cada quien sus gustos, pero la rusofobia de Zbigniew
Brzezinski carece de sustento cuando Moscú compite con Washington tanto en el
ámbito nuclear como en el rubro satelital.
Bajo la Lupa
(*) se pronunció hace mucho por el orden hexapolar
(7/805) que junto a las cuatro potencias nucleares y gigantes geoeconómicos (EU,
UE, India y China) omite a Japón y agrega a Brasil, lo cual nos ha sido
criticado como romanticismo latinófilo.
En el contexto de la feroz arremetida del zar ruso Vladimir Putin
contra el unilateralismo bushiano y su ilusión unipolar, durante la reciente
reunión Wehrkunde en Munich de la elite militar occidental (que amerita un
análisis especial) y en vísperas de su temerario periplo a Arabia Saudita, Qatar
y Jordania, los geoestrategas rusos se pronuncian por el nuevo orden
pentapolar que destierra a Brasil y donde Rusia jugaría el papel de
"árbitro geopolítico".
Declaraciones fuertes de los rusos ha habido a torrentes (v.g
las del canciller Sergei Lavrov a The Washington Post, 4/2/07) como
reflejo de las agudas tensiones internacionales y del proyecto de despliegue
unilateral de misiles de la OTAN en la república Checa y Polonia.
Los geoestrategas rusos han abierto su juego. El ex primer ministro
Yevgeny Maksimovich Primakov, quien lanzó el concepto del "triángulo
geoestratégico" entre Rusia, India y China para contrarrestar la fulminante
avanzada anglosajona en Eurasia en 1998, no hace mucho expuso el papel
indispensable de Rusia como facilitador para contribuir en la
resolución de conflictos en los puntos calientes del planeta.
Ya se volvió una obsesión rusa el "nuevo orden multipolar". En su
conferencia de prensa del 23 de enero pasado, realizada en el balneario Sochi,
junto con el premier italiano Romano Prodi, Putin adelantó las grandes líneas de
su intervención ulterior en Munich.
El canciller Lavrov aboga por una "política exterior autónoma de
Rusia", que goza de una ubicación privilegiada en Eurasia, y en su artículo en
Moskovskiye Novosti (19/1/07) adelanta igualmente las grandes líneas de
la feroz arremetida de Putin en Munich; considera acertadamente que el mundo no
se volvió más seguro después de la guerra fría y una de las razones es
el "declive de la globalización", lo cual se conjuga en sintonía con nuestro
teorema de la desglobalización (ver Bajo la Lupa (*), 11/2/07).
El general Makhmout Gareev, presidente de la Academia de Ciencias
Militares de Moscú, fue entrevistado sobre la "nueva doctrina militar rusa" por
Viktor Litovkine, comentarista militar de RIA Novosti (Business Day,
18/1/07).
A De Defensa (5/2/07), centro de pensamiento europeo de estrategia
militar, le llamó la atención un corto pasaje muy significativo de la entrevista
a Gareev, que visto en retrospectiva presagiaba también la feroz arremetida del
zar ruso Putin contra la unipolaridad bushiana: "El análisis de las tendencias
del desarrollo de la situación internacional muestra que la política seguida por
EU conducirá inevitablemente a la confrontación con una parte importante del
mundo. Y las condiciones han sido reunidas objetivamente para una intervención
de Rusia en calidad de árbitro geopolítico".
Algo que nos perturba de Makhmout Gareev es su pertenencia a la
escuela de la candidez estratégica del súper ingenuo mariscal Nikolai Ogarkov,
quien se rindió en forma asombrosa ante Reagan y Thatcher. Pero dejando atrás
nuestras reticencias, es indudable que Gareev se ostenta como el mensajero del
olimpo militar ruso que se pronuncia por el orden pentapolar: "no
existe alternativa (sic) al orden multipolar con EU, UE, Rusia, China e India
como centros mayores de influencia". Digno de notarse es su orden taxonómico:
Rusia como país intermedio y pivote euroasiático entre dos potencias
occidentales (EU y UE) y dos potencias asiáticas (China e India).
Makhmout Gareev marca con nitidez el carácter "defensivo" de la
nueva estrategia militar frente a la brutal ofensiva de EU que fomenta guerras
para buscar recursos naturales ajenos como los hidrocarburos. Tanto Primakov
como Gareev han afirmado de forma categórica que no desean confrontación alguna
con EU. ¿Es posible cuando el unilateralismo y su guerra preventiva
toca a las puertas de Rusia y China?
A
nuestro juicio, los geoestrategas rusos entierran la previa
política de "cooperación" a todas luces inviable, mediante la cual EU les tomó
el poco pelo que les quedaba. Rusia no confronta a EU, sino que más bien se
libera de su complejo de inferioridad de su etapa fantasmal Andropov-Gorbachov-Yeltsin.
Con el simple hecho de existir, Rusia representa un dique al irredentismo
anglosajón.
El abordaje del general Gareev es multidimensional: "la defensa"
constituye la intersección de los "planos económico, militar-industrial y
político-moral (¡súper sic!)". Detecta adecuadamente la etiología de las guerras
por venir: "los factores ambientales y energéticos constituirán en los próximos
(sic) 10 o 15 años la causa principal (¡súper sic!) de conflictos políticos y
militares. Ciertos estados (sic) se esforzarán en tomar el control de recursos
energéticos, como sucedió en Irak, y los otros países no tendrán otra solución
que resistir o perecer" (sic). ¿Cuáles serán tales "estados" que no sean los
"Unidos de Norteamérica"?
¿Representa el temerario periplo del zar ruso Putin a la esfera de
influencia de EU en el Medio Oriente un avance de su arbitraje geopolítico?
¿Aceptará sin chistar la banca israelí-anglosajona, sedienta de sangre para una
tercera guerra mundial, la idílica propuesta de "arbitraje geopolítico"?
¿Abandonan los rusos su candidez proverbial de la etapa Andropov-Gorbachov-Yeltsin
que estuvo a punto de llevarlos a su defunción de no haber sido por los errores
garrafales que cometió EU en Medio Oriente, lo cual redimensionó al mundo
geoenergético? Para ser estrictos, la candidez rusa, un derrotismo suicida
de inexplicable descerebración conceptual, se gestó durante el estancamiento de
la etapa Brejnev y se propagó durante el periodo Andropov y, sobre todo, con el
mariscal Nikolai Ogarkov (ver Bajo la Lupa (*), 14/8/05 y 6/11/05).
Nadie está alentando a una guerra nuclear entre las dos
superpotencias, menos Bajo la Lupa (*) que simboliza una gota de agua pacifista en
el océano bélico, pero no se puede llegar a tanta irresponsabilidad en los
asuntos internacionales que alcanzó como nadie Boris Nikolayevich Yeltsin, quien
desmanteló, más que la infraestructura estratégica, el alma grandiosa del pueblo
ruso totalmente postrado y castrado frente a EU, lo cual por fortuna, para los
rusos y el mundo, parece desear revertir el zar Vladimir Putin.