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(IAR-Noticias)
16-Enero-07
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George W. Bush, presidente de la guerra |
La decisión del presidente
estadounidense George W. Bush de fortalecer la intervención militar en Iraq y
lanzar nuevas amenazas contra Siria e Irán parecen haberlo dejado más aislado
que nunca en el plano político.
Por Jim Lobe- IPS
ATanto miembros de la oposición demócrata como del oficialismo
republicano lamentaron que el mandatario rechazara las recomendaciones del
bipartidario Grupo de Estudio sobre Iraq, en especial la de retirar en forma
gradual a las fuerzas de ocupación.
El Grupo encabezado porJames Baker, ex secretario de Estado y ex secretario del
Tesoro, también había recomendado condicionar el apoyo futuro al gobierno iraquí
a los esfuerzos de este por cerrar la brecha sectaria, y comprometer
directamente a Irán y Siria, junto con otros vecinos de Iraq, para estabilizar a
ese país.
Analistas militares advirtieron que la adición de 21.500 soldados a los 132.000
ya desplegados en Iraq, anunciada el miércoles por Bush, no logrará pacificar
Bagdad ni la provincia de Al Anbar.
"No creo que 21.000 soldados sean suficientes", opinó el teniente general
retirado Dan Christman, quien también señaló que el despliegue reduce
peligrosamente la capacidad de Washington de enfrentar otras potenciales crisis
militares, por ejemplo en Afganistán o en el cuerno de África.
"Los 21.000 soldados son el grueso de nuestra reserva estratégica. Esa es mi
mayor preocupación", declaró Christman a la cadena de noticias CNN.
En vista de la creciente vulnerabilidad de Bush, la mayoría demócrata del
Congreso decidió impulsar en las próximas semanas una serie de medidas para
dejar en evidencia la oposición bipartidaria de ambas cámaras a la dirección
estratégica adoptada por el presidente.
Se prevé que hasta 12 senadores republicanos voten la semana próxima una
resolución propuesta por el liderazgo demócrata del Senado para desaprobar el
incremento de la tropa en Iraq.
"Muchos representantes de ambos bandos dicen que esta no es la política
correcta", destacó Jim Cason, de Friends Committee on National Legislation (FCNL),
un grupo de presión que se opone a la guerra en Iraq.
Aunque la resolución propuesta no tendría efectos obligatorios para Bush, que
planea comenzar el nuevo despliegue a partir del lunes, sentaría las bases para
condicionar fondos futuros para la guerra.
La primera oportunidad será el mes próximo, cuando se prevé que el gobierno pida
al Congreso que apruebe unos 100.000 millones de dólares adicionales para
operaciones militares de este año en Iraq y Afganistán.
"Si podemos obtener una mayoría (sobre la resolución no obligatoria), sería el
primer paso para revertir la situación", dijo el nuevo presidente demócrata de
la Comisión de Servicios Armados del Senado, Carl Levin.
Menos de 18 horas después del discurso de Bush, pronunciado en la noche del
miércoles, destacados miembros del gobernante Partido Republicano, entre ellos
los senadores Richard Lugar y John Warner, manifestaron fuertes reservas sobre
la nueva estrategia.
Otros republicanos, como el senador Chuck Hagel y el precandidato presidencial
más de derecha, el senador Sam Brownback, también expresaron su oposición al
despliegue adicional.
"No creo que enviar más soldados a Iraq sea la respuesta", declaró Brownback, un
antiguo favorito de la Derecha Cristiana, desde Bagdad, donde se reunió esta
semana con funcionarios estadounidenses e iraquíes, incluido el primer ministro
Nouri al-Maliki.
"Lo que debemos hacer es presionar al gobierno iraquí para que logre una
solución política", instó Brownback, repitiendo el mantra de los demócratas
desde su victoria en las elecciones legislativas de mitad de período, el pasado
noviembre.
"La mejor manera de lograr un Iraq democrático es facultar a los iraquíes para
que asuman la responsabilidad de la construcción de su nación", opinó.
Mientras, Hagel dijo el jueves a la secretaria de Estado Condoleezza Rice, en
una audiencia de la Comisión de Relaciones Exteriores, que consideraba la
estrategia de Bush y en particular sus amenazas contra Siria e Irán "el mayor y
más peligroso error de política exterior de este país desde Vietnam, si se
concreta".
En su discurso, Bush acusó a esos dos países de facilitar el pasaje a
"terroristas e insurgentes" hacia dentro y fuera de Iraq, y culpó a Irán en
particular de "ofrecer apoyo material para los ataques contra soldados
estadounidenses".
En respuesta, anunció el despliegue de un segundo grupo ofensivo de portaaviones
en el Golfo y prometió "destruir las redes que ofrecen armas modernas y
entrenamiento a nuestros enemigos en Iraq".
En lo que pareció ser un aumento deliberado de la tensión con Teherán, pocas
horas antes soldados estadounidenses transportados en helicóptero atacaron el
consulado de Irán en la ciudad de Erbil, en el Kurdistán iraquí, y capturaron a
cinco de sus funcionarios, lo que generó protestas tanto de Irán como de las
autoridades kurdas locales.
"El presidente no ha recibido el claro mensaje del pueblo estadounidense de que
se precisa un nuevo rumbo", lamentó la senadora demócrata Hillary Clinton, la
más probable candidata presidencial para las elecciones de 2008.
"Por el contrario, el presidente decidió llevarnos por el mismo camino
equivocado, solo que más rápido", concluyó.
Lawrence Kaplan, editor de la publicación The New Republic, opinó que Bush
perdió la guerra en su propio país. "Una estrategia eficaz de
contrainsurgencia exige tiempo y paciencia. A los
estadounidenses se les han acabado ambos", afirmó.
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