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La estrategia de división del Imperio

Objetivo Chávez:
Las "señales" que dejó la alianza Bush-Lula

 
 

(IAR-Noticias) 13-Marzo-07

Bush y Lula: Indiferentes a los ataques de Chávez, unieron sus destinos con el etanol

Una operación imperial para neutralizar una potencial alianza de Lula con Chávez, separar a Lula de Kirchner, y dividir al Mercosur y al "progresismo" sudamericano, es la primera señal concreta que arroja el acuerdo (más formal que real) con el etanol sellado durante el encuentro de Bush con el presidente brasileño el viernes pasado.

por Manuel Freytas (*)

Brasil es la primera economía de América Latina, la décima del mundo, y es el mejor contrapeso regional a la influencia "petrolera" de Chávez y su proyecto político hegemonizador que -por ahora- solo ha reclutado como "satélites" más leales a Evo Morales en Bolivia, y a Rafael Correa en Ecuador.

El acuerdo bio-energético sellado entre Bush y Lula -entre otros objetivos- intenta demostrar que el acercamiento entre Lula y Chávez no pasa de un filteo político, y que los intereses estratégicos de Brasil están sólidamente atados a la potencia imperial del norte.

Pero más que a Lula (un gerente circunstancial) Bush y Washington apuntan a una alianza estratégica con el establishment de poder brasileño, conociendo la ambición hegemónica de convertirse en la "gran potencia regional" que siempre ha exhibido la clase capitalista de Brasil.

Como segunda señal, con el viaje de Bush al Cono Sur la diplomacia imperial pareció concentrarse en una estrategia de "doble vía":
A) Dividir y separar a Lula de Kirchner, y B) profundizar la división de Kirchner y Tabaré Vázquez, consolidando su relación económica con Uruguay.
El primer derrotado político del acuerdo (más formal que real) sellado entre Bush y Lula con el etanol, es Hugo Chávez, a quien Washington le acaba de poner una cuña decisiva contra sus operaciones en el Mercosur, dividiendo a Brasil de Argentina y apuntalando sus acuerdos con Uruguay.
De esta manera, Washington rompe el aislamiento de su alianza con los "cachorros" (Colombia, Perú y México), y le pone un palo en la rueda a la "sociedad de intereses" Chávez-Kirchner, que va a tener un efecto inmediato sobre la influencia de Venezuela en el Mercosur.

Como tercera señal, Washington dio muestras de haber aprendido la lección de la anterior visita de Bush a la región, en noviembre de 2005, cuando concurrió a la cumbre de presidentes latinoamericanos en Mar del Plata, Argentina, con el firme propósito de anudar la puntada final del ALCA.
Ese objetivo, quedó en parte frustrado por la oposición de Lula y Kirchner quienes se sumaron a Chávez en el rechazo al tratado de libre comercio impulsado por Bush, y el presidente imperial debió soportar una operación política del dúo Kirchner-Chávez con un acto "anti-Bush" en Mar del Plata, parecido al que le organizaron en Buenos Aires el viernes pasado.
Pacientemente, Washington se concentró en el diseño de una estrategia de división centralizada que apuntó básicamente a las contradicciones de los dos principales socios del Mercosur: Brasil y Argentina.

Como cuarta señal, el acuerdo Bush-Lula revela la fragilidad de la alianza de los dos principales socios del Mercosur, Lula-Kirchner, quienes más allá de las fotografías en las "cumbres" tienen más disidencias que coincidencias.
Lula a menudo se queja de ser víctima de las estrategias "envolventes" de Chávez utilizando su alianza "ideológica" con Evo Morales y su "sociedad de negocios" con Kirchner, con el petróleo y el gas de por medio.Fuera de ese juego táctico "tercerizado", ni Lula ni Kirchner tienen mucho que ver con el proyecto "bolivariano-socialista" de Chávez, que, en la mayoría de los casos (como está sucediendo con Kirchner ahora) les trae más dolores de cabeza que satisfacciones con Washington, el verdadero "socio estratégico" de ambos.
Ni Lula ni Kirchner en la práctica tienen puntos en común (salvo el doble discurso demagógico) con el proyecto político continental anti-EEUU sostenido por el eje Cuba-Venezuela.
Fuera del coqueteo con Chávez y el discurso "progre" (que les sirve para traccionar votos de la izquierda) tanto Lula como Kirchner, pese al mensaje de raíz "progresista" con fines electoralistas, mantienen, en los hechos, un total acatamiento a la estrategia regional de EEUU, en sus líneas esenciales.
Lula y Kirchner coinciden y aplican en sus gobiernos los lineamientos básicos de la agenda impuesta por Washington en la región:
A) Administrar para los bancos y trasnacionales que controlan el sistema económico productivo (incluido el Mercosur) de Argentina y de Brasil,
B) acuerdos políticos y militares de cooperación en la "guerra contra el terrorismo",
C) sumisión a los programas del FMI y de las instituciones crediticias internacionales controladas por el Tesoro de EEUU.
Este es el punto central que desestabiliza permanentemente sus alianzas "político-electorales" (de "negocios", en el caso de Kirchner) con el proyecto "revolucionario" de Chávez, que, como una paradoja, en los números aparece como el principal "socio comercial" de Washington en la región.La operación política imperial con la presencia de Bush en Brasil y Uruguay, detonó, en un solo día, las contradicciones existentes en la "alianza de cartón" de Lula-Kirchner-Chávez, por un lado, y de Lula-Kirchner por otro.

Kirchner y Chávez: Socios en petróleo y "anti-Bush"

Como quinta señal, la presencia de Chávez en la Argentina, utilizando el feudo de Kirchner como plataforma de su propaganda "anti-Bush", deterioró la imagen interna del gerente imperial embozado, lesionó su relación de intereses reales con Washington y las trasnacionales, y le dio a la oposición política un argumento de ataque en un año de elecciones presidenciales.
Durante toda la mañana del viernes, las dos principales radios argentinas (Radio 10 y Radio Mitre), que concentran el 80% de la audiencia del país, recibieron mails y mensajes orales con quejas de oyentes, que, a nivel de muestreo, probaron que la presencia del "presidente extranjero" (Chávez) en un acto político financiado por el gobierno, cayó muy mal en el conjunto de la población.
Por otro lado, la oposición, en un año electoral criticó a Chávez por utilizar de "plataforma" a la Argentina para su pelea personal con Bush, y de introducir 300 hombres armados de su custodia en abierta violación a las leyes del país.
Elisa Carrió, una voz autorizada del "progresismo" argentino, calificó el acto del presidente venezolano como "una muestra de la demencial escenografía populista orquestada por Kirchner y Chávez".

De acuerdo con la proyección de algunos analistas locales, el "lapsus político" de Kirchner con Chávez, va a tener una incidencia negativa a corto plazo en las en las propias relaciones Venezuela-Argentina, ya que el escándalo (y sus emergentes obligará a Kirchner (un "doble jugador" compulsivo) a definir su posición: O está con el Imperio o está con Chávez.

Y ya se sabe lo que hace Kirchner (un híbrido, solo ambicioso de dinero y de poder) cuando Washington le aprieta las clavijas: va y toca la campana en la bolsa de Wall Street.

En resumen, y si nos atenemos a los emergentes (presentes y proyectados) del desenlace precipitado por la alianza Bush-Lula, el gran perdedor de este round es el presidente argentino, que quedó aprisionado en sus propias contradicciones.

Mientras que Chávez, el gran titiritero del petróleo, que trató de "cadáver político" a Bush, cayó, una vez más, en una encerrona táctica del Imperio creyendo que va ganando la guerra.

Y se va cumpliendo lo que dicen los expertos:

Los presidentes "progresistas" son maestros en el arte del "doble discurso" para cosechar votos y adhesión popular, pero pierden cada vez que confrontan estrategias con el poder real del Imperio y las trasnacionales.
En el fondo, sus verdaderos patrones.

                             ******

(*) Manuel Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación estratégica

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