a secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, inició el martes
una visita relámpago a Islamabad con el objetivo de trazar una alianza común
entre Pakistán y Afganistán para derrotar a la guerrilla de los talibanes
que en los últimos días ha incrementado su actividad causando numerosas bajas a
la coalición ocupante.
La agenda de la halcona conserva la vista fija en las
elecciones norteamericanas de noviembre próximo, donde el gobierno republicano
puede perder la mayoría en ambas cámaras del Congreso.
Rice
intenta convencer a Pakistán y Afganistán que dejen a un lado sus disputas
y trabajen conjuntamente para combatir a los talibanes que, desde ambas
fronteras, acosan, cada vez con mayor poder destructivo, a las fuerzas
norteamericanas y a su gobierno títere de Kabul.
El nivel que detenta la resistencia armada y
los ataques en Afganistán, especialmente en el sur, configuran para EEUU el peor
momento que viven sus fuerzas invasoras desde que los talibanes fueran expulsados del poder en 2001,
registrando más de 1.100 muertos desde enero pasado.
Con la sombra de las elecciones en el
Senado y en la Cámara de Representantes, donde los republicanos pueden perder la
mayoría que hoy detentan, Bush está siendo criticado por los demócratas por
no lograr contener a los talibanes.
A su vez, la resistencia y el incremento de los ataques y atentados
aumentó el temor entre los afganos, que sienten que poco ha cambiado pese a las
elecciones y al "gobierno democrático" controlado por los "señores de la
guerra" aliados de Washington que lo apoyaron durante la invasión.
La vuelta de Rice a la región, apenas tres meses después de acompañar a George
W. Bush a la zona, se produce en un momento en el que los dirigentes afganos y
paquistaníes están sufriendo caídas de popularidad y su credibilidad se
está viendo cuestionada en el extranjero.

Rice alabó a ambos países por sus esfuerzos en la "guerra contra el
terrorismo", en unas declaraciones realizadas en Pakistán, donde se
reunirá con el presidente Pervez Musharraf, pero sabe que tiene una labor
difícil.
Rice
se va a reunir con el presidente de Pakistán, el general Pervez Musharraf,
y con el ministro de Exteriores, Jurshid Kasuri, antes de seguir viaje hacia
Rusia para participar en la reunión del G8.
El avión que trasladaba a la secretaria de Estado aterrizó en la base militar de
Chaklala, en Rawalpindi, cerca de Islamabad, sobre las 17.00 horas (12.00 GMT),
donde fue recibida por el embajador estadounidense, Ryan Crocker, y responsables
del Ministerio paquistaní de Exteriores.
"Expresará el apoyo estadounidense a Pakistán como aliado en muchas áreas,
incluida la guerra contra el terrorismo", apuntaron fuentes del Ministerio
paquistaní de Exteriores, que citaron al portavoz del Departamento de Estado,
Sean McCormack.
"La parte en la que tenemos que trabajar con más ahínco es la cooperación
estadounidense-afgana-paquistaní", dijo Rice.
"Queremos hablar (en Pakistán) sobre qué más podemos hacer", añadió.
Hace dos años, Afganistán, invadido y ocupado en el 2002, fue considerado
un "éxito" de la política exterior de Estados Unidos tras el triunfo
electoral del presidente Hamid Karzai en 2004.
Rice defendió al gobierno títere de Karzai, restando importancia a una
información del Washington Post respecto a que estaba perdiendo apoyos en
casa y entre los gobiernos extranjeros.
"Es un hombre que está haciendo su trabajo extremadamente bien", señaló la
halcona negra de la diplomacia estadounidense.
Karzai y Musharraf, incondicionales a
Washington, han estado enfrentados por las acusaciones afganas de que la
resistencia está siendo dirigida desde territorio paquistaní, y Pakistán está
preocupado por la floreciente amistad de Kabul con su viejo rival, la India.
La ocupación estadounidense cuenta con 23.000 hombres en Afganistán, los que
hasta el momento no han podido detener las oleadas de ataques y atentados de la
guerrilla talibán, cuyo régimen fue derrocado tras los bombardeos de la aviación
estadounidense, en octubre de 2002.
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