Embarcado ya en una "guerra global contra el terrorismo" en Afganistán y en
Irak, Estados Unidos acaba de inaugurar un tercer frente (1) en Somalia. Sus
recientes incursiones aéreas y el envío de buques de guerra prueban que, a los
ojos de Washington, que ya puso en marcha a finales de 2001 una coalición
antiterrorista en el golfo de Adén, el Cuerno de África es de ahora en
adelante parte del teatro de operaciones contra de la red de Al Qaeda..
Por
Ignacio Ramonet - Le Monde Diplomatique
Financiada por los comerciantes de Mogadiscio, cansados de los abusos de
los señores de la guerra, la Unión de los Tribunales Islámicos echó a estos
últimos y tomó la capital en junio de 2006.
Tras haber demostrado una visión estrecha de la "lucha contra el
terrorismo" y apostado por los señores de la guerra, Estados Unidos no acepta
este nuevo orden. Más aún cuando los Tribunales son acusados de recibir ayuda
de Irán. Por eso, el Pentágono está impulsando a la Etiopía cristiana, que se
beneficia de un programa de asistencia militar estadounidense desde 2002, a
lanzar una ofensiva, poniendo a su disposición medios de reconocimiento aéreos
y de escucha vía satélite.
La campaña de los etiopíes ha sido fulgurante. En ocho días, las regiones
controladas por los Tribunales Islámicos fueron ocupadas y Mogadiscio fue
tomada el 28 de diciembre de 2006. Unos veinte mil soldados etíopes se
encuentran actualmente desplegados en el país. Impulsado por Estados Unidos
desde el mes de junio de 2006, el Grupo de contacto internacional sobre
Somalia se reunió a principios de enero, en Nairobi (Kenia), e instó a
financiar "de manera urgente" una fuerza de paz prevista por la Organización
de las Naciones Unidas (ONU). Por ahora, además de Etiopía, sólo Uganda ha
dado su conformidad firme para enviar tropas. Washington anunció que otorgará
una ayuda de 16 millones de dólares al presidente somalí de transición,
Abdullahi Yusuf, así como ayuda humanitaria y un segundo envío de 24 millones
de dólares, de los cuales 14 millones irán a la fuerza de paz. La
Administración de Bush acusa a los islamistas somalíes de proteger a dos
terroristas -Fazul Abdulá Mohammed y Ali Saleh Nabhane- implicados en los
atentados de 1998 contra las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania,
que dejaron un saldo de 224 muertos.
Frente a esta intervención, el número dos de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri,
llama a los combatientes islámicos a la resistencia: "Insto a todos los
musulmanes a responder al llamamiento de la ‘yihad' en Somalia. (...) La
verdadera guerra va a comenzar por medio de ataques contra las fuerzas etíopes
de agresión. (...) Les recomiendo las emboscadas, las minas, las operaciones
suicidas" (2). Les aconseja también inspirarse en las guerrillas en Afganistán
e Irak. Por su parte, Abdulharim Ali Modei, portavoz de los Tribunales
Islámicos, afirmaba que su movimiento "no había sido vencido" (3). Sus hombres
se han reagrupado al sur del río Juba, fronterizo con Kenia, una región en la
que tanto los etíopes como las fuerzas especiales estadounidenses, con el
apoyo de aviones de combate AC-130 con base en Yibuti, persiguen a los
islamistas.
Así como la toma de Kabul, en 2002, no resolvió el problema talibán, o la
de Bagdad, en 2003, no resolvió el problema iraquí, la de Mogadiscio por las
fuerzas etíopes está lejos de haber resuelto el problema somalí. Éste no ha
hecho más que comenzar.
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Notas:
(1) O un cuarto ya que, en agosto de 2006, durante la ofensiva israelí contra
Hezbolá, el presidente Bush declaró: "El Líbano es el tercer frente de la
guerra mundial contra el terrorismo".
(2) AFP, 6 de enero de 2007.
(3) The International Herald Tribune , París, 4 de enero 2007.