Tras la advertencia de Scott Ritter sobre el novedoso misil
balístico intercontinental ruso que puso en tela de juicio la estadunidense
Guerra de las galaxias, toca el turno a China horadar el monopolio en el
espacio de la otrora superpotencia unipolar mediante el lanzamiento de un misil
que aniquiló a uno de sus satélites en órbita.
Ya advertíamos en Bajo la Lupa
(*) (6/11/05) las averías de los caños de
desagüe de la torturadora teocracia bushiana: "A sus graves problemas domésticos
se sumó el nuevo posicionamiento geoestratégico de Rusia como la primera
potencia en el espacio, al haber probado por sexta vez y en forma exitosa el
misil balístico intercontinental RS-M Topol-M (conocido en la clasificación de
la Organización del Tratado del Atlántico Norte como el SSX-27) y que "somete
(sic) el proyecto de defensa en el espacio de Estados Unidos a un costo de 50
mil millones de dólares" (Pravda, 2/11/05).
De un plumazo, el sistema
balístico ruso Topol-M, de "trayectoria impredecible que lo hace inmune (sic) a
la destrucción" (incluyendo los impactos electromagnéticos), acabó con el sueño
defensivo estadunidense y su dispendioso costo del sistema misilístico
defensivo, como predijo Scott Ritter, ex inspector estadunidense en Rusia y en
Irak ("Rudo despertar", The Christian Science Monitor, 4/1/05).
Mientras Estados Unidos se confinó sin modificar al guión
cinematográfico hollywoodense de la Guerra de las galaxias que, por
cierto, engañó infantilmente a los cándidos estrategas soviéticos predispuestos
al derrotismo, encabezados por el mariscal superingenuo Nikolai Ogarkov, que se
rindieron ante su espejismo (Bajo la Lupa (*), 14/8/05).
Ya habíamos advertido también sobre la capacidad antisatelital de
China que pondría en jaque a todo el sistema C4ISR, que comprende las cuatro
letras C (Comando, Control, Comunicación, Computadoras): los chinos han estado
muy activos desarrollando "armas antisatelitales", que incluyen rayos láser
lanzados desde Tierra para "cegar los sensores de los satélites" estadunidenses,
para colocar algo así como un Hezbollah guerrillero en el espacio sideral" (Bajo
la Lupa (*), 5/11/06). Como era de esperarse, la "acupuntura militar" china
aguijonea a Estados Unidos (EU) en el espacio. Un ataque chino contra 50
satélites en "baja órbita" cegarían el C4 estadunidense en horas.
La jauría de multimedia anglosajones, a los que se han sumado los
genuflexos nipones, ha entrado literalmente en pánico, con la justa excepción de
The Times, periódico conservador londinense que rompió filas y ha
elaborado análisis más juiciosos.
Michael Evans, editor de Defensa de The Times (20/1/07),
aduce que la prueba antisatelital china "obligará a Estados Unidos a revisar su
entera estrategia en el espacio". Súbitamente, los satélites espías de
Washington ojos y orejas del Pentágono parecen vulnerables, aunque estén
parcialmente protegidos por tecnología furtiva, lo cual lo obligará "a
desarrollar mayores números de versiones miniaturizadas para maximizar la
probabilidad de supervivencia frente a un ataque misilístico". Evans resalta que
"EU despliega sus satélites superespías en la baja órbita terrestre, la misma
arena espacial que los satélites meteorológicos chinos".
El simple aguijoneo de la "acupuntura militar" china obligará a
Estados Unidos a mayores gastos bélicos cuando la construcción de un satélite
espía cuesta a este país unos 500 millones de dólares, y otros 200 millones
lanzarlo.
Estados Unidos y Rusia poseen la capacidad que hoy imita China desde
la década de los 70 pasados. La versión del misil que lanzaron los chinos es la
más rústica y forma parte de tres modelos de un sistema que tienen alcance mayor
y son capaces de golpear a un satélite a 35 mil kilómetros de la Tierra.
Evans concluye que "para los chinos la tecnología antisatelital
tiene mucha importancia. Cada guerra desde el conflicto en el golfo Pérsico
desde 1991 ha dependido de los satélites para guiar las armas. Pekín planifica
un conflicto potencial con Washington sobre Taiwán. Y los chinos se encuentran
preocupados de la credibilidad de sus sistemas nucleares si Estados Unidos
despliega una red misilística de defensa a gran escala. Las armas
antisatelitales proveían una capa disuasoria adicional".
Bronwen Maddox (The Times, 20/1/07) se remonta a la
Política Nacional en el Espacio firmada por el presidente George W. Bush en
octubre pasado, que señala como "provocadora en dos frentes. Mueve el énfasis de
las actividades estadunidenses en el espacio de las ciencias y la exploración a
la seguridad y la defensa", y "asevera el derecho a negar el acceso al espacio a
cualquiera que sea hostil a los intereses de Washington". Concluye que China
disparó un tiro para sentarse a debatir el futuro del espacio con Estados
Unidos.
Jane Macartney, Richard Beeston y Tim Reid (The Times,
20/1/07), resumen que "los analistas estadunidenses comentan que la prueba china
expuso la vulnerabilidad del aparato de la seguridad nacional" de la
superpotencia.
Eric Leser, de Le Monde (26/1/07), interpreta que el "11 de
enero la destrucción de un satélite meteorológico por un misil chino, confirmada
por Pekín, es entendida en Washington como prueba y advertencia cuando la Casa
Blanca se encuentra debilitada. Se interpreta también como el paso de un umbral
importante por el ejército chino en su capacidad para neutralizar la ventaja
tecnológica estadounidense en caso de una confrontación sobre Taiwán". Según
Leser, el éxito chino tomó desprevenido al Pentágono y recuerda que en
septiembre pasado, China "había iluminado" durante un instante "un satélite de
estadounidense mediante un rayo láser emitido desde el suelo".
El golpe magistral de China rompe el alucinante monopolio de
Baby Bush, quien el año pasado había manifestado en forma unilateral ser el
dueño indisputable de la Vía Láctea y había elevado la puja tecnológica en el
espacio sideral (Bajo la Lupa (*), 22/10/06). En ese entonces comentamos: "a ver
cómo responden" China e India.
Los chinos escogieron el momento apropiado para su prueba cuando
Baby Bush se encuentra patéticamente atribulado en los frentes doméstico y
externo.
De dos cosas una: o arrecia la carrera armamentista en el espacio
entre los tres gigantes Estados Unidos, Rusia y China, a los que se podrían
sumar 40 países en un futuro no muy distante, o los chinos habrán obligado a EU
en momentos en que se encuentra "sobrextendido" militar, financiera y
económicamente, a sentarse a negociar la abolición de armas en el espacio
sideral para reconvertirlo en un ambiente común del género humano.
En agosto pasado, Baby Bush reiteró su enésima posición por
la militarización monopólica y unilateral del espacio, haciendo oídos sordos a
las exhortaciones de Rusia y China.
Los vientos que siembra Baby Bush siempre han acabado por
cosechar tempestades, y la prueba antisatelital de China el 11 de enero,
empequeñece la dimensión del 11 de septiembre antiterrorista. De tal dimensión
fue la jugada china.
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(*) "Bajo la Lupa" -Columna del autor en La Jornada, México