Luego del discurso de
inauguración de su segundo término presidencial, Lula dijo el martes 2 de enero que "la
barbaridad en Río de Janeiro no puede ser tratada como el crimen común". "Es terrorismo y necesita ser tratado con mano y política fuerte del estado
brasileño", añadió.
El presidente indicó que los gobiernos municipal, estatal y federal deben
trabajar juntos y más estrechamente para combatir al "terrorismo"
instalado en las calles de Río.
Por su parte, y sumándose a la idea de Lula de militarizar la "guerra contra
el narco-terrorismo", un día después de asumir el mando en Río de
Janeiro, el flamante gobernador Sergio Cabral pidió a las Fuerzas Armadas que
salgan de los cuarteles y ayuden a controlar la "violencia" que se esparce por
las calles cariocas.
El gobierno federal brasileño y el de Río de Janeiro acordaron ayer el
envío de fuertes contingentes de la Fuerza Nacional de Seguridad, un cuerpo
federal de elite integrado por 7.700 hombres entrenados especialmente para
luchar contra el el "narcoterrorismo" y el crimen organizado.
Cabral, jefe del ejecutivo fluminense que asumió el mando hace tres días, lo
confirmó ayer oficialmente y dijo que las primeras tropas llegarán antes que
concluya enero.
Las fuerzas especiales federales a convertir a San Pablo en una ciudad
blindada: ocuparán todos los puntos de acceso en operaciones sincronizadas
de búsqueda de armas y de drogas.
Como argumento justificatorio de la "militarización" de la ciudad las
autoridades dicen que es para proteger el Comité Olímpico y la fiesta del
carnaval brasileño, ya que su suspensión por la violencia sería sería un golpe
mortal para Río.
Junto a la fuerza especial nacional actuarán en la "ocupación militar" de Río
fuerzas del ejército, la marina y la policía Federal, con armas e instrumentos
de control electrónico que son utilizados en los ejercicios de "guerra
contraterrorista".
El comando de operaciones militares actuará conjuntamente con un gabinete de
seguridad conjunta entre los cuatros estados limítrofes, Río, San Pablo,
Minas Gerais y Espírito Santo, afectados por la guerra contra el "narco-terrorismo.
En mayo pasado, en momentos en que las acusaciones de corrupción al PT ya tocaban a
Lula, en San Pablo,
durante una semana, sólo se respiró pólvora, muerte
y anarquía.
Motines carcelarios, asesinatos de policías y de
civiles, terror generalizado y hasta huída en masa de la capital con
embotellamiento de autopistas, jalonaron siete jornadas de
violencia ininterrumpida que dejaron como saldo, más de 200 muertos.
El estado de "guerra interna" contra el narcoterrorismo
obró como cortina de humo de los graves problemas políticos y económico-sociales
por los que atravesaba el gobierno de Lula haciendo desaparecer de los medios de
comunicación las nuevas denuncias de corrupción contra el PT, y
posibilitando su reelección presidencial.
Otros expertos habían
señalado que, y utilizando de excusa la "guerra contra las bandas del narco y
del crimen organizado", el ejército y la policía brasileña estaban ejecutando en
San Pablo un plan de control de conflictos sociales que está contemplado en el
plan global de "guerra contraterrorista" de baja intensidad en el Cono Sur.
Como dato "relevante"
reconocido por el ejército brasileño, el grueso de los efectivos de las fuerzas
especiales a ser desplegadas en Río fueron entrenados en combates
de "contrainsurgencia" y en operaciones de "guerra contraterrorista".
¿Casualidad?