l Banco Internacional de Pagos (BIP), en su lúgubre reporte anual
número 77, pronunció la impronunciable "Gran (sic) Depresión" de 1930 como una
probabilidad en el radar financiero global, como resume el solvente columnista
Ambrose Evans-Pritchard de The Daily Telegraph (24.06.07), rotativo muy
cercano a la omnipotente banca israelí-anglosajona: "El BIP alerta sobre los
peligros de una Gran (sic) Depresión debido a la orgía crediticia".
Identifiquemos antes al impúdico aguafiestas del BIP, cuyas
"alertas" ominosas colisionan con la hiperoptimista fauna neoliberal mexicana.
El BIP (BIS, por sus siglas en inglés) constituye el "banco central de los
bancos centrales" con sede en Basilea, Suiza, es decir, la última instancia
mundial de pagos del sistema monetario internacional vigente. Just that!
Evans-Pritchard comenta que el BIP, "el cuerpo financiero más
prestigioso (sic) del mundo ha alertado que los años de política monetaria laxa
han alimentado una burbuja crediticia peligrosa, dejando la economía global más
vulnerable a otro derrumbe al estilo de la década de 1930 (¡supersic!)"
El BIP pone en tela de juicio la "nueva era" que pregonan "varios
comentaristas", cuando en realidad "virtualmente nadie previó la Gran Depresión
de los años 30 o las crisis que afectaron a Japón y al sudeste asiático a
inicios y finales de la década de los 90, que fueron precedidas por un periodo
de exuberante crecimiento no-inflacionario".
Miente el BIP, ya que desde hace mucho tiempo varios economistas muy
solventes han prevenido sobre la implosión del sistema financiero neoliberal, de
lo cual ha hecho eco Bajo la Lupa.
El BIP no aporta nada novedoso y tardó demasiado tiempo,
prácticamente una década, en percatarse de la "confluencia de signos
preocupantes", tales como la "emisión masiva de exóticos instrumentos de
crédito, elevados niveles de deuda de los hogares, apetito (sic) extremo por el
riesgo exhibido por los inversionistas y desequilibrios arraigados (sic) en el
sistema mundial de divisas", que hemos citado hasta el aburrimiento.
¿Sin la colaboración
demencial de los bancos centrales del G-7,
extensivo al G-10 (que en realidad son 11: ¡ni siquiera saben sumar a sus
miembros!), hubiera sido posible la creación de tantas burbujas especulativas,
consustanciales al monetarismo centralbanquista neoliberal?
El BIP llora como niño lo que no supo prevenir a tiempo como ser
maduro, en lo que precisamente consiste una de sus tareas primarias. Pero ya
cuentan con el chivo expiatorio idóneo, como lo constituyó el exorcismo de Japón
en la década de los 80, lo que un siquiatra avezado y abusado definiría como "ya
visto" y "ya escuchado": China, que "ha repetido los desastrosos (sic) errores
de Japón en la década de los 80 cuando sucumbió al exceso de liquidez".
Entre el martillo del BIP y el yunque del Fondo Monetario
Internacional (FMI) -simultáneamente en manos del Partido Popular español y el
Aznarstán (ver Bajo la Lupa, 24.06.07)-, buscan echar la culpa a China por el
inminente estallido de las burbujas que legó Alan Greenspan, el mago malhadado y
malvado.
El BIP arremete
que "alrededor de 40 por ciento de las empresas
propiedad del Estado chino no tiene remedio y expone a su sistema bancario a un
probable estrés", mientras le asestan un diluvio de epítetos negativos: "su
crecimiento es inestable, desequilibrado, descoordinado e insostenible". ¿Qué
epítetos le dejan entonces a Estados Unidos (EU)?
Apenas si el BIP se atreve a tocar siquiera con el pétalo de una
rosa a la Reserva Federal, la matriz de todos los males monetaristas del
planeta, y critica levemente el experimento de Greenspan de haber proseguido su
"estrategia de crear burbujas" que pretendió "poder limpiar" después. Asienta
que tal abordaje "fracasó en EU en la década de los 30 y en Japón en 1991,
debido al exceso de deudas".
Pone en evidencia el descomunal déficit de cuenta corriente de EU,
resalta el desplome sin precedente de su ahorro que ha hecho "muy vulnerable al
dólar", para luego enfocarse en la "emisión récord" de "obligaciones
colateralizadas de deuda" (CDO, por sus siglas en inglés) por 470 mil millones
de dólares, sumadas de otras CDO sintéticas (sic) por 524 mil millones
adicionales". Evans-Pritchard explica que las CDO "son similares a paquetes de
bonos hipotecarios y de otros tipos de deuda", mediante los cuales los "bancos
transfieren su exposición a los compradores de seguros, lo que les confiere poco
incentivo para evaluar los riesgos".
Las megafusiones (M&A, por sus siglas en inglés) alcanzaron 4.1
millones de millones de dólares (trillones en anglosajón) y las "compras
apalancadas" (leverage buy-out), dicho en castizo, vulgares "compras de
saliva", llegaron a 753 mil millones de dólares, lo cual se refleja en una
proporción deuda/efectivo de caja de 5.4. Concluye que "tarde o temprano el
ciclo de los créditos variará y las tasas de quiebra empezarán a aumentar".
En una nota alusiva, la agencia británica Reuters (24.06.07) reporta
que el gerente general del BIP, Malcolm Knight, aconsejó a los bancos centrales
del mundo "incrementar aún más sus tasas de interés con el fin de abatir las
presiones inflacionarias" -a lo que ya se había adelantado el gobernador del
Banco de Inglaterra, Mervyn King, como avisamos a tiempo en Bajo la Lupa
(20.06.07): "La quiebra del sistema financiero anglosajón -y del G-7".
En este contexto delicado para las finanzas globales, para no
variar, los grotescos poseídos neoliberales "mexicanos" Agustín Carstens, ex
funcionario del FMI que EU colocó en la Secretaría de Hacienda, y Guillermo
Ortiz Martínez, el locuaz gobernador del Banco de México, no cesan de regurgitar
su hiper-optimismo por encima del muy serio Henry Hank Paulson,
secretario del Tesoro de EU, quien hace mucho que perdió afortunadamente el
habla.
Se acumulan las pésimas noticias (que nos disculpen los poseídos
neoliberales). Peter Schiff, presidente de Euro Pacific Capital (con sede en
Connecticut) alertó sobre la "catástrofe" (¡literal!) potencial en el mercado de
CDO a consecuencia del colapso de los "fondos de cobertura de riesgo" (hedge
funds) de la estadunidense Bear Stearns, una de las principales corredurías
y banca de inversiones y seguros del mundo.
Se pusieron de
moda las CDO y Standard & Poor's, que pertenece a la
empresa McGraw Hill que publica la revista The Business Week y de cuyo
consorcio fue importante ejecutivo nada menos que el superespía devaluado John
Dimitri Negroponte, degradó un buen cúmulo de CDO, a lo que se han sumado las
calificadoras Moody's y Fitch Ratings.
Sin profundizar demasiado, baste señalar que los críticos de las CDO
argumentan que no valen nada, ya que su valor ficticio forma parte de un engaño
contable muy elaborado. Ni más ni menos que el prototipo del "síndrome Enron",
pero con otros instrumentos de superchería más sofisticados de ingeniería
financiera. Mejor aquí nos detenemos.