|
(IAR-Noticias) 08-Enero-07
El sistema monetario mundial es cada vez más abstracto, las
transacciones electrónicas superan varias veces a las de bienes y servicios
reales, convirtiéndose en un sistema virtual que infla un globo irreal que puede
estallar en cualquier momento.
Por Gustavo Adolfo Vargas
(*) -
econopolitica.blogspot.com
D e los acuerdos realizados en Bretton Woods en 1944, surgieron instituciones
como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), igualmente
se estableció la libre convertibilidad entre oro y dólar, base del sistema
monetario internacional.
Sin embargo, el 15 de agosto de 1971 Richard Nixon, presidente de los Estados
Unidos de América del Norte, anunció que su país abandonaba unilateralmente la
convertibilidad del dólar con el metal precioso. De esta manera, se derribaba el
pilar fundamental de una arquitectura global basada en la convertibilidad del
dólar con respecto al oro.
El sistema de Bretton Woods fue abandonado unilateralmente por los EE.UU. para
mantener su hegemonía económica, política y militar, erosionada seriamente por
los costos de la Guerra de Vietnam. Con está acción unilateral e inconsulta, se
estafó a todos los países que tenían sus reservas en dólares, y se estableció de
hecho una flotación general de las monedas respecto al oro.
El oro aumento vertiginosamente su precio, pasando de 35 dólares onza troy que
se pagaba en 1944, hasta alcanzar los casi 800 dólares que llegó en 1980,
haciendo la delicia de los especuladores de todo tipo, especialmente de los
países desarrollados en detrimento de los subdesarrollados.
A pesar de que la relación oro-dólar creció y osciló muchísimas veces en más de
medio siglo, las reservas de muchos países continúan estando en billetes
estadounidense y no en oro u otros metales preciosos; subvencionando de esta
manera el crónico déficit fiscal y comercial estadounidense.
Esta incongruencia se debe a un engranaje tan ficticio como perfecto, que
combina un déficit fiscal y comercial casi permanente de EE.UU., la pérdida de
credibilidad de las instituciones fundadas en Bretton Woods, y el abandono de un
sistema monetario basado en la producción de bienes reales y no en transacciones
electrónicas.
Es así, como el sistema monetario mundial es cada vez más abstracto, las
transacciones electrónicas superan varias veces a las de bienes y servicios
reales, convirtiéndose en un sistema virtual que infla un globo irreal que puede
estallar en cualquier momento.
Se estima una proporción de 1 a 250 en dinero circulando por ambas vías, pero
ese número cambia todos los días a favor de una economía financiera que no
genera bienes reales ni satisface necesidades.
El capital tiene más movilidad que los otros factores de producción, y el
capital financiero es más móvil aún que la inversión directa. El capital
financiero se desplaza allí donde obtiene mejores recompensas, sin preocuparse
del desarrollo de los países.
Debido a estas ventajas, el capital se acumula cada vez más en las instituciones
financieras y en compañías multinacionales que se cotizan en bolsa; en este
proceso, los mercados financieros actúan como intermediarios.
Las instituciones de Bretton Woods, el FMI y EL BM, no han sabido ni podido
adaptarse a unas circunstancias que cambian con rapidez, limitándose a imponer a
los países subdesarrollados y de Europa del Este, recetas y remedios que no
aplicarían en sus propios países.
Los programas del FMI no han tenido éxito en las repetidas crisis financieras de
los últimos tiempos; su misión y sus métodos de funcionamiento deben de ser
reconsiderados. Son necesarias otras instituciones que tomen en cuenta los
intereses de los países subdesarrollados.
El desarrollo de una supuesta, economía global no ha coincidido con el
desarrollo de una sociedad global. La unidad básica de la vida política y social
sigue siendo el Estado-Nación. Empero, los mercados financieros globales están
fuera del control de las autoridades nacionales e internacionales.
Los mercados financieros son intrínsicamente inestables y existen necesidades
sociales que no pueden satisfacerse dando carta blanca a las fuerzas del
mercado. Pero, el fundamentalismo del mercado le ha entregado las riendas al
capital financiero.
El fundamentalismo del mercado es el responsable de que el sistema carezca de
solidez y sea insostenible. Los valores monetarios y los mercados
transaccionales no ofrecen una base suficiente para una cohesión social. Por el
contrario, han erosionado los valores morales tanto a nivel nacional como
internacional.
El sistema capitalista global ha permitido que el mecanismo del mercado y el
afán de lucro penetren en esferas de actividad que no le son propias. Las
incursiones de la ideología del mercado en campos muy distantes de los negocios
y la economía ha tenido efectos sociales destructivos y desmoralizadores.
El desencanto con la política ha nutrido al fundamentalismo del mercado, y el
ascenso del fundamentalismo del mercado ha contribuido, a su vez, al fracaso de
la política. Si a las fuerzas del mercado, se les concede una autoridad completa
incluso en los campos puramente económicos y financieros, producirán más caos y
podrían desembocar en última instancia en el desmoronamiento del sistema
capitalismo global.
******
(*)Gustavo Adolfo Vargas (Jurista, Politólogo y Diplomático) Este
artículo se publicó en la
edición (19.jul.02) de "El Nuevo Diario", Managua/Nicaragua
|