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El nuevo gobierno prefectural fue desconocido y
desautorizado de inmediato por Evo Morales y su
administración |
Un fantasma recorre la cordillera de los Andes bolivianos: el
peligro de fragmentación de la poderosa región oriental del
país. Aunque el balance del primer año de gobierno de Evo
Morales muestra avances económicos y sociales nunca alcanzados
en las cuatro décadas anteriores en Bolivia, el presidente
enfrenta un serio problema que puede complicarle su permanencia
en el Palacio Quemado. Se trata de las fuertes aspiraciones
separatistas –presentadas como demandas de autonomía– de cuatro
de los nueve departamentos que componen la nación.
Por
Roberto Bardini - Bambú Press
Mientras el rezagado occidente indígena respalda
incondicionalmente a Morales, el desarrollado oriente
conservador se ha declarado en rebeldía. Los departamentos de
Santa Cruz de la Sierra, Beni, Pando y Tarija, conocidos como la
“media luna” y que en total suman 685,095 kilómetros cuadrados
–más de la mitad de la superficie boliviana– quieren tomar
distancia de La Paz y exigen descentralización administrativa.
Santa Cruz, el departamento más grande, es el centro
agroindustrial de Bolivia. Tarija es el más pequeño pero posee
enormes reservas de gas, las segundas en América del Sur después
de Venezuela. Sumados a Beni y Pando, estos cuatro departamentos
del este boliviano representan el 43 por ciento del PIB nacional
y absorben la mitad de la inversión extranjera que llega al
país.
El prefecto de Santa Cruz, el ingeniero agrónomo Rubén Costas
Aguilera, pertenece al partido Autonomías Para Bolivia (APB),
una organización de empresarios agrícolas y terratenientes
creada en 2005. Para que no queden dudas acerca de los intereses
que personifica Costas Aguilera, basta mencionar que fue
dirigente de la Confederación de Ganaderos de Bolivia, de la
Asociación de Productores de Leche y de la Cámara Agropecuaria
del Oriente.
Costas Aguilera cuenta con el apoyo del joven y acaudalado
empresario croata Branco Marinkovic, principal promotor de la
“media luna” empresarial, enemigo del Mercado Común del Sur (Mercosur)
y partidario de firmar un Tratado de Libre Comercio con Estados
Unidos. Marinkovic es miembro de la poderosa empresa Transporte
de Hidrocarburos (Transredes), cuyo 50 por ciento pertenece a
Enron y Shell y opera gasoductos y oleoductos de 6.000
kilómetros que llegan a Argentina, Brasil y Chile. El millonario
concentra cargos ejecutivos, además, en la Federación de
Empresarios Privados de Santa Cruz, el Banco Económico, la
Cámara de Exportadores de Santa Cruz e Industrias Oleaginosas
Limitada (IOL).
Marinkovic, que además es un voraz latifundista, esta acusado
por el gobierno de poseer miles de hectáreas con fines meramente
especulativos. En noviembre del año pasado, el viceministro de
tierras, Alejandro Almaraz, comentó a la prensa extranjera que
el hombre de negocios “pretendió apoderarse de cerca de 12 mil
hectáreas, incluyendo la Laguna Corazón, que es un bien de
dominio público, en perjuicio de los habitantes indígenas de la
zona”.
Evo Morales deberá proceder con frialdad. El prefecto
santacruceño y el empresario croata cuentan con un aliado: el
embajador estadunidense Philip Goldberg, quien tiene
antecedentes como especialista en separatismos. Entre 1994 y
1996 fue asistente especial del embajador Richard Holbrooke, uno
de los estrategas de la desintegración de Yugoslavia y de la
caída en 2000 del presidente Slobodan Milosevic, fallecido
misteriosamente seis años después en una cárcel de La Haya.
Conocido en La Paz como “el embajador de la limpieza étnica”,
Goldberg promovió la separación de Serbia y Montenegro y también
estuvo en Kosovo, donde fogoneó conflictos entre fuerzas serbias
y albanesas.