Perdido el consenso político, ahora tampoco contarían con el
consenso del dólar, aseguran. En una posición más cauta, académicos consultados
por The Wall Street Journal indican que el problema podría ser verdaderamente
preocupante si a Irán se le suma una decisión similar de otros actores
importantes. El miedo mayor, por supuesto, apunta hacia China.
El péndulo
En julio de este año (2006), Le Monde Diplomatique hablaba de “la intención de Irán
de exigir el pago de las exportaciones de petróleo y gas en moneda europea,
después de haber convertido ya a euros la mayor parte de las reservas de
divisas, dado que Teherán sabe que en este momento el dólar es el talón de
Aquiles de Estados Unidos”.
Relacionado o no con esta “amenaza” de la europeización de las divisas, el tema
del acercamiento con Teherán ha estado en la primera página de la agenda
estadounidense. Recuérdese, por ejemplo, el Informe Baker, en el que una
comisión bipartidista recomendó al presidente George W Bush involucrar a Irán y
Siria para lograr una salida a la crisis iraquí.
Si se toma en cuenta que los anuncios públicos se realizan midiendo los tiempos
políticos, es probable establecer una sucesión de hechos que se produjeron en
diciembre, durante los cuales Estados Unidos estuvo cerca de Irán, pero sólo
para comenzar a alejarse de nuevo.
La primera reacción de Bush al Informe Baker
fue aceptar que lo tomaría en cuenta para definir una nueva política hacia Irak
“antes de Navidad”. A mediados de mes, el secretario del Consejo Superior de
Seguridad Nacional de Irán, Ali Lariyani, dijo que “si Estados Unidos sigue una
estrategia correcta y protege al gobierno, al parlamento, a la Constitución, a
la unidad y la integridad territorial de Irak, entonces sí podrán contar con la
colaboración de Irán”.
Un día después se conocía la derrota del sector del
presidente iraní en las elecciones a la Asamblea de Expertos y
parecía que la correlación de fuerzas en cada uno de los países (con el
parlamento estadounidense en manos demócratas) apuntaba a fortalecer el diálogo.
Pero el espíritu navideño duró poco. El 18 de diciembre Irán cambió su divisa
oficial del dólar al euro. Un día más tarde, Bush confirmó que estudia aumentar
el número de tropas en Irak y pasó para comienzos de 2007 el anuncio de un nuevo
enfoque sobre su política hacia ese país.
Su principal aliado, el primer
ministro británico, Tony Blair, llamó a los regímenes musulmanes “moderados” a
formar una alianza para disminuir la influencia de Irán.
El espejo iraquí
Pero el péndulo no puede alejarse demasiado. Ya en diciembre de 2004 el
Atlantic Monthly citaba a Sam Gardiner, responsable de simulaciones de combate
durante dos décadas en la Escuela Nacional de Guerra, quien resumía su
experiencia dejando “dos simples frases para los decisores políticos: no
disponen de una solución militar para los asuntos de Irán, y tienen que trabajar
con la diplomacia”.
Palabras en saco roto. A principios de 2005 The New Yorker
publicó un informe basado en entrevistas con fuentes de inteligencia, las que
aseguraban “repetidamente” que el próximo blanco estratégico sería Irán.
William Clark, autor del libro La lucha de los petrodólares: petróleo, Irak y el
futuro del dólar, ya aseguraba en agosto del año pasado que “ahora es obvio que
la invasión a Irak tenía menos que ver con las amenazas del programa de armas de
destrucción masiva de Saddam, y ciertamente menos que ver todavía con la lucha
contra el terrorismo internacional, que con la intención de ganar control
estratégico sobre las reservas iraquíes de hidrocarburos y mantener el monopolio
del dólar como divisa del crítico mercado internacional del petróleo”.
Expectativa sobre China
Menzie D Chinn, doctorado en Berkeley, ex asesor presidencial y actual
profesor de economía y políticas públicas en la Universidad de Wisconsin, fue
consultado por The Wall Street Journal sobre la situación del dólar. “Claramente
China no tiene interés en ver al dólar declinar rápidamente”, dijo.
Lo que en su
opinión explica “en parte” por qué el Banco Central de China “está manejando de
un modo tan estricto el tema de la apreciación del yuan contra el dólar”. Pero
incluso si el Banco Central de China y otros poseedores de grandes reservas de
dólares no quieren que el dólar se deprecie rápidamente, añadió, ellos tampoco
quieren ser los últimos en pasar por la puerta: “Por eso es que veo el
equilibrio actual balancearse en el filo de la navaja”.
Consideró que “cualquier
declinar en el dólar puede ser suficiente para impulsar a algunos bancos
centrales a intentar diversificar sus existencias”. Y reconoció que “la gran
pregunta es cómo responderá China una vez que comience el declive del dólar”.
“Mientras yo solía estar muy preo-cupado por China –dijo– ahora estoy muy
preocupado acerca de China y los países exportadores de petróleo”.
Expectativa. Ésa es la reacción general de los analistas ante la petroeuros
iraníes. También es posible que todo sea parte de un largo plan de tres décadas.
Por al menos 30 años, asegura John Simpson en un análisis difundido por la bbc,
Occidente se ha concentrado en el fundamentalismo religioso de la República
Islámica de Irán, “pero hemos olvidado que la revolución de Khomeini (1979) fue
también una declaración de independencia del control británico y americano”.