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Irán se prepara para la guerra

Ahmadineyad y los militares tienen sus "propios planes" al margen de los ayatolas

Radiografía de un enfrentamiento subterráneo en la cúpula del poder iraní, que puede acelerar el desenlace del enfrentamiento militar EEUU-Irán. La decadencia de la teocracia clerical, y el ascenso de los "guardianes". La estrategia y los objetivos de la guerra contra el sionismo judeo-norteamericano.

(IAR-Noticias)  27-Mayo-06 

Informe especial IAR-Noticias

Analistas de la prensa norteamericana y europea vienen señalando las importantes fisuras que se habrían producido entre el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, y la casta sacerdotal de los ayatolas que detentan el poder real en la nación islámica.

En el actual contexto del conflicto nuclear con EEUU las tendencias negociadoras y "dialoguistas" de los ayatolas empiezan a chocar contra las posturas agresivas y extremas de los ex militares y "guardianes" de la revolución  islámica  que se encaramaron en las estructuras del poder con el acceso de Ahmadineyad a la presidencia de Irán.

La designación de Mahmud Ahmadineyad, un ex guardián islámico, como el jefe del ejecutivo –en cuyo gabinete  hay doce ministros con historial militar y de militancia en la revolución islámica -, y la entrega de la alcaldía de Teherán a un ex comandante en jefe de las fuerzas armadas, le da un tono castrense definido a la nueva administración.

Cuando la teocracia conservadora, con el líder supremo ayatola Ali Jameini, prohibió la participación de la mayoría de los candidatos reformistas en 2005, los Guardias Revolucionarios y las milicias Basij (que sirvieron como carne de cañón suicida en la guerra contra el Irak de Saddam Hussein, hace 20 años), colocaron a Ahmadineyad en la presidencia de Irán.

La mayoría considera que la llegada de Ahmadineyad a la Presidencia de Irán fue una jugada  "renovadora" de Jamenei y de la cúpula clerical para superar una crisis de la que se responsabiliza al régimen de los ayatolas.

Sobre los clérigos que controlan Irán desde hace 27 años pesan severas denuncias de abuso de poder, asesinato y represión de opositores y corrupción generalizada con la administración del petróleo iraní.

Pese a que han calmado las feroces ejecuciones de opositores políticos llevadas a cabo en la década de los ochenta, la esencia represiva del régimen teocrático sigue siendo la misma.

Diferentes fuentes calculan entre ochenta y cien mil el número de presos políticos en Irán. Las mujeres continúan siendo marginadas, aunque muchas jóvenes han perdido el miedo.

En manifestaciones callejeras miles de mujeres protestaron por la anulación de las candidatas en las listas electorales generando una seria preocupación al régimen.

En el sector socioeconómico, y pese a los importantes recursos energéticos de Irán, la inflación llega al 25%, hay 10 millones de desocupados, 11 millones de personas viven bajo el nivel de la pobreza, y no se visualiza futuro para 30 millones de jóvenes.

Muchos de los integrantes del régimen son acusados, incluso por la prensa oficial, de haberse enriquecido ilícitamente en un proceso de corrupción que corroe como un cáncer la Administración teocrática que controla los resortes de la economía, la policía y las fuerzas armadas.

Los "ultra-duros" y el recambio generacional

Liquidados los reformistas de Jatami, Jameini y los clérigos acudieron a los fieles Guardianes de la Revolución (pasdaranes) y de los Basiyis (voluntarios), cuyo personaje más carismático y sobresaliente es Ahmadineyad, y que vinieron a cubrir el vacío de poder político dejado por los reformistas en medio de la crisis del régimen clerical.

Esta es la verdadera razón de por qué Ahmadineyad y sus seguidores del "brazo armado" de los clérigos se han impuesto a figuras como Rafsanyani (el adversario interno de Jameini)  y hoy ocupan los principales cargos políticos de la nación islámica.

Hoy, sin cuestionar la esencia del  modelo teocrático, los ex militares y ex guardianes que accedieron al poder con Ahmadineyad  exigen su parte del poder real, considerada legítima por su defensa del país durante la guerra irano - iraquí (1980-88).

Se trata también de un relevo generacional, ya que el promedio de edad de quienes son llamados por la prensa reformista jenah-e padegani "sector cuartel" es de 40 años, en contraposición de los ayatolas que rozan los 70 años de promedio.

La primera fase de cambio "generacional" en el poder político del régimen teocrático se dio en el Parlamento con el ingreso de 67 ex guardianes de la Revolución Islámica y de ex integrantes de las fuerzas armadas y de los servicios de Inteligencia del Estado en el parlamento hace dos años.

El  "núcleo duro" y militarista que acompaña a Ahmadineyad en su gestión representa la generación de los guerreros que combatieron con "las armas en la mano" en la defensa de la revolución iraní, y se presentan asimismo como la "guardia pretoriana" del legado de su fundador, el ayatola Komeini.

El sector militarista que sigue al presidente de Irán, los guardianes de la revolución de Komeini, están potenciando el nacionalismo frente a la amenaza exterior, justificando la necesidad de tener su propio programa nuclear, tal como lo tienen las cinco principales potencias que integran el Consejo de Seguridad de la ONU.

Esto les granjea la adhesión incondicional de las fuerzas armadas iraníes embebidas en el principio de la reivindicación nacionalista y la guerra permanente contra el "poder  sionista".

Ese es el sector que vibra y se emociona con los discursos desafiantes de Ahmadineyad contra EEUU e Israel, en tanto que esos mismos discursos producen escalofríos en los ayatolas acostumbrados al ejercicio "negociador" con Washington y Tel Aviv, pese a las apariencias de enfrentamiento.

Para algunos observadores los integrantes del "núcleo duro" de Ahmadineyad, después de años de corrupción y fallidas reformas, combinan el deseo de destruir el sionismo, expresado por Washington y por el Estado de Israel con la nostalgia de una época de orgullo guerrero.

Ahmadineyad, señalan, evoca el anhelo de confrontación de hace un cuarto de siglo, cuando la nación islámica estaba preparada para desafiar al mundo, enviar incontables jóvenes al martirio en la lucha contra el Irak de Saddam Hussein, resistir ataques de misiles contra sus ciudades, y sufrir ataques con gas venenoso contra sus tropas.

Nunca, desde que viviera el ayatolá  Komeini en la década de 1980, Irán había provocado tantas tensiones regionales o globales como la que han despertado Ahmadineyad y sus seguidores en el actual período de confrontación nuclear con EEUU.

Desde su elección como presidente de Irán, Ahmadineyad se ha manifestado como un experto en provocar las iras de la alianza imperialista occidental encabezada por Washington, clamando por la destrucción de Israel, negando el Holocausto y acusando a las “falsas superpotencias” de conspirar para destruir a Irán.

En octubre pasado, mientras crecía el clima de tensión mundial y se agudizaban las condenas de EEUU, Israel y la Unión Europea, el presidente iraní llamó a "borrar del mapa" al estado sionista israelí, y multitudes, al grito de ¡muerte a Israel! se movilizaron en Irán para apoyarlo y condenar los genocidios de Sharon en Palestina y Medio Oriente.

En Teherán y en el resto del mundo musulmán, desde la irrupción mediática del presidente iraní, muchos jóvenes se han contagiado de este espíritu de lucha contra Israel y los nuevos "cruzados occidentales" contra la nación islámica.

En la selecta Universidad Imam Sadegh de Teherán, los alumnos, que aún no habían nacido en 1979, ya  hablan de “la pureza de la revolución y la guerra”.

Para algunos expertos, montado en la crisis nuclear con EEUU, en Irán se incuba el comienzo de un levantamiento fundamentalista en la región, desde la Hermandad Musulmana en Egipto hasta Hamas, Hezbolá en Líbano.

Esta situación -coinciden los observadores- comienza a deteriorar seriamente la relación del régimen clerical (encabezado por Jameini) con los nacionalistas "duros" del entorno de Ahmadineyad quienes -montados en el conflicto con EEUU- han comenzado a construir su propia estrategia de poder para sustituir al desgastado y corrupto régimen de los ayatolas.

En posiciones de poder, los "duros" de Ahmadineyad intentan explotar el desprestigio y el debilitamiento del régimen teocrático de los ayatolas, la caída en picada de la corriente reformista de Jatami (a quien derrotaron en la última elección) para construir una posición cerradamente nacionalista en lo exterior, y con signos de "aperturismo" en lo interior.

Esto es, flexibilizar en parte los cerrados dogmas religiosos, sobre todo en relación a las mujeres, establecidos por la teocracia que controla Irán.

Su plan -dicen algunos analistas- es aislar, para luego apartar al clero del poder político y devolverles a las escuelas teológicas, una empresa que, hasta ahora, parecía imposible de realizar con los clérigos controlando todos los resortes del poder.

El sordo enfrentamiento interno en la cúpula del régimen teocrático iraní, se expresa claramente en las oscilantes posiciones de los discursos oficiales, donde los desafíos de Ahmadineyad a EEUU e Israel, contrastan generalmente con posturas "dialoguistas" y más moderadas expresadas por otros funcionarios.

Esto revela -según los observadores- la puja por la hegemonía entre los clérigos y el "sector duro" encabezado por Ahmadineyad.

La famosa "carta a Bush", por ejemplo, fue impulsada por el ayatola Jamenei como parte de una estrategia de "aflojamiento de tensiones" no compartida del todo por el "núcleo duro" de Ahmadineyad, quienes tras el envío de la misiva comenzaron una nueva ronda de confrontación con EEUU y el sionismo internacional.

El enfrentamiento subterráneo entre los "ultraduros" de Ahmadineyad compartido por los generales y las cúpulas de las fuerzas armadas (los que quieren relegar a los clérigos a las mezquitas) agrega nuevos elementos al conflicto nuclear que Irán mantiene con EEUU y las potencias capitalistas del "club nuclear", salvo China y Rusia, con quien mantiene acuerdos estratégicos en el plano militar y comercial.

La era Ahmadineyad

Marchas en Teherán este viernesLa irrupción de Ahmadineyad y sus posturas ultranacionalistas sostenidas a partir de la defensa a ultranza de su programa nuclear y de sus deseos declamados de convertir a Irán en una "gran potencia" quebró la estrategia que venían desarrollando los ayatolas iraníes con el "Imperio de Satán".

Esa estrategia -de doble discurso- combinaba el enfrentamiento discursivo con pactos por "debajo de la mesa", como el gestado para invadir Irak y derrocar al régimen de Saddam Hussein.

En 1980, habiendo fracasado sus operaciones encubiertas en Irán, EEUU decidió invadir militarmente a ese país utilizando a Saddam Hussein y a su ejército armado por EEUU, Francia e Israel, y entrenado por la CIA y el Pentágono.

Tras una larga guerra Irak-Irán que abarcó casi toda la década del 80, y produjo un millón de muertos entre civiles y militares, Saddam y el régimen iraní firmaron un final de las operaciones militares, con el cual fracasó el intento de EEUU por reapoderarse del petróleo iraní, cuyo control perdió con el advenimiento de la revolución islámica de Komeini en 1979.

La relación Washington -Teherán se recompuso luego de que Saddam invadiera Kuwait en 1991, iniciando una fase de acuerdos entre la teocracia iraní y el gobierno de George Bush padre para terminar con el régimen de los suníes que controlaban Irak.

Ese pacto se prolongó durante la gestión de Bush hijo, quien finalmente concretó el proyecto iniciado por su padre, contando con la alianza interna con los clérigos chiíes encabezados por el ayatola Sistani, una prolongación del régimen teocrático que gobierna Irán.

El acuerdo convertía a los clérigos chiíes pro-iraníes en la "columna vertebral civil" de la dominación militar estadounidense, y servía a los ayatolas de Irán para establecer la punta de lanza de un "gobierno fundamentalista islámico" en la región.

La llegada de Ahmadineyad y su prédica nacionalista guerrera contra EEUU e Israel, resquebrajó el pacto, y las posiciones del régimen teocrático fueron virando hacia un nuevo enfrentamiento, donde Washington acusa a Teherán de promover por medio del "terrorismo" el enfrentamiento inter-religioso y la guerra civil en Irak.

En este nuevo tablero -señalan los especialistas- Ahmadineyad y el "núcleo duro" comienzan a hegemonizar cada vez más los resortes del conflicto con EEUU, y sus planes de desplazar a los ayatolas del poder se ven favorecidos por la escalada bélica.

El plan interno de Ahmanideyad -según los especialistas- se sustenta en el asistencialismo a las clases más pobres, el combate contra la corrupción teocrática, el apoyo de los militares nacionalistas y de los Guardianes de la Revolución, y el antiimperialismo creciente en el plano de la política exterior.

Es la clásica fórmula líder-ejército-pueblo que han practicado los distintos regímenes que, desde Perón hasta Chávez, han intentado proyectos alternativos al Imperio capitalista.

No por casualidad, desde que Ahmadineyad asumiera la presidencia, y comenzara un creciente liderazgo contra el sionismo judeo-norteamericano en el campo internacional, muchos expertos comenzaron a señalar que el principal objetivo estratégico de Washington no es la destrucción de la usinas nucleares sino un "cambio de régimen" en Irán.

Entre los analistas militares de EEUU existe el convencimiento creciente de que el objetivo último del presidente Bush y del lobby judío que controla la Casa Blanca es destruir a  Ahmadineyad  y propiciar un "cambio de régimen" en Irán.

Para el estamento militar y los halcones estadounidenses Mahmud Ahmadineyad ha llegado muy lejos al poner en duda la realidad del holocausto judío, y recreando la consigna de que Israel debe "ser borrado del mapa”.

Bush y sus asesores en la Casa Blanca, así como los halcones sionistas de Israel,  lo consideran un "Hitler potencial", capaz de conseguir armas estratégicas nucleares y amenazar al mundo con otra guerra mundial.

Washington ya ha a hecho explícito su temor al llamado "eje petrolero" Rusia-Irán-Venezuela, en el que también se incluye a la Bolivia de Evo Morales.

El juego estratégico

En lo interno, Ahmadeniyad y el "núcleo duro" se presentan como los defensores de los pobres y los abanderados de la lucha contra la corrupción del poder, a la vez que ensayan posturas "aperturistas" religiosas orientadas a captar a los sectores reformistas más afines al nacionalismo.

Ahmadineyad es considerado un líder duro y carismático, frío, y de gran llegada entre los sectores más pobres de la sociedad iraní, a quienes promete participación en las acciones de la industria petrolera.

Además el presidente de Irán, se rodea de una imagen austera y sencilla, que contrasta con la riqueza y la opulencia en que viven los clérigos y los funcionarios de la teocracia iraní que lo pusieron en el poder.

En una gran jugada mediática, a principios de 2006, Ahmadineyad hacía públicas sus propiedades, que se reducían a dos cuentas bancarias sin ahorros y a una vieja casa familiar en un barrio popular de Teherán, donde sigue viviendo.

En cuanto al tablero de conflicto con EEUU e Israel, los especialistas señalan cuatro ejes principales en la estrategia de Ahmadineyad y de los sectores militaristas "ultraduros":

1)  Utilizar el "factor petróleo" amenazando con cortar el suministro internacional y crear un caos mundial con una escalada sin límites de los precios, si es atacado por EEUU. Esta táctica de presión está orientada principalmente a Europa y a EEUU, que serían los principales perjudicados, y busca que las potencias europeas no suscriban las sanciones económicas ni apoyen una acción militar de EEUU contra Irán.

2) Utilizar su alianza estratégica con Rusia y China poniéndola como factor de equilibrio y disuasión militar con el eje EEUU-Israel y sus potencias aliadas en la ONU. China es el principal comprador del gas y del petróleo iraní, y con Rusia Teherán mantiene una relación estratégica que incluye la provisión de armamento de última generación, el asesoramiento militar, y acuerdos diversos de cooperación en el terreno bélico. Lo que convierte a la Rusia de Putin en una carta de presión permanente que juegan los halcones de Teherán en su enfrentamiento con Washington.

3) Utilizar la táctica del ataque permanente y la retórica guerrerista contra Israel, que busca producir una reacción entre los sectores del sionismo ultra-halcón del Estado judío.  El objetivo es conseguir una amenaza concreta de acciones militares por parte de Tel Aviv, lo que aislaría aún más a Israel en el plano internacional. Esto explica la recurrencia de Ahmadineyad en negar el Holocausto y anunciar que Israel "será borrado del mapa". Washington acusó recibo de esta táctica, con la reciente convocatoria de Bush al primer ministro de Israel, cuyo objetivo fue pedirle que interceda ante los sectores ultra-halcones del Likud para que no entren en el terreno de "provocación".

4) Amenazar con su poder de influencia sobre el gobierno y la comunidad chií de Irak (60% de la población) para producir un levantamiento en masa contra la ocupación, como táctica para neutralizar y/o disuadir a EEUU de una operación militar contra Irán. La táctica consiste en explotar el empantamiendo que sufren las fuerzas ocupantes norteamericanas en Irak, con el consecuente deterioro de la imagen de Bush.

Los especialistas asignan a esta estrategia un objetivo principal centrado en "ganar tiempo".

Si se considera que ya fracasaron dos reuniones de las cinco potencias para tratar sanciones a Teherán en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, hay que concluir que, hasta ahora, la estrategia de los guerreros fundamentalistas iraníes viene teniendo "éxito".

Sin embargo -señalan los expertos- el límite de esa estrategia se encuentra en la decisión unilateral de EEUU -en alianza con Israel- de iniciar accionnes militares unilaterales (al margen de la ONU)  contra las usinas nucleares de Irán.

O que en el Consejo de Seguridad de la ONU  potencias como Gran Bretaña, Alemania, y Francia (presionadas por su dependencia estratégica de EEUU) terminen apoyando las sanciones o el ataque militar contra Irán.

Mientras tanto, y como estrategia disuasiva para ganar tiempo, la retórica guerrerista de los halcones militaristas de Washington y de Teherán, continuarán en ascenso constante.

Como señalan los expertos: Bush (el halcón norteamericano) y Ahmadineyad (el halcón iraní) parecen ser almas simbióticas y complementarias. Con ellos en el tablero, la guerra es inevitable.

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