Utilizando como herramientas estratégicas al petróleo y al
desarrollo armamentista, Vladimir Putin corrobora mediante
nuevos gestos y movidas que intenta
relanzar a Rusia como la gran potencia del siglo XXI en abierta competencia con
EEUU y sus socios de la Unión Europea.
Informe
especial
IAR Noticias
En el marco de la llamada "crisis
de los misiles" con EEUU en Europa, y en medio de un recrudecimiento de la
"guerra fría", la Rusia de Putin acaba de colocar su bandera debajo del Polo
Norte, paralelamente a los movimientos de sus bombarderos nucleares en el
Pacífico y a los ejercicios militares con China.
Además, Rusia multiplicó sus anuncios
de fabricación de nuevos armamentos estratégicos y convencionales, e incrementó en grados notables sus exhibiciones de fuerza militar ante Occidente para
mostrar la voluntad de mantener sus ambiciones de superpotencia.
Con la derrota y desaparición
de la URSS (punto de referencia geopolítico y logístico de la "revolución
socialista" y de sus movimientos armados) desapareció el sistema comunista,
y el sistema capitalista occidental de "libre mercado" ingresó al nuevo "orden
mundial" convertido en sistema hegemónico unipolar liderado por EEUU como
potencia locomotora.
En el nuevo contexto internacional, la
llamada nueva "guerra fría" de Rusia con EEUU (y el bloque aliado de la Unión
Europea) es principalmente por áreas de influencia comercial y competencia por
los mercados: el Estado capitalista ruso vs. el sistema capitalista
occidental de libre mercado, liderado por EEUU como potencia locomotora.
Putin ha criticado duramente la
"carrera armamentista" (que según él, busca afianzar la hegemonia imperial
de EEUU) y los planes estadounidenses de desplegar una estación de radar en la
República Checa e interceptores en Polonia, lo que el Kremlin ve como una
"amenaza directa" a su seguridad.
Como respuesta a lo que considera "amenaza directa" a su territorio por parte de
EEUU, el líder ruso suspendió a mediados de julio por decreto la aplicación del
tratado de Fuerzas y Armas Convencionales en Europa (FACE), considerado la
piedra angular de la seguridad en el continente.
Desde entonces, analistas de la prensa estadounidense y europea vienen
destacando una escalada de "demostraciones de fuerza militar" por parte
de Moscú que -según ellos- arroja combustible y más tensiones a la "guerra fría"
entre Rusia y EEUU.
El último "incidente" militar se
produjo el miércoles 8 de agosto pasado, cuando dos bombarderos rusos TU 95 se acercaron a
una base militar estadounidense situada en la isla de Guam, en el Pacífico
occidental, retomando así una costumbre abandonada desde el final de la "guerra
fría".
"Dos de nuestras tripulaciones hicieron una visita cerca de la isla de Guam",
se felicitó un alto responsable del ejército del aire ruso, el general
Pavel Androsov, comentando la maniobra confirmada por el Pentágono.
"Siempre ha sido una tradición el que
nuestros bombarderos estratégicos hagan vuelos largos sobre el océano, se crucen
con aviones estadounidenses y saluden de cerca a los pilotos. El miércoles
reanudamos esta tradición", añadió.
Las cadenas norteamericanas destacaron el "incidente" como el último en una
serie de gestos de política exterior que intentan volver a confirmar a Rusia
como una gran potencia, una de las grandes ambiciones del presidente Vladimir
Putin.
El 2 de agosto pasado, una misión de exploración colocó una bandera de Rusia en
el fondo del océano Artico, a más de 4.000 metros debajo del polo Norte,
saludada entusiastamente por el presidente Putin, que dio así otra señal de
poder en esa región rica en hidrocarburos.
Al día siguiente de la operación, muy mediatizada, el jefe de la flota rusa en
el Mar Negro, el almirante Vladimir Masorin, habló de la posibilidad de
restablecer la presencia naval rusa permanente en el Mediterráneo.
EEUU ha desplegado precisamente en el
Mediterráneo su VI Flota, y, según la prensa rusa, el puerto sirio de Tartus,
utilizado por la flota soviética en tiempos de la URSS, podría tener de nuevo
una base naval rusa.
En la misma línea de "demostración de fuerza", el ejército de tierra
ruso, intervino en los gigantescos ejercicios conjuntos lanzados en China
la semana pasada por tropas rusas, chinas y de cuatro países centroasiáticos en
el marco de la Organización de la Cooperación de Shanghai (OCS).
Según los analistas estadounidenses, con estas demostraciones Putin intenta
demostrar que tras 16 años de declive militar y diplomático ante EEUU, Rusia
recupera el poderío militar en un abierto desafío a Washington y a las potencias
occidentales.
"Para el Kremlin, es muy importante
conservar al menos un dominio en el que esté en pie de igualdad con Estados
Unidos", considera el analista militar Alexander Golts.
Pero estas demostraciones de la
potencia militar de Rusia inquieta y preocupa al poder en Washington, así
como a sus aliados de la Unión Europea.
El incidente de los bombarderos rusos en el Pacífico estuvo precedido de otro
percance militar en Georgia, donde el lunes cayó un misil de fabricación rusa,
que el gobierno pro-Washington denunció como un ataque de Moscú a su territorio.
Según la analista Lulia Latynina, Moscú no avanzará más allá de las
demostraciones de fuerza. "Por el momento, sólo mostramos nuestra fuerza, con lo
de los bombarderos y la bandera bajo el Polo Norte. Pero no hacemos la guerra",
señala.
El presidente ruso, Vladimir Putin, acaba de anunciar la puesta en marcha de
un nuevo programa de defensa antiaérea durante una visita a una estación de
radar en las afueras de San Petersburgo.
"Esto es lo que yo llamo innovación de las Fuerzas Armadas. Mucho más
barata, efectiva y fiable", dijo Putin, citado por las agencias rusas.
El radar, inaugurado en diciembre pasado, permite a Rusia controlar el
territorio que se encuentra entre el norte de África y el Polo Norte.
Los movimientos de "demostración de fuerza" son paralelos al anuncio oficial de
una nueva ronda de conversaciones, en septiembre, entre los
ministros de Exteriores y de Defensa de Rusia y EEUU (secretario de Estado y
jefe del Pentágono en el caso de EEUU).
Según los expertos, con sus
movimientos de exhibición de fuerza Putin presiona para que EEUU congele
sus planes y desplazamientos militares en Europa que, por medio de la OTAN,
han creado un cerco alrededor de Rusia.
Pero hay otra lectura de los
analistas rusos, según la cual, Rusia, socia estratégica del régimen de Teherán,
intenta disuadir con su aparato militar a EEUU de un ataque a Irán que
podría desencadenar un conflicto militar entre ambas potencias.
Para el conjunto de los
analistas europeos y estadounidenses,
la
asociación estratégica Rusia-Irán y el
"efecto musulmán" son las dos cartas fundamentales que los
halcones norteamericanos e israelíes deberán evaluar antes de lanzar los misiles
contra las instalaciones nucleares de Teherán.
Petróleo y "efecto musulmán":
una combinación letal que podría convertir un ataque militar a Irán en una
tercera guerra mundial íntercapitalista con EEUU y Rusia como actores
principales.
Según sugieren algunos analistas
militares estadounidenses, la demostración del poder militar de Rusia esta
destinado a que los estrategas y generales del Pentágono "piensen dos veces"
antes de atacar Irán.
******