l débito británico "se duplicó en solamente siete años", y
consideran que la reciente advertencia del gobernador del Banco de Inglaterra
(el banco central), Mervin King, connotado ultraconservador, "marca el fin de la
década decadente (sic) de la historia británica".
En una nueva tónica de "hablar crudamente", King (quien, por cierto,
ya tuvo un choque público con el devaluado Alan Greenspan) advirtió que si los
británicos no cesan su consumismo "seguiría elevando las tasas de interés hasta
que la creciente amenaza de la inflación fuese eliminada".
El apretón de las tasas de interés "es la mitad de la historia", ya
que "al otro lado del Atlántico" el costo de los préstamos ha alcanzado al
"colosal mercado de deuda estadunidense, los Bonos del Tesoro". El "desplome de
los precios en el mercado de bonos ha puesto fin a la edad de oro, durante la
cual la economía global había operado con un combustible supercargado de dinero
barato".
Recalcan que el "dinero barato, alimentado por el mercado de bonos,
ha permitido las nuevas alturas de la bolsa y ha tenido parte en el auge del
consumo de deuda, permitiendo el ensanchamiento del pasivo personal".
La adicción de la dupla anglosajona por el crédito es proverbial, y
de él depende su consumo consuetudinario. El crédito al consumo como porcentaje
del producto interno bruto (PIB) representa 18.4 por ciento en Estados Unidos y
16.5 en Gran Bretaña, mientras en la eurozona (a la que no pertenece este
último) es menor: 7 por ciento, lo que promedia el 9.9 de Alemania, 9.4 de
España, 7.3 de Francia y 5.8 de Italia.
El artificial "milagro económico" gonzalista-aznarista de la "España
neoliberal", que participó en la calamitosa invasión anglosajona a Irak y avaló
la devastación de Líbano por el ejército israelí -sin contar su celebración por
el fraude electoral de Felipe El Breve, impuesto por las mismas
instancias petroleras anglosajonas para regalar el golfo de México a las
trasnacionales texanas y españolas-, constituyó un artefacto contable financiero
de la dupla anglosajona, cuando su decadencia se subsume en la irrelevancia de
su petrolera depredadora Repsol, también quebrada, según las excavaciones de
Le Monde Diplomatique (ver Bajo la Lupa, 27/5/07).
La
"España neoliberal", que, por cierto, no pertenece al G-7 y no
tiene nada que ver con la gloriosa España renacentista, ha sido inflada como la
"cuarta potencia geoeconómica europea", pero no pudo aguantar el alza minúscula
de las tasas de interés que ha llevado al estallido de su burbuja especulativa
de bienes raíces, que orilló a su banco central a desprenderse de cuantiosas
reservas de oro. Definitivamente, los aztecas y los incas, despojados de su oro,
no supieron para quiénes trabajaron a largo plazo.
No vamos a entrar en profundidades hermenéuticas sobre los fundados
rumores de la posesión catastral, tras bambalinas, del Banco Santander por los
intereses "reales" (en el doble sentido de la palabra) de la reina de
Inglaterra, pero el modelo neoliberal hispano está quebrado financieramente, a
imagen y semejanza de su matriz obstétrica en la City. Los irrelevantes Aznar y
Fox son los deleznables peones del parasitario modelo anglosajón en Iberoamérica,
que ya está siendo arrojado al basurero de nuestra historia por el despertar
maravilloso del poder ciudadano.
El temor de Roberts y Dey culmina en la "amenaza de una inminente
sequía crediticia", y citan a Georgina Taylor, estratega europea de Goldman
Sachs, quien considera que "la economía de Gran Bretaña se ha vuelto vulnerable"
cuando la orgía consumista financiera ha llegado a su fin.
La caída anglosajona, centro del viejo orden financiero global, no
será un acto aislado y ocasionará profundas repercusiones en la nueva
correlación estratégica de fuerzas. A The Daily Telegraph (16/6/07),
rotativo neoconservador de la City, vinculado al partido Likud israelí, no se le
podía escapar la trascendencia del reclamo de Vlady Putin por un "nuevo orden
financiero multipolar" durante el Foro Económico de San Petersburgo (ver Bajo la
Lupa, 13/6/07). Desde el punto de vista estratégico, Putin, ungido por Bajo la
Lupa como el zar geoenergético global, "escogió muy bien su momento", a juicio
del rotativo londinense, cuando naufragan el FMI, el Banco Mundial y la OMC:
"tocó las costuras profundas de resentimiento, construidas durante varias
generaciones, en capitales como Bogota (¡supersic!)y Pekín".
Curiosamente, The Daily
Telegraph adopta la tesis nodal de
nuestro reciente libro Hacia la desglobalización (ed. Jorale, 07),
sobre la implantación de la regionalización: "De hecho, nos encontraríamos al
borde de un retorno a la norma histórica del regionalismo económico global, con
todo el conflicto que conlleva". Trasmina el dolor anglosajón por la nueva
realidad multipolar.
Llegó el "día del juicio final" del sistema financiero anglosajón y,
por extensión, del G-7, empapados en una deuda impagable.
La inviabilidad del sistema parasitario anglosajón, en particular,
de las finanzas de papel chatarra de Estados Unidos, no representa
ninguna novedad para los dilectos lectores de Bajo la Lupa (ver La quiebra
financiera de Estados Unidos, según la Reserva Federal, de St. Louis y
Kotlikoff, 21/7/06).
Hoy, la noticia se centra en la aceleración de la descomposición de
un sistema que ya era insostenible desde 1971, fecha del desacoplamiento del
dólar estadunidense del patrón oro, cuando el mundo occidental entró en la
demencial flotación de las divisas y las matemáticas financieras pretendieron,
mediante la alquimia, transmutar el valor de las materias primas
(primordialmente del oro negro) en papel chatarra del dólar
estadunidense y deglutir los intercambios estables de bienes y servicios en una
nueva economía ficticia, sustentada en la ingeniería financiera bajo la
cobertura nuclear unipolar de Estados Unidos.
El gangrenado sistema financiero anglosajón, producto del triunfo de EU en
tres guerras mundiales (incluida la guerra fría), impuso
unilateralmente su orden financiero, y ahora su patología terminal agoniza en
los cuidados intensivos del nuevo orden geoestratégico multipolar y su correlato
de un nuevo orden financiero global en ciernes, que expresa el ascenso
irresistible del BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y otras potencias
emergentes petroleras (Venezuela, Irán, Arabia Saudita, etcétera: las Nuevas
Siete Hermanas petroleras estatales), que asientan el orden neonacionalista de
la globalización petrolera como subdivisión de la globalización económica
multipolar, y a las que pretendió deglutir la desregulada globalización
financiera neofeudal unipolar de puro papel virtual.
El retorno del nacionalismo es el principal antídoto del caduco
orden financiero anglosajón, que feneció por su codicia: uno de los siete
pecados capitales y principal pecado del capitalismo.