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(IAR-Noticias)
13-Febrero-07
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Protesta contra el Foro Económico Mundial, a finales de enero pasado (Foto:
Reuters)
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El incomensurable historiador británico Eric
Hobsbawm advierte que el capitalismo pudo reponerse después de
su fuerte tropiezo en el siglo XIX, como consecuencia del
desplome de la bolsa de valores de Viena en 1873 y la Gran
Depresión que duró a partir de entonces 23 años hasta 1896.
Por Alfredo Jalife Rahme -
La Jornada (*)
A diferencia del ocaso del siglo
XX y el alba del XXI, que
asentaron los reales del mundo unipolar, como resultado de la
disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, lo
cual sepultó al mundo bipolar nuclear, el siglo XIX fue
eminentemente multipolar en su dimensión europea durante una
centuria, como dejó asentado el Congreso de Viena del mundo
posnapoléonico hasta la detonación de la Primera Guerra Mundial.
La derrota militar de la dupla anglosajona en Irak desencadenó
cuatro efectos trascendentales contrarios a sus objetivos
buscados expresamente y que subsumen la azorante y vertiginosa
decadencia de Estados Unidos: 1. no pudo capturar el "oro negro"
de la antigua Mesopotamia, lo cual encumbró su cotización y,
como corolario, aceleró la devaluación del dólar, mientras
desnudaba la amarga realidad de la vulnerabilidad de su
economía; 2. no pudo imponer su "nuevo orden unipolar" mediante
el unilateralismo y la guerra preventiva, lo cual ocasionó el
nacimiento del nuevo orden multipolar (todavía en pañales); 3.
no pudo contener a China, que emergió como nueva potencia
geoeconómica y geofinanciera global, además de que, desde el
punto de vista geopolítico, orilló a la profundización de la
alianza militar de China con Rusia en el Pacto de Shanghai, y 4.
aceleró el proceso de desglobalización, en detrimento de la
globalización financiera: el feudo inexpugnable de la dupla
anglosajona.
Se trata más bien del "fin de una era", el punto de inflexión
del breve periodo unipolar, que detectan los radares de la
sindéresis desde Moscú hasta Davos (sede del cada vez más
deprimente foro mundial de las elites empresariales de la
globalización alicaída) y que se trasluce mediante el abordaje
del fecundo análisis multidimensional que utiliza las
herramientas geoeconómicas, geofinancieras, geoenergéticas y
geopolíticas.
Mientras Davos sucumbe en la esquizofrenia (Bajo la Lupa (*),
7-02-07), el nuevo orden pentapolar, según la flamante
cosmogonía de los estrategas rusos, exhibe claroscuros de orden
y desorden que caracterizan a las fases de transición de los
"sistemas complejos": sus "fractales" (zonas de orden en medio
del desorden) son oscuros, mientras son más claras las
"amenazas" que "han cambiado a velocidad caleidoscópica", según
las apreciaciones del canciller ruso, Sergei Lavrov.
Los poseídos por la globalización, otro fundamentalismo
financiero en la larga historia de las sicosis colectivas del
género humano, se encuentran en estado de choque ante la
perturbadora nueva realidad que desquicia su endeble salud
mental, como el suizo Klaus Schwab, fundador del Foro Económico
Mundial de Davos, quien confesó que los globalizadores "se
enfrentan a un mundo esquizofrénico. Mucho más complejo y cada
vez más difícil a entender" (Le Monde, 20-01-07). Parodiando a
Jean-Paul Sartre, "la esquizofrenia son los otros, no nosotros",
pareciera ser la muy poco convincente exculpación de los
poseídos neoliberales globales.
Si aplicamos la teoría de "sistemas complejos" del premio Nobel
de Química ruso-belga Ilya Prigogine a la caótica situación
presente, quizá nos encontremos ante una clásica "bifurcación"
del sistema inoperante cuando desaparecen las previas certezas
para dar pie a nuevas incertidumbres.
Ante la "bifurcación" del presente se insinúan tres escenarios
posibles como consecuencia del teorema de la desglobalización:
1. la globalización suave y reformada; 2. la regionalización con
economía mixta y mayor regulación, y 3. socialismo del siglo xxi
y/o neorrenacentismo humanista: el ser humano en el centro de
los intercambios en lugar del mercado.
En esta fase nada gloriosa del mundo hipermaterialista y
bursatilizado, pese a todo el prodigioso cúmulo tecnológico, el
tercer escenario, de corte idealista, pudiera parecer utópico, y
causará las más acerbas críticas, que la descalificarán desde
descabellada hasta anacrónica. Que algunos soñadores lo citen en
este mare mágnum financierista y consiga perturbar la tiranía de
los multimedia globales, constituye una hazaña mental y tiene en
su favor teórico que desplaza a la entelequia del "mercado" por
el ser humano: la constante invariable de la nueva ecuación de
salvación y redención de la nueva centuria. El "socialismo del
siglo xxi", que está siendo experimentado en forma incierta en
Sudamérica, el otrora patio trasero de Estados Unidos a partir
de su autoproclamado "destino manifiesto" decimonónico, sufrirá
las peores críticas de la banca israelí-anglosajona. Las
liberaciones financieras suelen ser muy costosas.
Desde nuestra perspectiva, el crepúsculo de la globalización que
entró al proceso de desglobalización (Bajo la Lupa
(*), 31-01-07; 4
y 7-02-07) tenderá hacia el segundo escenario (regionalización
con economía mixta y mayor regulación) repleto de claroscuros y
conectado laxamente en esta fase de transición con el primer
escenario (globalización suave y reformada), que encumbra al
mercado por encima del ser humano, pero mucho más estrechamente
vinculado al tercer escenario (socialismo del siglo xxi y/o
neorrenacentismo humanista) que asciende y trasciende al ser
humano por encima del mercado.
En los tres escenarios, de menor a mayor grado, regresa el ser
humano al proscenio del mundo.
Tras haber coqueteado con la perdición de las almas y la
extinción ambiental, son tiempos de reconstrucción y de erección
de nuevas instituciones donde reinen las tres letras B de la
salvación y la redención: biodiversidad, bioética y biosfera.
La biodiversidad de todas las especies vivientes de la creación
es generadora de la vida en el planeta y debe reflejarse como su
corolario de expresión plural y multicultural en la actividad
ideológica, en la coexistencia comunitaria, la reverencia
multirracial y el diálogo de las civilizaciones.
La bioética representa el puente conceptual entre tecnología y
humanismo. La ciencia sin conciencia es nesciencia. La
tecnología sin humanismo es la barbarie de Hiroshima y Nagasaki;
la tecnología con humanismo constituye la odisea en el espacio,
la hazaña del genoma humano, la conservación del ambiente, la
preservación de los códigos genético y de Hammurabi, y nuestra
escalera hacia el futuro.
Es imperativo rescatar al género humano secuestrado por sus
peores enemigos, pero también urge detectar los fractales los
espacios de orden en medio del desorden de la civilización
humanista, válgase la tautología, para reorganizar al mundo y
sus moradores en forma más armónica y equilibrada con un sentido
de preservación de la biosfera, el concepto vanguardista del
genial geoquímico ucraniano Vladimir Vernadsky: el hábitat de
todo ser viviente de la creación, donde dañar en el corto plazo
una de sus partes equivale a un suicidio en el mediano plazo.
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(*) "Bajo la Lupa" -Columna del autor en La Jornada, México
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