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IRAK  

 

La derrota USA ayer y hoy
Antes de la caída de Saigón, antes de la caída de Bagdad

 
 

(IAR-Noticias) 25-Enero-06

Que Bagdad caerá como cayó Saigón el 28 de abril de 1975, es el hecho inevitable, una derrota anunciada que está por llegar, porque se están dando las mismas acciones como podrá apreciarse en esta crónica, antes de la caída de Saigón. Si parece que la historia se repite con una precisión que abruma y nos deja estupefactos.

Por Mauricio Aira (*)

Hace 36 años un enviado especial del diario Clarín de Buenos Aires refería que los misiles cayeron sobre Saigón, junto al hotel Central Palace donde el cronista se hospedaba y esto sucedió justo un sólo día antes del ingreso de los norvietnamitas. Los periodistas habían estado aguardando con ansiedad las sirenas para ser evacuados.

La señal consistiría en un código secreto, el disco Blanca Navidad de Bing Crosby y un falso informe meteorológico anunciando una temperatura de 105 grados.

El código nunca llegó a trasmitirse aunque el cielo se ennegreció cubierto de nubes densas no obstante de la tormenta tropical que sirvió de escenario a la entronización del General Duong Ban Bif Ming, como presidente.

Una explosión tras otra volvía loca a la gente, sigue refiriendo el enviado argentino que desde su ventana del Central Palace veía un mar de mutilados sin piernas o sin brazos que atravesaban el boulevard Hue, desde donde se hacían disparos al aire de gentes presas del paroxismo histérico de una guerra que nadie entendía, como hoy en día, no se llega a entender la guerra de Bush, quién contra viento y marea se obstina en enviar más soldados, carne de cañón al holocausto cruento del Irak.

La obstinación resulta incomprensible después de sendas declaraciones de connotados líderes no sólo del opositor Partido Democrático, sino de los propios Republicados que han llenado las páginas del The New York Times (considerado el más grande diario del mundo), del Washington Post, del semanario Newsweek, medios que en un determinado momento apoyaron la guerra del Irak y que hoy, están abiertamente en contra.

El razonamiento de éstos senadores y representantes es simple “la guerra se inició con una mentira, que Saddam poseía armas químicas muy peligrosas, las que jamás fueron halladas. Luego se nos dijo que el peligro era Saddam que hoy está muerto. A qué esperamos entonces?”

Un tema que todavía no alcanzó el debate público es el de los refugiados que ya llegan al millón de iraquíes que abandonaron Bagdad y otras ciudades para huir hacia el exterior con o sin la ayuda del ACNUR, (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados).

Tema que durante la Guerra de Vietnam fué un punto lacerante de todo el conflicto y que obligó a la directa participación de instituciones y naciones que en algunos casos lograron salvar la vida de estos hombres, mujeres y niños que hoy como ayer escapan del hambre, de las enfermedades, de la muerte y la destrucción.

Hasta hoy no tenemos un informe detallado del ACNUR de lo mucho que debe estar haciendo para poner a buen recaudo a estos miles de nuevas víctimas de una guerra que alcanza ya el primer lustro.

Si en Irak permanecían 130 mil soldados a los que se agregan en estos días los 21 mil nuevos conscriptos a los que Bush ordenó marchar hacia territorio ocupado, vamos a redondear y convenir en que un total de 150 mil norteamericanos ocupan la República del Irak, frente a 500 mil que fueron enviados a Vietnam entre 1960 y 1975 en que saldrían despavoridos ante la avalancha de los vietnameses que a sangre y fuego los echaron de Saigón.

Ocurrió justamente un 27 de enero de 1973 que se llegó a firmar un Acuerdo de Paz en Paris poniendo fin a la guerra de Vietnam y Laos, cuando se encomendó al ACNUR un amplio programa de reconstrucción que fue no obstante eclipsado por la reanudación de hostilidades en 1975 y la caída de Saigón el 30 de abril, de acuerdo a lo que nos tiene referido el corresponsal de Clarín.

Si el ACNUR logró distribuir más de 20 mil toneladas de alimentos y vituallas entre las víctimas de los bombardeos norteamericanos, ahora mismo está distribuyendo lo más indispensable en los dispersos refugiados que han huído hacia los países vecinos como Jordania, Irán, Siria, etc.

Recordemos que en los últimos días de Saigón, el mayor dolor de cabeza para el ACNUR fueron los miles de vietnamitas vinculados a las tropas invasoras a quienes tuvo que socorrer como a las víctimas de la violencia, hoy mismo el ACNUR y la Cruz Roja, y la Media Luna están atendiendo día tras día a las víctimas de los sucesos sangrientos que protagonizan los aliados del régimen iraquí, impuesto por los norteamericanos, los paramilitares que actúan criminalmente en Bagdad y los que provocan en forma directa las fuerzas de ocupación.

Es hora de ir preparando la evacuación de Bagdad que no tardará en llegar, como llegó la de Saigón para cuya operación los estadounidenses trasladaron muchos miles de marines, pues las fuerzas ocupantes resultaron insuficientes para ofrecer un cordón de seguridad a los cientos de miles que huían frenéticamente de una ciudad incendiada.

Entre los grupos humanos que merecieron la especial atención del ACNUR en su trabajo de ofrecer ayuda humanitaria la historia ha recogido la de “los huérfanos que eran su gran parte hijos ilegítimos de soldados norteamericanos.

Estos niños producto de la mezcla de razas no eran apreciados en Vietnam y tuvieron que ser adoptados por muchas familias, y encontrar un hogar para seguir existiendo” como víctimas inocentes de una guerra injusta, que como la del Irak, significa para tantos miles de seres humanos ajenos a la conflagración.

La evacuación de esos 700 huérfanos a comienzos de abril, resultó siendo un indicador del trágico final de la dominación norteamericana. Pocos días después, a pesar del enorme despliegue de tropas, de barcos y hasta portaviones que se aproximaban a Saigón lo inevitable sucedió inexorablemente.

Se produjo la caída de Saigón en manos de los comunistas norvietnamitas, marcando el fin de una guerra que obligó a Estados Unidos a huir del escenario del conflicto. Un año después en 1976 el pueblo de Estados Unidos infirió el voto castigo a los republicanos que habían perdido la guerra y procedió a elegir a un pacifista Jimmy Carter como nuevo presidente.

Lo mismo sucederá hoy día, caerá Bagdad y los estadounidenses castigarán con el voto a los republicanos que iniciaron y perdieron la guerra del Irak. La historia se repite, hoy como ayer.

Qué nos queda de aquel episodio, ciertas imágenes indelebles grabadas en el colectivo, una chiquilla corriendo por una carretera huyendo del napalm que quema el cuerpo y destruye la vida animal y vegetal, un policía pro yanqui asesinando públicamente a un guerrillero atado de manos, miles de universitarios que se manifiestan a favor de la Paz, a Olof Palme del brazo de los vietnamitas marchando en un clamoroso gesto por la terminación de la guerra.

Hoy tenemos también los íconos antiguerra, los abusos a los presos en la cárcel de Abu Ghraib, anónimos prisioneros tratados como animales en Guantánamo, soldados norteamericanos violando y asesinando a niñas iraquíes, miles de hombres y mujeres, dentro y fuera de los Estados Unidos protestando contra la guerra.

Todo en una secuencia invariable del antes y después. Y el final de esta estúpida guerra está ya cantado, está profetizado, concluirá con la derrota y la huída del invasor, cuyo jefe comienza a perder los estribos y muestra su nerviosismo, prolegómeno de otras próximas metidas de pata que le conducirán a lo inevitable.

Aquella guerra significó la muerte de 57 mil norteamericanos y de dos millones de asiáticos. Es que los 3.040 de la de Irak, resultan pocos en la dura mollera del ocupante temporal de la Casa Blanca, y quieren aún más sangre de la que dejaron ahora más de 600 mil árabes?

De las secuelas que dejó Vietnam están los reclamos ante una Corte de Apelaciones para indemnizar a las víctimas del agente naranja, sustancia tóxica arrojada por los pilotos estadounidenses en un decenio de cotidianos bombardeos (1961 – 1971) que provocó inconmensurables daños a la salud, al medioambiente, a la vida animal causados por la dioxina del AN con sus efectos cancerigenos y teratógenos que arrastran secuelas de una generación a otra, anotemos que el daño alcanzó también a los soldados incluyendo australianos, canadienses y neozelandeses que ya fueron indemnizados.

Los consorcios químicos Monsanto y Dow tuvieron que pagar muchos millones de dólares a Corea del Sur destinados a unos siete mil sudcoreanos que estuvieron en contacto con el agente naraja en Vietnam.

Los sobrevivientes con horribles malformaciones congénitas o enfermedades graves de origen genético, estaban aún a la espera de un acto de justicia humanitaria que pudiera compensar en algo sus existencias como víctimas de la guerra. Y de las aldeas más de tres mil que fueron rociadas con 20 millones de galones de herbicidas en base siempre de esta dioxina arrojada desde aviones C-123K de la Fuerza Aérea sobre Viertnam, Camboya e incluso Tailandia, pero también desde helicópteros, camiones y por fumigación manual en zonas aledañas a las bases militares.

Finalmente está el síndrome de la guerra de la que se habla más y más a menudo, aparte de los 33.459 heridos que resultaron mutilados, o afectados mental y psíquicamente.

Algún estudioso ha dicho que nadie que hubiera estado en el frente de combate (diríamos en territorio invadido) y temido por su vida, vuelve a ser el mismo. Vivirá para siempre con el horror de la contienda, con la repetición y las pesadillas de aldeas incendiadas, compañeros muertos o heridos, con las expresiones de sus víctimas que murieron a causa de sus armas, de sus bombas, de sus mortíferas balas.

Ayer como hoy, los veteranos ya vueltos a sus hogares o lo que queda de ellos, son los testimonios vivientes de una guerra que nadie quiere, menos aún los que fueron obligados por diversas circunstancias a tomar las armas, por una causa nunca esclarecida.

                             ******

(*) Mauricio Aira  Periodista boliviano
mauricio.aira@comhem.se
www.mauricioaira.com

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