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Presidente George W. Bush |
El Proyecto para el Nuevo Siglo
Estadounidense (PNAC) cerró sus puertas hace dos años y sus
principales figuras quedaron fuera del gobierno, pero las ideas
de esta institución académica pionera del neoconservadurismo
para Medio Oriente siguen en pie.
Por
JIm Lobe- IPS
La estrategia "wilsoniana" (inspirada en el ideario del
presidente Woodrow Wilson, 1913-1921) del PNAC promueve la
transformación de Iraq en un modelo de democracia pluralista que
tendría un efecto dominó en una región de autócratas, monarquías
y teócratas.
La opresión y las políticas retrógradas de estos regímenes
constituyen, desde la perspectiva neoconservadora, la principal
causa del islamismo extremista antiestadounidense.
Pero esa visión "idealista" parece haber desaparecido del
discurso del gobierno de George W. Bush, en particular en el
último año, en cuyo transcurso Iraq cayó sin pausa en una guerra
civil de carácter religioso-
Además, por entonces quedó claro que la justificación principal
para la invasión de 2003 --la supuesta posesión de armas de
destrucción masiva por parte del régimen del ejecutado Saddam
Hussein-- resultó infundada.
Pero el "idealismo" era el centro de la carta publicada en la
prensa apenas nueve días después de los atentados terroristas
que dejaron 3.000 muertos en Nueva York y en Washington el 11 de
septiembre de 2003 y remitida por el PNAC a Bush.
Esa misiva exhortaba al gobierno a concentrarse en la "guerra
contra el terror", contra lo que consideraba la principal
amenaza regional a la seguridad de Israel, "el mejor aliado de
Estados Unidos contra el terrorismo internacional".
De hecho, la carta del 20 de septiembre de 2001, firmada por una
cuarentena de figuras neoconservadoras y belicistas, sugería que
el régimen de Talibán en Afganistán y la red terrorista Al Qaeda
deberían ser considerados una mera entrada en una cena de seis
platos, el principal de los cuales sería el Iraq de Saddam
Hussein.
La Autoridad Nacional Palestina (ANP), el chiita Partido de Dios
de Líbano (Hezbolá), Irán y Siria también serían disfrutados en
el festín. Todos los platillos parecen estar de vuelta en el
menú.
La carta mencionaba, pero sólo al pasar, su apoyo a la acción
militar en Afganistán para "capturar o asesinar" a Osama bin
Laden, y para "destruir su red de asociados".
Saddam Hussein "constituirá una temprana y tal vez decisiva
victoria en la guerra contra el terrorismo internacional" que
también "deberá apuntar contra Hezbolá".
En palabras que aún resuenan familiares, la carta advierte:
"Creemos que el gobierno debería exigir el cese inmediato, por
parte de Irán y Siria, de todo apoyo militar, financiero y
político a Hezbolá y sus operaciones. De negarse a cumplir, el
gobierno debería tomar represalias adecuadas contra esos
conocidos países promotores del terrorismo."
Finalmente, la carta reclamaba a Bush cortar la asistencia a la
ANP a menos que esa entidad, entonces presidida por el líder
histórico palestino Yasser Arafat, pusiera fin a toda operación
terrorista contra Israel. Seis meses después, El propio PNAC
propuso al gobierno romper todo vínculo con Arafat.
El PNAC carecía desde 2005 hasta de un empleado que conteste su
número telefónico en Washington. En junio pasado, el diario The
Washington Post publicó un informe que se parecía mucho a un
obituario de esta autodenominada "institución educativa sin
fines de lucro".
Según una fuente no identificada consultada por el periódico, la
organización se "dirige hacia un cierre" con el sentimiento de
"objetivo cumplido". El Proyecto estaba inactivo desde enero de
2005.
Entre las 27 personalidades que fundaron hace nueve años el PNAC
figuraban el hoy vicepresidente Dick Cheney y el hasta diciembre
secretario (ministro) de Defensa, Donald Rumsfeld, además de al
menos media docena de los halcones más poderosos del primer
gobierno de Bush (2001-2005).
En los años siguientes a la guerra en Afganistán, buena parte de
la agenda del PNAC se cumplió. Pero los resultados difieren
mucho de lo previsto.
Luego de desalojar a Talibán y Al Qaeda de Afganistán,
Washington rompió sus vínculos con la ANP en junio de 2002, y
comenzó a restaurarlos luego de la muerte de Arafat para luego
volver a cortarlos con el triunfo del partido islámico Hamas en
Palestina en enero de 2006.
Estados Unidos y una coalición internacional invadieron Iraq en
marzo de 2003 y, casi cuatro años después, se encuentra
enfrentando una extremadamente costosa campaña contrainsurgente
que ni el gobierno ni los neoconservadores anticiparon.
La mayoría de los expertos militares y en asuntos árabes creen
que Washington libra una guerra perdida. Observadores políticos
son unánimes en asegurar que el malestar de la ciudadanía con la
guerra fue la principal causa del triunfo del opositor Partido
Demócrata en las elecciones legislativas de noviembre.
Mientras, importantes figuras del gobernante Partido Republicano
se vuelven contra la presencia estadounidense en Iraq.
Finalmente, Hezbolá e Israel libraron una guerra de un mes en
julio y agosto considerada una gran victoria política, y tal vez
militar, para el movimiento libanés y para sus principales, Irán
y Siria, acusados por Estados Unidos de desestabilizar Iraq.
El conflicto Hezbolá-Israel, combinado con el programa nuclear
iraní y el hecho de que el régimen islámico en Teherán emergió
como el principal ganador de las guerras de Washington en
Afganistán e Iraq, es la principal causa por la cual la Casa
Blanca volvió a apuntar contra los blancos originales del PNAC.
Para el PNAC, acabar con Talibán y con Al Qaeda era, hace cinco
años, un mero preludio de la guerra contra los enemigos de
Israel. Pero el gobierno relegó a esos dos adversarios, y
Talibán parece haber resurgido inesperadamente al año pasado.
Mientras, hasta el director nacional de Inteligencia de Estados
Unidos, John Negroponte, advertía que Al Qaeda aún es la
principal amenaza a la seguridad del país.