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(IAR-Noticias)
05-May-06
Informe
especial IAR-Noticias
Al
secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld, confeso planificador de las
invasiones a Irak y Afganistán, principal impulsor -según las denuncias- de
los programas de tortura de la administración Bush, las cosas por estos días no
le van muy bien que digamos.
A los incontables pedidos para que
renuncie a su cargo, a los cuales se sumaron una decena de altos jefes retirados
del Pentágono en los últimos días, se suman los bochornos y repudios
constantes a que es sometido durante sus apariciones públicas.
Según sus biógrafos, los
que lo conocen lo describen como rápido, colérico, agresivo, y con gran dominio
y manejo de la escena del poder. Pero de eso le va quedando poco frente a la
avalancha de acontecimientos que lo convierten (junto a Cheney) en el maldito
de la película de los halcones.
Con Cheney, lideran
políticamente el llamado lobby judío, base de planificación y diseño
estratégico de las rapiñas militares de la Casa Blanca durante la administración
Bush, una de las más sórdidas y genocidas de toda la historia imperial de
Washington.
Durante
su época de "gloria", en plena invasión de Irak, se mostraba como un duro
entre los duros.
Escondido
detrás de sus gafas de montura ligera, enviaba sonrisas socarronas y
sarcásticas a los periodistas que lo acosaban con sus preguntas sobre la marcha
de la "guerra en Irak" (así llama la prensa oficial a la ocupación,
genocidio y saqueo de Irak).
Si por él
fuera, y de no mediar la papelería burócrática de la ONU, en las primeras 72
horas hubieran caído sobre Irak las 3000 bombas y misiles inteligentes
que contemplaba originalmente el plan de ataque norteamericano que diseñó
personalmente.
Sus
bravuconadas mediáticas y su pragmatismo descarnado deslumbraban a sus
admiradores y causaban la ira de sus enemigos dentro y fuera de los Estados
Unidos.
Cuando
todavía nadie pedía su renuncia, y en plena ofensiva de las potencias europeas
por impedir la invasión a Irak en la ONU, provocó la ira de los franceses y de
los alemanes diciéndoles que pertenecían a la "vieja Europa".
Por ese
entonces, "Don", como lo llama Bush, o "Rummy" como lo llaman sus amigos, un día
amenazaba con invadir a Corea del Norte y otro se despachaba diciendo que
Estados Unidos respondería con armas nucleares a cualquier provocación de sus
enemigos.
Eran días "ganadores" para el
lobby y sus representantes en la Casa Blanca, del cual Rumsfeld es una de sus
figuras más emblemáticas.
El
llamado "halcón mayor" viene de una larga fagina por el mundo de las correrías
imperiales de Washington.
Compinche
de "Papá Bush", su sostenedor en el clan familiar,
a los 30 años de edad "Rummy"
ya era congresista por el Partido Republicano, dentro de su ala más
ultraconservadora y anticomunista.
En 1969,
durante la administración de Richard Nixon fue nombrado embajador de EE.UU. ante
la OTAN. Desde ese cargo supervivió al escándalo del Watergate que terminó con
Nixon, y fue nombrado jefe de gabinete del gobierno de Gerald Ford, 1974-1975.
Posteriormente, y a los 43 años de edad, fue designado secretario de Defensa,
1975-1977, en plena crisis y derrota de la maquinaria militar norteamericana
invasora en Vietnam.
Posteriormente Rumsfeld retornó a su cargo de presidente de la junta de
directores en la multinacional farmacéutica G.D. Searle & Company,
1977-1985.
Hasta
que Ronald Reagan, un "anticomunista" ferviente como él, lo convocó para
ocupar el cargo de miembro del Comité Asesor del Control de Armamento. Luego, y
en pleno auge del Irangate, fue designado enviado especial del gobierno
norteamericano en Oriente Medio.
Dos
acontecimientos claves marcarían a fuego la carrera política de "Rummy".
En la
década del ochenta (como coordinador en las sombras de la guerra de Irak contra
Irán) conoció y
estrechó la mano de Saddam Hussein (a quien dos décadas después le enviaría
toneladas de misiles y bombas inteligentes en 22 días) y estrechó una férrea
amistad con George Bush, el padre de W por entonces vicepresidente de Reagan.
A Bush
padre, considerado el "cerebro gris" de la era reaganiana, se le atribuye el
armado estratégico del affaire conocido como el Irangate en el que "Rummy" tuvo
un papel destacado.
Bush padre, por entonces vicepresidente, mantenía una
decisiva influencia sobre la CIA (en ese momento comandada por William Casey)
de la cual fue director durante el gobierno de Nixon.
Las
andanzas de "Rummy"
durante más de tres
décadas por el escenario de los negocios imperiales inspiraron el título
de un libro (The Rumsfeld Way) escrito por Jeffrey Krames, que
circula como un manual de instrucciones entre los que ejercitan el liderazgo y
la dirección de empresas.
Su autor
lo describe como dueño de un carácter "agresivo, determinado y pragmático", y
sostiene que Rumsfeld "siempre está pensando el próximo movimiento del ajedrez,
planeando sus futuras batallas".
Tras el 11-S,
su
artillería pesada y su alta exposición mediática lo convirtieron en el símbolo
por excelencia de la nueva doctrina de supremacía militar
estadounidense.
Por entonces, muchos en
Washington lo comparaban con Darth Vader, el malvado
de la guerra de las galaxias, por su costumbre de cortar cabezas y de amenazar
con el Apocalipsis a sus enemigos.
Se dice
de "Rummy" que fue amigo de Saddam y que, en un ataque de "negocios", le llegó a
vender dos reactores a la propia Corea del Norte.
Su
obsesión, en los días de "gloria" inmediatos al 11-S,
era planear invasiones, y de
tanto en tanto amenazar con contundentes "respuestas nucleares a sus enemigos".
Vicio que a veces suele recrear con sus actuales amenazas de la "opción
militar" contra Irán.
Según sus
biógrafos, entre guerra y guerra, "Rummy" pensaba, por entonces, en lo que dijo
Kissinger de él: "Donald Rumsfeld tiene lo que hay que tener para ser un
presidente fuerte". Hoy de ese dicho ya no le queda ni la hilacha.
Donald
Rumsfeld, secretario de Defensa norteamericano, se ganó por mérito propio la
fama de malo de la película entre los propios halcones del Pentágono que
siempre lo tuvieron como su jefe indiscutido, y hoy, a la luz de su indetenible
decadencia, también le empiezan a dar la espalda.
El presente de "Rummy" no se parece
en nada al que vivía cuando transitaba casi de incógnito por las aventuras
imperialistas de la Casa Blanca.
Como dicen sus enemigos, al maldito
de la película de los halcones se le "vino la noche", y con ella la
jubilación asegurada por los incontables "servicios prestados" al Imperio.
Este jueves, un grupo de
manifestantes en contra de la guerra de Irak lo interrumpió en varias
oportunidades durante un discurso que pronunció el jueves en la ciudad de
Atlanta.
Horas antes, un ex analista de la CIA le abochornó públicamente acusándolo de
mentir en torno a los informes de inteligencia previos a la guerra en Irak,
en lo que fue una manifestación poco común de sentimiento antibélico.
"¿Por qué mintió para meternos en una guerra que ha provocado esta cifra de
bajas y que no era necesaria?", preguntó Ray McGovern, durante una sesión de
preguntas y respuestas.
"No mentí", replicó Rumsfeld, al tiempo que hizo una seña para detener a los
guardias de seguridad que se encaminaban a desalojar a McGovern del salón en el
Centro Sur de Estudios Internacionales.
Pero estos incidentes del funcionario
más emblemático de los halcones ultraderechistas, no son aislados.
La mayoría de los llamados hombres
"claves" de Bush sufren las mismas condenas y padecimientos cada vez que tienen
contacto con el exterior, caso, por ejemplo, del vicepresidente Cheney, cuyo
futuro político por estos días se complica cada vez más en medio de rumores de
que el fiscal del CIA-gate lo va implicar en el escándalo.
En momentos en que el apoyo para la ocupación en Irak y la popularidad de Bush
se encuentran en su nivel más bajo, es habitual que los funcionarios de alto
nivel de la Casa Blanca se enfrenten a protestas y preguntas hostiles cuando
pronuncian discursos.
Según los medios norteamericanos, la repulsa y el rechazo a Rumsfeld el jueves
parecía "fuera de lo normal".
Tres manifestantes fueron
escoltados fuera del salón por guardias de seguridad después de que cada uno
de ellos interrumpiera el discurso de Rumsfeld alzándose en su asiento y
gritando consignas antiguerra.
Durante el discurso, un cuarto manifestante se colocó en medio del salón y le
dio la espalda al secretario, en una protesta silenciosa.
Rumsfeld se enfrentó a las preguntas de una mujer que se identificó a sí misma
como Patricia Roberts, cuyo hijo de 22 años, Jamaal Addison, murió en Irak.
Roberts dijo que ella está educando
ahora a su pequeño nieto y esperaba que el Gobierno le brindara algún tipo de
ayuda.
Rumsfeld, sin inmutarse, la remitió a una página de internet donde
se enumeran varias organizaciones de ayuda.
Esta semana, el diario El País de
España difundió un reportaje a Paul Pillar, antiguo oficial del Ejército
norteamericano, y ex responsable de inteligencia de la CIA en Oriente Medio, en
que el agente lanza duras acusaciones contra Bush y su entorno de halcones
comandados por Cheney y Rumsfeld.
"La Administración de Bush lanzó una
campaña organizada de manipulación para justificar la decisión ya
adoptada por razones políticas de ir a la guerra de Irak. Ni las armas de
destrucción masiva ni los inexistentes vínculos entre Saddam Hussein y Al Qaeda
fueron los motivos reales de la guerra", afirmó Pillar, por cuyas manos pasaron
los principales informes secretos sobre Irak en su calidad de coordinador de los
trabajos.
En semejante clima de denuncias, abucheos y descrédito del jefe del Pentágono
los republicanos, parecen estar resignados a "tolerarlo" en vista de que
el presidente George W. Bush insiste en apoyarlo.
Pero los republicanos, su ala más "moderada", tras el clamor de varios
importantes jefes castrenses retirados de que sea destituido el secretario de
Defensa, lucen claramente incómodos, y no esconden ese sentimiento en sus
declaraciones públicas.
Rumsfeld "aún cuenta con la confianza del presidente. El presidente reiteró eso
el otro día, por lo cual trataré de colaborar con él", destacó el miércoles el
senador John McCain.
"En realidad sólo existe una persona a la que él necesita complacer, y ese es el
presidente", agregó la senadora Susan Collins. "El presidente puso en claro que
seguirá apoyando al secretario y eso pone el punto final".
El senador Trent Lott, ante una pregunta de un reportero sobre Rumsfeld,
respondió bromeando: "¿Ese señor sigue ahí?".
Sus
amigos dicen de él
que podía haber sido un brillante general de cinco estrellas, pero Rumsfeld
prefirió el traje y la corbata de los que deciden el verdadero poder
entre bambalinas en Washington o Wall Street.
Tras el
11-S (el justificativo histórico de las "guerras preventivas" contra el Eje del
Mal) Rumsfeld en persona tomó a su cargo el diseño estratégico de los
ataques a Irak y Afganistán junto con el general Tommy Franks, el
hoy retirado comandante de la invasión a Irak.
Juntos
elaboraron la Operación Justicia Infinita siguiendo la idea original de
Rumsfeld, luego rebautizada con el nombre de Libertad Duradera.
Los 50
mil misiles lanzados sobre territorio Afgano inauguraron la era de las guerras
preventivas contra el "eje del mal".
Los
talibanes fueron rápidamente derrotados, pero el fantasma demoníaco de Bin Laden
nunca apareció.
Posteriormente le tocó el turno a Saddam, y a la ocupación militar de Irak,
donde Rumsfeld y sus vaqueros se encuentran empantanados y sin salida, como el
futuro de "Rummy".
No
obstante, y pese a su decadencia y caída, Sus subordinados siguen diciendo de
Rumsfeld, que donde él aparece se desata una guerra.
Y esa
condición intrínseca de su figura de halcón imperial le valió no pocos
enemigos tanto en las alfombras de Washington como en el propio Pentágono, que
hoy le está costando su retiro.
Sin
embargo, y de acuerdo con lo que sostienen los expertos en Washington, Rumsfeld
va a ser sostenido por Bush y el lobby judío hasta que se ejecute el plan
agendado del ataque militar a Irán.
Aunque ya
desplumado y sin alas, odiado hasta por las piedras, el veterano halcón imperial
sigue teniendo la "confianza" del entorno de "los Bush" (padre e hijo) y del
lobby judío para ejecutar su última misión antes de retirarse a cuidar a
sus nietos.
Donald Rumsfeld emitió una Orden de Alerta a comienzos de 2004
que instruyó a los militares para que pusieran en acción el CONPLAN 8022, plan aglutinador general
que contiene los escenarios estratégicos del ataque militar a Irán, según el
profesor Michel Chossudovsky.
CONPLAN 8022, es un plan conceptual
para el uso rápido de capacidades bélicas nucleares, convencionales, o
informativas para destruir -preventivamente si es necesario- “objetivos
urgentes en el tiempo” en cualquier sitio en el mundo, afirma Chossudovsky.
Según información confidencial de
Washington, hoy Rumsfeld (como ayer lo tuvo al general Tommy Frank) tiene de
"ladero" principal en la planificación del ataque a Irán al general
John Abizaid, jefe del Comando Central de EEUU (Centcom) en el Golfo Pérsico
y Medio Oriente.
"Rummy", que ya no puede aparecer en
público sin que lo insulten, todavía sigue soñando con su "última guerra"
Y no hay
que olvidarse de su
frase
favorita que está sacada de la biografía de Al Capone, otro gangster legendario
de Chicago: "Consigues muchas más cosas con buenas palabras y una pistola,
que con buenas palabras solamente".
Aunque
hoy, a la luz de su decadencia y nefastas experiencias con el público, parece
que a la pistola de Rumsfeld se le humedecieron algunos cartuchos.
Y por si
eso fuera poco, los iraníes lo están esperando, con algo más que aceite
hirviendo, al halcón desplumado.
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