La OTAN fue creada en 1949 como una alianza para hacer frente al poder
soviético. Su foco de atención era Europa Occidental y, como se decía en
tono de broma, estaba ideada para mantener a los rusos afuera, a los
alemanes abajo y a los estadounidenses adentro.
En términos militares, los países europeos deben destinar hoy más
fondos a hacer más seguras sus comunicaciones, fortalecer sus
capacidades aéreas y de operaciones especiales, y a enfrentarse a
escenarios en donde se utilicen armas químicas y biológicas, con el fin de
estar capacitados para enfrentar al terrorismo con eficacia.
Sin embargo, el mayor problema que enfrenta hoy la OTAN es Afganistán.
El gobierno de Hamid Karzai sigue siendo débil y la economía depende
fuertemente de la producción de opio. Las redes de los talibanes y de Al
Qaeda están reapareciendo como amenazas políticas y militares.
Muchos países de la OTAN con tropas en Afganistán tienen "precisiones
nacionales" que restringen el modo como éstas se pueden utilizar. Si bien
se han flexibilizado ya algunas de estas precisiones para permitir ayudar
a los aliados en circunstancias de necesidad, Gran Bretaña, Canadá,
Holanda y Estados Unidos son los países que protagonizan la mayor parte de
los combates en el sur de Afganistán, mientras que las tropas francesas,
alemanas e italianas están desplegadas en el norte, más tranquilo.
Es difícil ver cómo la OTAN puede tener éxito en la estabilización de
Afganistán, a menos que esté dispuesta a enviar más tropas y dar más
flexibilidad a los comandantes. También serán necesarios más fondos para
la reconstrucción, el desarrollo y las alternativas al cultivo de la
amapola, de la que se produce el opio. A los gobiernos de Europa y Estados
Unidos les preocupa el tema presupuestario, pero destinar ahora a
Afganistán recursos significativamente mayores puede terminar siendo,
desde una perspectiva de mayor alcance, una manera de ahorrar más gastos
en el futuro.
Si sólo una pequeña parte del dinero y las fuerzas que se han invertido en
Irak se hubiera destinado a Afganistán, no sería tan grande la amenaza
actual de Al Qaeda y el resurgimiento de los talibanes.
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(*)Joseph Nye. Politólogo, docente Universidad de Harvard
Copyright Clarín y Project Syndicate, 2007.