Sentado ya delante de él,
observando su expresión elegante, sus ojos cansados, pero sagaces; escuchando
sus palabras desnudas de estridencia, pero potentes como gritos; tuve la
sensación que se tiene ante un gran río, un río manso, pero con profundas
corrientes escondidas en la superficie.
A sus 84 años, José Saramago, cuando habla desgrana palabras y dibuja conceptos:
"yo soy un hombre hecho de papel, entre una información que me de Internet y una
que yo encuentre en una enciclopedia, prefiero la enciclopedia...," me dijo
cuando quise saber cuál era su relación con las nuevas tecnologías.
Leyendo algunos detalles de su vida, me encontré con un dato sorprendente: el
Premio Nóbel de Literatura, no conoció su nombre completo sino hasta su primer
día de escuela, fue allí que el pequeño José (hijo de María da Piedade y de José
de Sousa) descubrió que su nombre completo era José de Sousa Saramago.
Es que en el registro civil en el que fue anotado, el empleado agregó a su
apellido el sobrenombre con el que se conocía a su familia: Saramago.
Esta es la denominación que se le daba en Azhinaga, su pueblo natal, a una
hierba utilizada como alimento por la gente pobre.
Claro que no siempre los datos biográficos son fieles a la realidad, justamente
el autor de "Memorial del Convento" se quejaba de ese problema.
"El otro día he recibido una biografía mía publicada en una enciclopedia que hay
en Internet... ahora no me acuerdo como se llama... pues bien, los disparates
que tenía esa supuesta biografía mía eran tales y tantos".
"Afortunadamente una persona que estaba conmigo dijo: yo voy a tratar de
corregir (ya que todos pueden publicar cosas ahí) entonces él corrigió una
cantidad de tonterías".
No siempre es fácil que coincidan la idea que uno se hace leyendo la obra y la
vida de un escritor con la idea que uno se hace conociendo y hablando con ese
mismo escritor. Con José Saramago, en cambio ese ejercicio, resultó sencillo,
natural.
Por ejemplo, el modo de preparar una frase, la construcción lenta pero continua,
que sólo se detiene cuando llega a un final potente, casi inesperado, que queda
colgado y vibrando por un instante, dándonos el justo tiempo para reflexionar,
es idéntico, en Saramago, sea que escriba o que hable.
"Yo no vivo en el pasado; yo estoy hecho de pasado. En realidad la única cosa
que existe es el pasado, el presente no existe y el futuro no sabemos si
existirá. No podemos decir: 'Esto es el presente'. Cuando yo pronuncio la frase:
'Esto es el presente', ya todo eso se convirtió en pasado..."
Lo del viejo continente
José Saramago, que fue conociendo la literatura en su juventud, restándole horas
al sueño, a fuerza de frecuentar las bibliotecas públicas de Lisboa que
mantenían abiertas sus puertas en horario nocturno (tuvo dinero para comprarse
por primer vez un libro a la edad de 19 años) observa con una cierta perplejidad
el panorama de literario en el continente europeo.
"En todas la cosas se viven periodos de prosperidad y periodos de decadencia,
por ejemplo, Francia en los años 60 del siglo XX, era una especie de faro
cultural para el mundo... hoy Francia ofrece un espectáculo bastante desolador,
los artistas están allí, pero no despegan, parece que nada pueda despegar..."
"Hay que decir que Europa esta vieja, y todos nosotros los europeos, todos más o
menos, más allá de la vejez personal de cada uno, sufre de esa especie de vejez
colectiva que ocurre en Europa. Y todo lo que tiene que ver con la creación
literaria y artística (y también con la expresión filosófica del pensamiento
humano) está pasando por una mala hora".
Naturalmente el espíritu sensible de un hombre que ha visto pasar por sus días
casi un entero siglo de grandes transformaciones, tiene que tener una visión
especial de un momento lleno de tensiones como el que estamos viviendo.
"El mundo no hace mas que vivir momentos delicados, desde siempre".
"¿De qué estamos hablando? del 11 de septiembre; que es una referencia claro,
pero (y esto no es una excusa, es sencillamente llamar la atención) con menos
cobertura televisiva, con menos... publicidad digamos, los cataclismos que se
verificaron, por ejemplo, en África en los últimos años, incluyendo
genocidios... En las torres gemelas murieron tres mil personas, en África han
sido millones".
"No estoy usando una cosa para absolver la otra, no se trata de eso; se trata de
que tenemos que equilibrar la atención a los momentos delicados en el Mundo..."
Donde está la vida
De un tema al otro, de una reflexión a otra, mi encuentro con José Saramago se
iba acabando sin que nos diéramos cuenta.
El único signo del cansancio, la voz, que paulatinamente se hacía más débil,
pero no por ello su pensamiento perdía fuerza, hablando de las nuevas tendencias
en los medios de comunicación, donde muchas veces se busca la brevedad y la
inmediatez en la llegada del mensaje, el autor de "Ceguera" nos decía: "Yo
entiendo que realmente, por ejemplo, una página de Montaigne es una cosa
asustadora. Pero allí esta la vida, allí esta el pensamiento, la reflexión...
Parece que nos dimitimos de la primera responsabilidad, que es pensar... y la
verdad es que los Medios no están ayudando mucho a eso".
Cuando hacía ya mucho que el tiempo pactado para nuestro encuentro se había
agotado; llegó el momento de despedirnos. Mientras Saramago se ponía de pié en
toda su larga estatura, le estreché la mano y en el saludo, como antes en las
palabras, había una fuerza mansa; como la de un río que transcurre tranquilo,
seguro de que sus corrientes hondas llegaran al mar.