En este contexto internacional,
la
llamada nueva "guerra fría" de Rusia con EEUU (y el bloque aliado de la Unión
Europea) es principalmente por áreas de influencia comercial y competencia por
los mercados: el Estado capitalista ruso vs. el sistema capitalista
occidental de libre mercado, liderado por EEUU como potencia locomotora.
En este punto parecía centrarse la
disputa "intercapitalista" entre Washington y Moscú hasta que el año
pasado Putin, los funcionarios y los militares rusos, comenzaron a utilizar un
claro lenguaje de "confrontación" con Washington, simultáneo a un sinceramiento
de una carrera armamentista acelerada y una estrategia fundamentada en el
desarrollo energético.
Favorecido por los
altos precios del petróleo, con $200.000 millones en reservas de
oro y divisas duras, y con su renovado sistema de armamento
nuclear y convencional, el gobierno de Putin comenzó a
desafiar a la hegemonía imperial estadounidense en relación
con Irán, Venezuela, Corea del Norte y el Gobierno palestino de
Hamás.
También en ese
escenario, el "factor Chávez" en Venezuela comienza a jugar un
rol clave y determinante en la relación Washington-Moscú.
En el marco de la
nueva "guerra fría"
se
destaca el choque de intereses geopolíticos entre Rusia y
Estados Unidos en los ex enclaves soviéticos de Europa del Este
y el Asia Central, a los cuales se vinculan las revueltas en
Kirguizistán y Uzbekistán con los últimos cambios
políticos en Georgia, Ucrania y Moldavia.
Moscú afirma que EEUU y sus socios de la Unión Europea,
utilizando la fachada de organizaciones no gubernamentales (ONGs),
vienen realizando una campaña desestabilizadora contra Rusia
y contra el espacio post-soviético, y la frustrada operación
en Bielorrusia (cuyos recientes comicios fue ganada por el
presidente pro-ruso), conformó la jugada más reciente en ese
tablero.
El cruce más duro
entre Washington y Moscú se dio en mayo del año pasado cuando
Dick Cheney, el desprestigiado vicepresidente de EEUU,
declaró que ''En muchas áreas de la sociedad civil, desde la
religión y los medios de comunicación hasta los grupos
independientes y los partidos políticos, el gobierno (ruso) ha
restringido injustamente los derechos de su pueblo''. Cheney
también criticó la utilización del petróleo y el gas rusos para
amedrentar a sus vecinos.
Vladimir Putin (al
igual que el sábado de la semana pasada) respondió criticando a EEUU por
desatar una nueva carrera armamentista que obligará a Rusia
a modernizar sus fuerzas armadas.
Para el influyente
diario de negocios 'Kommersant" las palabras de Cheney marcaron
el "comienzo de la segunda Guerra Fría", y se remontaron
al famoso discurso de Churchill en Fulton (Missouri), en el que
condenó el expansionismo de la Unión Soviética en la Europa
oriental con el rótulo de "Cortina de Hierro" que durante
décadas expresó la división entre el este y el oeste.
Esta semana, a un mes
de una cumbre con Bush en Washington, Wladimir Putin blindó aún
más la dureza de su discurso hasta llegar a calificar de
"imperialista" la política de EEUU en una clara muestra de
que la "guerra fría" ya no es una invención de los analistas.