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Bush y Lula:
Indiferentes a los ataques de Chávez, unieron sus destinos con el etanol |
Una operación imperial para neutralizar una potencial alianza de Lula con
Chávez, separar a Lula de Kirchner, y dividir al Mercosur y al "progresismo"
sudamericano, es la primera señal concreta que arroja el acuerdo (más formal que
real) con el etanol sellado durante el encuentro de Bush con el presidente
brasileño el viernes pasado.
por Manuel Freytas
(*)
Brasil es la primera economía de América Latina, la décima del mundo, y es el
mejor contrapeso regional a la influencia "petrolera" de Chávez y su
proyecto político hegemonizador que -por ahora- solo ha reclutado como
"satélites" más leales a Evo Morales en Bolivia, y a Rafael Correa en Ecuador.
El acuerdo bio-energético sellado entre Bush y Lula -entre otros objetivos-
intenta demostrar que el acercamiento entre Lula y Chávez no pasa de un
filteo político, y que los intereses estratégicos de Brasil están
sólidamente atados a la potencia imperial del norte.
Pero más que a Lula (un gerente circunstancial) Bush y Washington apuntan a
una alianza estratégica con el establishment de poder brasileño,
conociendo la ambición hegemónica de convertirse en la "gran potencia regional"
que siempre ha exhibido la clase capitalista de Brasil.
Como segunda señal, con el viaje de Bush
al Cono Sur la diplomacia imperial pareció concentrarse en una estrategia de
"doble vía":
A) Dividir y separar a Lula de Kirchner, y B)
profundizar la división de Kirchner y Tabaré Vázquez, consolidando su relación
económica con Uruguay.
El primer derrotado político del acuerdo (más formal que real)
sellado entre Bush y Lula con el etanol, es Hugo Chávez, a quien Washington le
acaba de poner una cuña decisiva contra sus operaciones en el Mercosur,
dividiendo a Brasil de Argentina y apuntalando sus acuerdos con Uruguay.
De esta manera, Washington rompe el aislamiento de su alianza con los
"cachorros" (Colombia, Perú y México), y le pone un palo en la rueda a la
"sociedad de intereses" Chávez-Kirchner, que va a tener un efecto inmediato
sobre la influencia de Venezuela en el Mercosur.
Como tercera señal, Washington dio
muestras de haber aprendido la lección de la anterior visita de Bush a la
región, en noviembre de 2005, cuando concurrió a la cumbre de presidentes
latinoamericanos en Mar del Plata, Argentina, con el firme propósito de anudar
la puntada final del ALCA.
Ese objetivo, quedó en parte frustrado por la oposición de Lula y Kirchner
quienes se sumaron a Chávez en el rechazo al tratado de libre comercio impulsado
por Bush, y el presidente imperial debió soportar una operación política del dúo
Kirchner-Chávez con un acto "anti-Bush" en Mar del Plata, parecido al que
le organizaron en Buenos Aires el viernes pasado.
Pacientemente, Washington se concentró en el diseño de una estrategia de
división centralizada que apuntó básicamente a las contradicciones de los
dos principales socios del Mercosur: Brasil y Argentina.
Como cuarta señal, el acuerdo Bush-Lula
revela la fragilidad de la alianza de los dos principales socios del Mercosur,
Lula-Kirchner, quienes más allá de las fotografías en las "cumbres"
tienen más disidencias que coincidencias.
Lula a menudo se queja de ser víctima de las estrategias "envolventes" de Chávez
utilizando su alianza "ideológica" con Evo Morales y su "sociedad de negocios"
con Kirchner, con el petróleo y el gas de por medio.Fuera de ese juego táctico "tercerizado",
ni Lula ni Kirchner tienen mucho que ver con el proyecto
"bolivariano-socialista" de Chávez, que, en la mayoría de los casos (como
está sucediendo con Kirchner ahora) les trae más dolores de cabeza que
satisfacciones con Washington, el verdadero "socio estratégico" de ambos.
Ni Lula ni Kirchner en la práctica tienen puntos en común (salvo el doble
discurso demagógico) con el proyecto político continental anti-EEUU
sostenido por el eje Cuba-Venezuela.
Fuera del coqueteo con Chávez y el discurso "progre" (que les sirve para
traccionar votos de la izquierda) tanto Lula como Kirchner, pese al mensaje de
raíz "progresista" con fines electoralistas, mantienen, en los hechos, un total
acatamiento a la estrategia regional de EEUU, en sus líneas esenciales.
Lula y Kirchner coinciden y aplican en sus gobiernos los lineamientos básicos de
la agenda impuesta por Washington en la región:
A) Administrar para los bancos y trasnacionales que
controlan el sistema económico productivo (incluido el Mercosur) de Argentina y
de Brasil,
B) acuerdos políticos y militares de cooperación en la "guerra contra el
terrorismo",
C) sumisión a los programas del FMI y de las instituciones crediticias
internacionales controladas por el Tesoro de EEUU.
Este es el punto central que desestabiliza permanentemente sus
alianzas "político-electorales" (de "negocios", en el caso de Kirchner) con el
proyecto "revolucionario" de Chávez, que, como una paradoja, en los números
aparece como el principal "socio comercial" de Washington en la región.La
operación política imperial con la presencia de Bush en Brasil y Uruguay,
detonó, en un solo día, las contradicciones existentes en la "alianza de
cartón" de Lula-Kirchner-Chávez, por un lado, y de Lula-Kirchner por otro.
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Kirchner y Chávez: Socios en petróleo y "anti-Bush" |
Como quinta señal, la presencia de Chávez
en la Argentina, utilizando el feudo de Kirchner como plataforma de su
propaganda "anti-Bush", deterioró la imagen interna del gerente imperial
embozado, lesionó su relación de intereses reales con Washington y las
trasnacionales, y le dio a la oposición política un argumento de ataque en un
año de elecciones presidenciales.
Durante toda la mañana del viernes, las dos principales radios argentinas (Radio
10 y Radio Mitre), que concentran el 80% de la audiencia del país, recibieron
mails y mensajes orales con quejas de oyentes, que, a nivel de muestreo,
probaron que la presencia del "presidente extranjero" (Chávez) en un acto
político financiado por el gobierno, cayó muy mal en el conjunto de la
población.
Por otro lado, la oposición, en un año electoral criticó a Chávez por
utilizar de "plataforma" a la Argentina para su pelea personal con Bush, y
de introducir 300 hombres armados de su custodia en abierta violación a las
leyes del país.
Elisa Carrió, una voz autorizada del "progresismo" argentino, calificó el acto
del presidente venezolano como "una muestra de la demencial escenografía
populista orquestada por Kirchner y Chávez".
De acuerdo con la proyección de algunos analistas locales, el "lapsus
político" de Kirchner con Chávez, va a tener una incidencia negativa a
corto plazo en las en las propias relaciones Venezuela-Argentina, ya que el
escándalo (y sus emergentes obligará a Kirchner (un "doble jugador" compulsivo)
a definir su posición: O está con el Imperio o está con Chávez.
Y ya se sabe lo que hace Kirchner (un híbrido, solo ambicioso de dinero y de
poder) cuando Washington le aprieta las clavijas: va y toca la campana en la
bolsa de Wall Street.
En resumen, y si nos atenemos a los emergentes (presentes y proyectados) del
desenlace precipitado por la alianza Bush-Lula, el gran perdedor de este
round es el presidente argentino, que quedó aprisionado en sus propias
contradicciones.
Mientras que Chávez, el gran titiritero del petróleo, que trató de "cadáver
político" a Bush, cayó, una vez más, en una encerrona táctica del Imperio
creyendo que va ganando la guerra.
Y se va cumpliendo lo que dicen los expertos:
Los presidentes "progresistas" son maestros en el arte del "doble
discurso" para cosechar votos y adhesión popular, pero pierden cada vez que
confrontan estrategias con el poder real del Imperio y las trasnacionales.
En el fondo, sus verdaderos patrones.
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(*) Manuel Freytas es
periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica