
los rumores) de la "guerra civil", manipulados mediáticamente, es una
herramienta que utiliza recurrentemente el Imperio norteamericano para
desactivar y/o dividir las protestas populares por medio del miedo al
"derramamiento de sangre".
Morales emergió como "opción
electoral" en el 2005 dentro de un escenario dominado por el miedo a la "guerra
civil" preparado por la propia embajada norteamericana y las cadenas mediáticas
imperiales con la CNN a la cabeza.
El ingreso de Morales a la
presidencia de Bolivia (léase gerencia de enclave del poder económico
transnacional) implicó la pérdida histórica del control del aparato estatal
para la oligarquía que comenzó a conspirar para derrocarlo.
En los últimos días, la "revolución
democrática" de Evo Morales, y la oligarquía "autonómica" opositora del oriente
boliviano, radicalizaron sus discursos, compitieron con manifestaciones
multitudinarias en La Paz y Santa Cruz, desoyeron los llamamientos a la
moderación, y todo indica que están dispuestas
a medir sus fuerzas en una confrontación callejera violenta que se
tornaría inevitable.
La "gobernabilidad" en peligro
Morales, al igual que Chávez, busca
la consolidación institucional de su poder político imponiendo su propia
carta constitucional, y el poder oligárquico ya le respondió con la puesta en
marcha de estatutos que, de hecho, separan a las cuatro provincias más ricas
de Bolivia del gobierno central.
En la práctica, y como afirma la agencia
boliviana Econoticias, en Bolivia hay dos gobiernos.
Uno, el legal, del presidente indígena Evo Morales, tiene masivo apoyo
campesino y el control del altiplano (La Paz, Oruro y Potosí). El Ejército y
la Policía responden sólo formalmente a su mando, y una partede los sindicatos y
las clases medias lo apoyan, aunque sin mucho entusiasmo.
En los valles y llanuras
del oriente y sur del país, pesa más, en cambio, la oligarquía latifundista y
la burguesía financiera-comercial, que cuentan con la adhesión militante de
una porción de las clases medias y la sumisión de sectores sindicales y
organizaciones cívicas y populares.
En seis de las 10 más grandes ciudades bolivianas gobierna de facto la
oligarquía. Allí, nadie respeta a Evo Morales y emerge con fuerza el
racismo, el separatismo y las bandas armadas ultraderechistas. Allí, la
izquierda indigenista no tiene discurso ni consignas y está arrinconada y
perseguida.
En este escenario Bolivia se
encuentra técnicamente en una situación de "ingobernabilidad" y al borde de
la ruptura institucional, es decir, exactamente en las antípodas del
objetivo buscado por la estrategia regional de EEUU y a contramano de los
intereses del poder económico transnacional, que nuevamente -como en el 2005- ve
sus negocios amenazados por la falta de "paz social".
El paso al costado de Morales
La situación de "ingobernabilidad", a
su vez, es el más claro síntoma de que la estrategia
"democrática-constitucional" con Morales (pensada para salir de la rebelión
popular en 2005) está tocando su fin, y el presidente "indio" está tironeado y
aprisionado entre los que quieren ir a un enfrentamiento con la oligarquía
y los que proponen una negociación para retomar el control constitucional del
gobierno del MAS.
Morales -según la información que
emerge de su propio entorno- intenta mantenerse "prescindente" proponiendo
vías de negociación que son sistemáticamente rechazadas por la oposición
oligárquica que tiene a la partición de Bolivia como principal instrumento de
presión.
El ejército y la policía boliviana,
en los hechos, no juegan ni para Morales ni para los sectores oligárquicos
sublevados contra el poder constitucional, y sus jefes, como ya es histórico,
sólo van a actuar siguiendo órdenes de la embajada y de las delegaciones locales
de la CIA y del Comando Sur de EEUU.
Las fuerzas armadas bolivianas, están
galvanizadas en el marco institucional de la "gobernabilidad democrática" y sus
jefes solo responden a ese lineamiento donde no existe posibilidad de "éxito"
con un golpe de Estado o salidas represivas-militares, no autorizadas por la
embajada norteamericana.
Y, curiosamente, esta vez el gran
jugador (EEUU y el poder transnacional) se encuentran aprisionados en su propia
telaraña, y ahora no se enfrentan a una "rebelión popular" como en el
2005, sino a una guerra por el poder entre aliados que pone en riesgo
toda la maquinaria de dominación en Bolivia.
En el entorno de Morales se destacan
claramente un sector "combativo" (partidario de profundizar la guerra por
el control del poder) y un sector "dialoguista" encabezado por el
vicepresidente García Linera, una especie de carta "comodín" que tiene ubicada
la embajada norteamericana en el entorno presidencial (Linera es el nexo de
Morales con la delegación estadounidense en Bolivia).
Como dicen los expertos en Bolivia:
García Linera es la pieza clave que ya empezó a jugar el Departamento de
Estado para darle una salida a la crisis dentro de los parámetros de
"gobernabilidad democrática" y sin romper el proceso constitucional.
La "carta
Linera"
La oligarquía sublevada no negocia
con Morales, pero si negocia con el vicepresidente Linera: Sobre la
base de este axioma funcional el jugador (EEUU y el poder transnacional)
están articulando una nueva movida de piezas en el tablero boliviano.
Hay tres escenarios previstos:
la "renuncia histórica" (en función de la "unidad de Bolivia" de Evo
Morales), la asunción de García Linera como presidente, y una nueva
rebelión popular protagonizada por las organizaciones y sindicatos
combativos del Altiplano que actualmente mantienen un apoyo crítico a Morales y
al partido gobernante, el MAS.
De producirse la renuncia de Morales
(como producto de la "ingobernabilidad" de Bolivia), las organizaciones que
protagonizaron las tomas de rutas y huelgas de 2005 repetirían esa
experiencia callejera contra un hipotético gobierno de Linera, que es
rechazado por los sectores combativos y populares que se articulan alrededor de
Morales.
La "carta Linera" (tenido como
interlocutor válido por las fuerzas oligárquicas) ya estaría pensada
dentro de un arreglo "pacifico" con el establishment de poder local (y bendecido
por la embajada USA) que incluiría un llamado consensuado a nuevas elecciones
(como en el 2005).
En ese plan (de retoma del control
institucional en Bolivia), la única pieza que no encaja es la rebelión
popular generalizada (prevista) que se desataría como consecuencia de una
unidad funcional de las organizaciones y sindicatos del Altiplano y sectores
escindidos del MAS (partido gobernante) que no comulgan con Garcia Linera.
El
escenario que se aproxima
En el escenario de división del
gobierno que se proyecta tras una hipotética renuncia de Morales (operación
que la embajada ya tendría en marcha), el sector burocrático que acompaña a
Linera (funcionarios, políticos y punteros enriquecidos que manejan una porción
importante de poder de movilización popular) intentaría una política de
división y enfrentamiento entre los protagonistas de las protestas y
movilizaciones contra el "acuerdismo" del sucesor de Morales.
En la nueva hipótesis de conflicto
(emergente tras una hipotética salida de Morales), en Bolivia ya no habría
una guerra por el control del Estado entre dos aliados de EEUU y el poder
transnacional, sino una nueva guerra popular contra el gobierno (sin
Morales) y contra los sectores oligárquicos nuevamente en control de aparato
del Estado a través de Linera.
Y hay un punto que traza la
diferencia entre este cuadro proyectado a futuro inmediato y lo que está
sucediendo en estos momentos: Sin Morales como factor de contención, las
fuerzas armadas y policiales tendrían que reprimir en forma violenta a las
protestas populares.
Y, a diferencia de lo sucedido en el
2005, la embajada (el gran jugador USA) ya no contaría con la pieza emblemática
Evo Morales para desactivar y dividir las protestas populares, enfrentándose
a la peligrosa opción de tener que controlar Bolivia por medio del poder
militar.
Lo que implicaría una ruptura del
"orden constitucional" y una primera derrota histórica de la estrategia con
el "dominio democrático" (en curso) que puede extenderse a otros países de la
región que ingresen a la conflictividad social.
Esa es la paradojal amenaza que
contiene el proceso boliviano (el tablero y las piezas) para el jugador
imperialista capitalista dominante en la región: Bolivia (sin Evo Morales) puede
marcar el regreso de los militares como dispositivo de control político y
social en América Latina.
A ese nuevo paso, ya previsto por los
estrategas del Departamento de Estado, se le denomina "democracia blindada".
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La
estrategia USA y sus líneas matrices
Por Manuel
Freytas (*)
Hay una teoría conspirativa en
boga (proveniente de la izquierda) que sostiene que EEUU promovió el
enfrentamiento entre Evo Morales y la oligarquía secesionista para (por medio de
una guerra civil) "dividir Bolivia" en dos países, uno rico y otro
pobre: es falsa.
En el actual escenario boliviano,
una "guerra civil" o una división de Bolivia sería perjudicial para los intereses
económicos trasnacionales y para la estrategia de control regional con la
"alternancia democrática-constitucional" impuesta por EEUU en su patio
trasero latinoamericano.
Los que manejan información
confidencial sobre los lineamientos del poder imperial saben que la actual
estrategia del Departamento de Estado norteamericano en Bolivia (así como en
toda América Latina) pasa por el mantenimiento de la "gobernabilidad
democrática" dentro de una alternancia electiva de las fuerzas políticas por
medio de las urnas.
Esto significa (y a diferencia de
la década del setenta en que impulsaba la doctrina militar de la "seguridad
nacional") que EEUU en estos momentos no baraja hipótesis de "golpes
militares" o de "guerra civil" en América Latina, sino la continuidad
alternada de gobiernos "democráticos" (de cualquier signo ideológico que
sean) dentro del sistema constitucional electivo.
Los militares bolivianos, y los de
toda la región (formados y conducidos desde el Comando Sur) conocen el
precepto básico: EEUU ya no apoya golpes de Estado militares en América Latina y
las alternativas y/o soluciones del control político y social (imperial) deben
emerger del poder político-constitucional civil.
Como también se sabe (y consta en
los documentos del Departamento de Estado) Washington, en América Latina,
reconoce tanto a la derecha como a la izquierda como opciones válidas de
"gobernabilidad" aceptada siempre que respeten dos condiciones básicas: El
mantenimiento del sistema constitucional (escrito y normatizado) y el
mantenimiento del sistema de control y dominio (no escrito y escondido) que
mantienen los bancos y empresas transnacionales sobre las estructuras
económicas-productivas de los países de la región.
Si no alteran esas dos líneas
matrices, los presidentes (de la ideología que sean) pueden manejarse
libremente con el discurso, pueden criticar o rechazar públicamente la
dominación de EEEUU, autotitularse antiimperialistas o revolucionarios, incluso
insultar al presidente norteamericano. Lo que no pueden hacer es: Romper el
orden constitucional o salirse de los marcos de la dependencia al
poder económico transnacional.
En este escenario real (y no en
teorías conspirativas o en "revoluciones" inexistentes) hay que abordar el
proceso conflictivo boliviano que hoy tiene a Evo Morales y a la
oligarquía de la Media Luna como actores centrales de una guerra interna por
el poder, en cuyo centro se encuentran los intereses estratégicos regionales
de EEUU y los intereses económicos de las empresas transnacionales protegidas
por la embajada norteamericana.
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(*) Manuel
Freytas es periodista, investigador y analista, especialista
en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los
autores más difundidos y referenciados en la Web.
Ver sus trabajos en Google
email: manuelfreytas@iarnoticias.com