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IRAK  

 

Retirarse de Irak no es opción para los EE.UU.

 
 

(IAR-Noticias) 08-Febrero-07

La política exterior norteamericana debe reconstruir una estrategia de vinculación entre poder y diplomacia que permita estabilizar a Irak y Oriente Medio sin descartar conversaciones con Siria e Irán.

Por Henry Kissinger (*) - Tribuna Media Services / Clarín

La audaz decisión del presidente George W. Bush de disponer un "aumento" de 20.000 efectivos estadounidenses en Irak llevó el debate sobre la guerra a una etapa definitoria. No habrá oportunidad de otra reevaluación.

El desencanto de la opinión pública estadounidense generó crecientes demandas de algún tipo de retirada unilateral, que suelen manifestarse en forma de exigencias a plantear al gobierno de Bagdad y que, de no cumplirse en plazos específicos, darían lugar a un alejamiento de los Estados Unidos.

En las condiciones actuales, sin embargo, la retirada no es una opción. Las fuerzas estadounidenses son indispensables. No se encuentran en Irak como un favor al gobierno de ese país ni como recompensa por su conducta.

Están ahí como expresión del interés nacional de los Estados Unidos por evitar que la combinación iraní de ideología imperialista y fundamentalista domine una región de cuyas reservas de energía dependen las democracias industriales. Una abrupta partida estadounidense complicaría mucho los esfuerzos de alejar la marea terrorista de Irak. Los gobiernos frágiles desde Líbano hasta el Golfo se verían tentados a hacer concesiones preventivas. El conflicto sectario de Irak podría alcanzar dimensiones genocidas, más graves que las que dieron lugar a una intervención estadounidense en los Balcanes.

La decisión del presidente Bush, por lo tanto, no debe analizarse en términos de la estrategia de "mantener el rumbo" que éste desechó una y otra vez en los últimos días. Debe considerársela el primer paso hacia una nueva estrategia de vinculación de poder y diplomacia para toda la región, dentro de lo posible con bases no partidarias.

El objetivo de la nueva estrategia debe ser demostrar que los Estados Unidos están decididos a desempeñar un papel importante en la región, a adaptar el envío de fuerzas y su cantidad a las realidades emergentes, así como a proporcionar un espacio de maniobras para un gran esfuerzo diplomático de estabilización.

En lo que respecta a las amenazas a la seguridad de Irak —la intervención de terceros países, la presencia de combatientes de Al Qaeda, un elemento criminal de gran envergadura, el conflicto sectario—, los intereses nacionales de los Estados Unidos pasan por derrotar las dos primeras. No tienen que participar en el conflicto sectario, y mucho menos ser utilizados por un bando para sus propios objetivos.

A medida que evolucione esa estrategia abarcadora, hay que trasladar las fuerzas estadounidenses de las ciudades a otros enclaves, de modo tal que éstas puedan distanciarse de la guerra civil y concentrarse en las amenazas que se describieron antes.

La misión principal sería la de proteger las fronteras de la infiltración y evitar la creación de zonas de entrenamiento de terroristas o un control de tipo talibán en regiones importantes. En ese momento sería posible una reducción significativa de las fuerzas estadounidenses.

Esa estrategia haría que las retiradas dependieran de la situación real, y no al revés. También brindaría tiempo para elaborar una diplomacia cooperativa para la reconstrucción de la región, que comprendería el avance hacia una solución de la cuestión palestina.

A los fines de tal estrategia, no es posible desechar el instrumento militar y confiar, como sostienen algunos, sólo en los medios políticos. La diplomacia pura es una vieja ilusión estadounidense. La historia nos da pocos ejemplos de ello. El intento de separar la diplomacia y el poder da lugar a un poder al que le falta dirección y a una diplomacia privada de estímulos.

La diplomacia es el intento de persuadir a otra parte de adoptar un rumbo compatible con los intereses estratégicos de una sociedad. Es evidente que eso implica la capacidad de generar un cálculo que impulse o recompense el rumbo deseado.

Pocos desafíos diplomáticos son tan complejos como el que se relaciona con Irak. Hay que relacionar ese proceso con una idea internacional que comprenda tanto a los vecinos de Irak como a países muy alejados que tienen interés en el resultado.

Son necesarios dos niveles de diplomacia:

  • La creación de un grupo de contacto que reúna a los países vecinos cuyos intereses se ven directamente afectados y que dependen del apoyo estadounidense. Su función sería la de asesorar sobre la eliminación del conflicto interno y crear un frente unido contra la dominación externa.
     

  • Deben llevarse a cabo negociaciones paralelas con Siria e Irán, que ahora aparecen como adversarios, a los efectos de darles la oportunidad de participar en un orden regional pacífico.

    Ambas categorías de consultas deben llevar a una conferencia internacional que incluya a todos los países que deberán desempeñar un papel estabilizador en el resultado al que se llegue, específicamente los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, así como países como Indonesia, India y Pakistán.

    Los Estados Unidos no pueden cargar indefinidamente con el peso tanto del resultado militar como de la estructura política. En algún momento Irak tiene que reintegrarse a la comunidad internacional y otros países deben estar dispuestos a compartir la responsabilidad de la paz regional.

                                ******

    (*) Henry Kissinger. Ex secretario de Estado de los EE.UU
    Traducción: Joaquín Ibarburu.

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