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El escenario que dejó la masacre en la Mezquita
EEUU, Pakistán, y el
"doble juego" con el "terrorismo islámico" |
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(IAR-Noticias) 15-Julio-07
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Soldado pakistaní junto a
escombros de la pared de la Mezquita Roja, en pleno centro de la
capital paquistaní, el domingo 8 de Julio (Foto: Reuters) |
Finalmente, y al
costo de 120 muertos (fuentes extraoficiales hablan de 800) el ejército de
Pakistán tomó el control de la Mezquita Roja luego de ocho días de ataques
y bombardeos que convirtieron en escombros al edificio donde se encontraban
estudiantes y combatientes islámicos opuestos al gobierno del general
Pervez Musharraf, un aliado de Washington en la "guerra contra el terrorismo",
al que la Casa Blanca viene acusando sutilmente de mantener un "doble juego" con
la yihad islámica y las organizaciones talibanes que protegen al mítico Bin
Laden supuestamente "escondido" en la región.
Informe especial
Históricamente, la
Mezquita Roja de Pakistán, en estos momentos demolida por el fuego del
gobierno aliado de Washington, fue la fragua doctrinaria de los mujaidines
que iniciaron la "Guerra Santa" contra el Imperio soviético en Afganistán en la
década del 80, con financiación y entrenamiento de la CIA y reconocidos por EEUU
como "luchadores de la libertad".
Coincidentemente, tanto
Al Qaeda como el
"fundamentalismo checheno", y sus principales líderes, Bin Laden y Shamil
Basayev, tuvieron como génesis común la CIA y la guerra en Afganistán de
la época del imperio soviético.
También históricamente el régimen
pro-Washington de Pakistán se ha valido de las madrassas (escuelas ialámicas)
para concretar sus propios proyectos políticos, tanto internos como en su
disputa regional con la India, en la cual las organizaciones islámicas juegan un
papel de provocación digitadas por el servicio de inteligencia pakistaní,
tradicional vínculo de esos grupos fundamentalistas con al CIA y los servicios
occidentales.
Desde la década del ochenta, y
con la finalidad de desestabilizar al ex imperio soviético en la región, l a CIA infiltró los cuadros combatientes islámicos utilizando de
intermediario al servicio de inteligencia paquistaní (ISI), que en la
actualidad sigue actuando de nexo entre los grupos terroristas que operan en
Asia, los Balcanes y Medio Oriente, principalmente la red Al Qaeda.
Según la BBC, antes del 11-S y
la invasión a Afganistán, Washington utilizó la infraestructura islámica como un
instrumento político para salvaguardar sus intereses en Afganistán e India
apoyando al Talibán y a varias organizaciones en la disputada región de
Cachemira.
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Interior de una madrassa, escuela
islámica donde se forman los futuros líderes religiosos, "refugio de
terroristas", según Washington. |
El Pakistán "terrorista"
Paradojalmente, luego del 11-S y de
de la invasión norteamericana a Afganistán, Washington comenzó a considerar el noroeste
pakistaní, en la frontera con Afganistán, como el principal "refugio de
terroristas del mundo".
En ese escenario (sólo explicado por
el "doble juego" y la política de "tercerización terrorista" de la CIA con los
grupos islámicos) la política esquizofrénica del presidente Pervez Musharraf
(adherir a la "guerra contraterrorista" y a la vez mantener una relación de
aprovechamiento político con el
movimiento islamista afgano Talibán y con la red "terrorista" Al Qaeda) pasó a
ser severamente cuestionada en Washington.
La crisis
que terminó con la masacre en la Mezquita Roja había comenzado apenas unos días después de que el periódico
The New
York Times informara el 28 de junio que el propio Ministerio del Interior
pakistaní le había alertado a Musharraf que la "política de contemporización
con el Talibán" sólo sirvió para "fortalecer aun más al extremismo islámico",
sobre todo en Afganistán.
No obstante, el gobierno de Bush mantuvo -en el discurso- apoyo incondicional a Musharraf.
El portavoz del Departamento de Estado (cancillería) estadounidense,
Sean McCormack, se limitó a decir a periodistas que "todavía hay mucho por
hacer" para someter a los radicales islámicos en Pakistán y destacó que
Washington "respalda los esfuerzos" de Islamabad.
Los analistas de las grandes cadenas norteamericanas deslizaron que la Casa
Blanca sabía que Musharraf siempre ha mantenido un doble juego con
Al Qaeda y con el Talibán, no obstante, Bush y los halcones siguen considerándolo un aliado
clave en la "guerra
contra el terrorismo".
El "doble juego" de Musharraf
No obstante, los tanques de
pensamiento conservador en EEUU señalan que los acuerdos que logró el gobierno de Musharraf en 2004 y 2006 con los grupo
pro-talibanes en las provincias fronterizas Waziristán del Sur y del Norte
ayudaron al movimiento islamista afgano a crecer en número de combatientes y en
capacidad logística.
El vicepresidente Dick Cheney visitó Islamabad en febrero, acompañado del
vicedirector de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Stephen R. Kappes,
cuando funcionarios estadounidenses no identificados dijeron al periódico The
Washington Post que tenían evidencias de que campamentos de Al Qaeda en Pakistán
estaban entrenando a combatientes islámicos.
Horas después de trascender que Cheney advirtió con suspender la asistencia a
Pakistán si Islamabad no actuaba decididamente contra Al Qaeda, el gobierno de
Musharraf divulgó un comunicado subrayando que "Pakistán no acepta los dictados
de nadie".
Funcionarios estadounidenses, afganos y de la Organización del Tratado del
Atlántico Norte (OTAN) concluyeron que el servicio de inteligencia pakistaní
ha seguido colaborando con las bases del Talibán y Al Qaeda en las
provincias de Waziristán del Norte y del Sur.
Finalmente, y como dejaron trascender
las usinas ultraconservadoras de Washington, Cheney y el ala ultradura del
gobierno de Bush comenzó a presionar para que la Casa Blanca definiera en
términos claros que la política de Musharraf estaba favoreciendo el
crecimiento y la proyección del "terrorismo talibán" en Afganistán.
El gobierno colaboracionista de
Afganistán, distribuyó entre periodistas en enero una grabación
de vídeo en la que Muhammad Hanif, portavoz del Talibán detenido por las fuerzas
de la coalición, aseguraba que el mulá Omar, máximo líder de los talibanes,
vivía en la occidental ciudad pakistaní de Quetta bajo protección de los
servicios de inteligencia de Pakistán.
El analista Barnett Rubin, especializado en temas afganos para la Universidad de
Nueva York, dijo en una entrevista a la cadena de televisión pública
estadounidense PBS que los militares de la coalición en Afganistán creían que
Pakistán podía hacer un daño severo a las fuerzas talibanes si detenían a sus
líderes en Quetta.
"El principal centro del terrorismo mundial es Pakistán", dijo Rubin en un
testimonio ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos.
Para los sectores y analistas
demócratas de EEUU, la actitud tolerante del gobierno de Musharraf con el "extremismo islámico" se
explica como una estrategia para usar a los partidos políticos de esa ideología
como base de apoyo para contrarrestar a las "fuerzas democráticas" opuestas al
régimen militar nstaurado en el golpe de Estado de 1999.
Según esa usinas,
Musharraf ayudó al partido Jammat-e-Islami, que tuvo en el pasado vínculos con
Al Qaeda, y a otros cinco grupos musulmanes aliados a ganar las elecciones
regionales de octubre de 2002 en las provincias fronterizas con Afganistán.
Según un informe del
Grupo Internacional de Crisis divulgado en
diciembre, y citado por la agencia IPS, el gobierno pakistaní "liberó a combatientes, les devolvió sus armas,
desarmó puestos de vigilancia y permitió a terroristas extranjeros permanecer
dentro del territorio si renunciaban a la violencia".
Esta política "facilitó el crecimiento de la militancia y de los ataques en
Afganistán, dándole a los elementos pro-talibanes libertad para reclutar,
entrenar y armar", añade el informe.
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Condoleezza Rice y Pervez Musharraf
durante la visita que realizó la secretaria de Estado norteamericana a
Pakistán el pasado mes de junio |
El escenario post-masacre en la
Mezquita
Tanto la Casa Blanca como la
"oposición" demócrata" siempre han acusado al dictador de Pakistán, general
Pervez Musharraf, de tolerar "elementos" en el ejército y los servicios de
inteligencia que mantienen vínculos ideológicos y estratégicos con militantes
islámicos "extremistas".
¿Significa la actual ofensiva militar en la Mezquita Roja que el general
Musharraf ha decidido plantar cara a esos "elementos"? ¿Cuáles serían las
consecuencias?, se pregunta en un análisis la cadena británica BBC.
La periodista Carlotta Gall, corresponsal del diario
The New York Times,
que visitó la frontera afgano-pakistaní en enero, descubrió "señales de que
las
autoridades de Pakistán fomentan a los insurgentes, si no los auspician".
En las provincias pakistaníes fronterizas con Afganistán abundan las madrassas
(escuelas islámicas), de donde surgen combatientes musulmanes. El número de
partidarios del terrorismo islámico en Pakistán se estima en cientos de miles,
señaló la corresponsal.
Cabe recordar que Musharraf ayudó al partido Jammat-e-Islami, que tuvo en el pasado vínculos con Al Qaeda, y a otros cinco grupos musulmanes aliados a ganar las elecciones regionales de octubre de 2002 en las provincias fronterizas con Afganistán.
Luego de esa victoria electoral, líderes de esos partidos comenzaron a colaborar
activamente en las operaciones transfronterizas del Talibán y de Al Qaeda.
Sin embargo, funcionarios de Washington -citados por la agencia IPS- señalan que los arrestos de varios líderes de Al Qaeda hechos por Pakistán desde los atentados terroristas del 11 de septiembre
de 2001 en Nueva York y Washington son una evidencia de la buena fe de
Islamabad.
Por su parte, el periodista James Risen, corresponsal de The New York Times, señaló en su
libro "State of War" ("Estado de guerra") que el gobierno de Musharraf está
lejos de cooperar con Estados Unidos en los esfuerzos para destruir a Al Qaeda.
Risen indicó que miembros de esa red terrorista instalaron un nuevo centro de
operaciones en Waziristán del Sur tras huir de Afganistán en 2002, y que los
militares pakistaníes impidieron que las fuerzas estadounidenses los
persiguieran.
Agentes de la CIA se instalaron
luego
en Pakistán para buscar al líder
terrorista saudita Osama bin Laden, pero estos eran siempre escoltados por
funcionarios pakistaníes que limitaban sus acciones, aseguró Risen.
Según la BBC, los observadores argumentan que el gobierno de Musharraf sigue
protegiendo sus conexiones "terroristas" dentro de los servicios de seguridad,
sin cuya complicidad los militantes en la Mezquita Roja no hubieran podido
aprovisionarse de armas para combatir durante más de una semana.
La cadena británica sostiene este
miércoles que los movimientos de tropas durante los últimos cuatro días en
áreas sensibles del noroeste del país indican que el gobierno desea llevar la
campaña contra los militantes de la Mezquita Roja hasta las mismas puertas de
los "islámicos radicales".
Según la BBC, los militares ha sido desplegados en el distrito de Swat. También,
en el distrito tribal del norte de Waziristán, en la frontera con Afganistán, el
ejército se ha arriesgado a poner en peligro un tratado de paz al reocupar
puestos de control que había abandonado como parte de un acuerdo con
militantes"extremistas" locales.
En venganza -señala la BBC- durante el asedio a la Mezquita Roja han sido
asesinadas 19 personas -incluidos 11 funcionarios públicos- en la provincia de
la Frontera Noroeste, cuya capital es Peshawar, considerada una conexión entre
Pakistán y Afganistán
Según el analista
vasco, Txente Rekondo, "los enfrentamientos en torno a la
mezquita Lal Masjid (la Mezquita Roja) han mostrado con toda su
crudeza los desesperados intentos del General Pervez
Musharraf por mantener su supervivencia política".
"Tras su pulso con el
máximo juez del país, con buena parte de los medios de
comunicación locales, con una oposición política que aprovecha
cada conflicto para buscar sus propios réditos políticos, unido
todo ello a la fuerte presión que desde Occidente se mantiene
para que lance una ofensiva contra toda esa nebulosa forjada en
torno al movimiento islamista radical, el presidente pakistaní
ha optado por actuar con mano firme para desactivar todas esas
presiones".
La masacre en la
Mezquita Roja -según Rekondo- puede desembocar en un
baño de sangre por todo el país, tal y como ya han
adelantado algunos círculos jihadistas que amenazan con lanzar
ataques en las principales ciudades pakistaníes.
"Además, -continua el
analista- esos grupos han decidido romper también los acuerdos
de paz que mantenían con el gobierno central en las zonas
tribales del país. Los primeros resultados ya se han visto, con
diferentes ataques suicidas contra el ejército en las citadas
regiones, y con ataques contra miembros de la administración
central. También el ataque contra el avión del propio Musharraf
nos muestra hasta donde están dispuestos a llegar en su
respuesta esas organizaciones".
En la capital pakistaní circulan algunas noticias que apuntan
también a un intento por parte del presidente de adelantarse a
una especie de "golpe de mano" que estarían preparando
diferentes sectores del país, precisa Rekondo.
Para la cadena BBC,
la masacre del ejército pakistaní en la Mezquita Roja, indica que el gobierno de Musharraf ha decidido romper su
política de equilibrio con el "terrorismo islámico" en
función de mantener el poder garantizado por su alianza
estratégica con Washington.
¿Podrá el general
Musharraf continuar trabajando en esa línea en los próximos
meses?, se pregunta la cadena británica.
La solución militar del conflicto en torno a Lal Masyid, la Mezquita
Roja de Islamabad, podría dar origen a la radicalización del Islam en
Pakistán, opina el profesor Hagai Segal, conocido experto británico en temas
de lucha antiterrorista, citado este miércoles por la agencia
rusa RIA Novosti.
"Es probable que la operación (militar) ayude a neutralizar a un
grupo extremista pero, al mismo tiempo, será una fuente de
inspiración y entusiasmo para otras formaciones de islamistas
radicales", señaló Segal al
comentar el sangriento asalto a la Mezquita Roja.
"Cualquiera que sea la versión oficial de estos acontecimientos, serán
interpretados como una masacre en los círculos islámicos", afirmó.
Lo sucedido podría debilitar las posiciones del presidente Pervez Musharraf,
tener "repercusiones negativas en el nivel de confianza hacia el
régimen laico" y "empujar hacia los extremistas a la gente que
hasta ahora se encontraba al borde", señala Segal.
Según Txente Rekondo,
luego de la masacre de la Mezquita Roja, "No es sencillo
anticipar el escenario hacia el que se dirige ese país asiático,
pero la mayoría de los análisis coinciden en señalar que sea cual
fuese la salida a esta nueva crisis, el difícil equilibrio que
sostiene Musharraf puede acabar pasándole factura".
Los gobiernos
occidentales -continúa el analista- son conscientes de esa
situación, de ahí sus maniobras para buscar algún recambio
consistente, pero al no haberlo encontrado pueden seguir
apoyando al cada día más debilitado Musharraf.
El "segundo
frente islámico"
En la valoración de
IAR Noticias, Washington y la CIA, luego de la masacre en
la Mezquita Roja, van seguir utilizando y financiando a
grupos de la yihad "terrorista" en Pakistán en la búsqueda
de dos objetivos precisos:
A) Derrocar al
general
Musharraf (que
ya no resulta confiable a Washington) e instalar en el país una
versión pakistaní de "guerra civil" con represión y
persecución de grupos islámicos vinculados a Al Qaeda y a
la red Talibán que actúa contra la OTAN y EEUU en Afganistán.
B) Utilizar a los
grupos radicalizados de la yihad pakistaní (fragua histórica de
la "guerra santa" contra occidente) como "segundo frente" de
"amenaza terrorista" proyectado en Europa y EEUU, luego de
Irán, y consecuentemente extender la "guerra contraterrorista" a
Pakistán.
En esa orientación se
vienen moviendo desde hace unos meses Cheney y los halcones de
la Casa Blanca, además de las usinas mediáticas y "tanques de
pensamiento" ultraconservadores de Washington.
La masacre en la
Mezquita Roja fue solo el punto de partida para un proceso
represivo-militar a los grupos islámicos paquistaníes que
traerá como consecuencia la "venganza" y una nueva declaración
de "guerra santa" contra EEUU y Occidente.
Se trata, en
definitiva, de crear una nueva lógica manipuladora con el
"terrorismo islámico" (esta vez procedente de Pakistán) que
arrime más argumento justificatorio y consenso
internacional para que los tres grupos de ataque aeronaval
nuclear posicionados en el Golfo lancen la ofensiva
contra Irán y vayan por la recaptura de Medio Oriente.
Lo que queda de la
segunda gestión de Bush va a girar sobre ese objetivo.
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