El más completo directorio en español

HOME| Titulares| Diarios| Radios| TV.| Buscadores| Economía| Mundo| Alternativos| Archivo| Mail

 

Latinoamérica

Norteamérica

Europa

Medio Oriente

Irak

Asia

Africa

Medios

Internet

Autores

Archivo

TITULARES
del Mundo

I Argentina I Brasil I
I América Latina I
I España I EE.UU. I
I Canadá I Europa I
I Asia I Africa I
I Oceanía I

EN VIVO

Radios del
Mundo


I América Latina I
I España I EE.UU. I
I Canadá I Europa I
I Asia I Africa I
I Oceanía I 
I Medio Oriente I 
I Internacionales I

MEDIOS
ALTERNATIVOS


I Periódicos
 
y Redes
I
I
Agencias
 de Noticias I
I
Publicaciones
 
y Sitios I
I
Prensa
 
de Izquieda I

BUSCADORES

del Mundo


I América del Norte I
I América Central I
I América del Sur I
I Europa I España I
I Africa I Asia I
I Medio Oriente I
I Oceanía I
I Temáticos I
I Internacionales I 

TELEVISION

      del Mundo


I América Latina I
I España I EE.UU. I
I Canadá I Europa I
I Asia I Africa I
I Oceanía I 
I Medio Oriente I

ECONOMIA
MUNDIAL


I América Latina I
I Africa I Asia I
I España I EE.UU. I
I Europa I
I
Oceanía I  
I Canadá I 
I Medio Oriente I 
I Bolsas del Mundo I

MEDIOS

del Mundo


I Agencias
de Noticias I

I Diarios I 
I Revistas I
I Radios I
I Televisión I

 

Agregar 
a favoritos

Recomendar
 este sitio

 
 

SECCIONES

NORTEAMERICA  

La industria de la guerra

Cheney, Rumsfeld, el lobby judío y el negocio de los ejércitos privados

La trama oculta de un negocio de US$ 100.000 millones al año en manos de los halcones y del lobby judío que controla la Casa Blanca. La tortura "privatizada" y en manos de interrogadores israelíes contratados por el Pentágono.

(IAR-Noticias)  27-Abr-06 

una de las imagenes del album

La prisión iraquí de Abu Ghraib

Informe especial

Este jueves comenzó en Varsovia una conferencia sobre la creciente privatización de las guerras, organizada por el Comité Internacional de la Cruz Roja.

Especialistas de diferentes partes del mundo viajaron a la capital polaca para debatir la participación de empresas privadas en conflictos armados, incluido el de Irak.

En la actualidad la industria de la seguridad es un fabuloso negocio capitalista que mueve más de US$ 100.000 millones al año.

Con las llamadas "guerras preventivas" iniciadas por los halcones tras el 11-S,  no solamente se conquista militarmente sino que también se abren nuevos ciclos de expansión y ganancias capitalistas en los nuevos mercados sometidos con el argumento de la "guerra contraterrorista".

No sólo se dedican al área de la seguridad y la inteligencia, sino que estas empresas también realizan tareas de entrenamiento militar y de programas de interrogatorios (torturas) como quedó claramente demostrado por las investigaciones en las cárceles de Irak.

De manera tal, que detrás de cada país destruido por los misiles, aviones y tanques de última generación, siempre llega un "ejército" de lobbystas, consultores, expertos, ejecutivos, de las empresas transnacionales asociadas a la conquista imperial (armamentistas, petroleras, servicios, financieras, etc) con la misión de "reconstruir" lo que fue arrasado por los bombardeos genocidas.

La conquista militar, a su vez,  es la llave de entrada para un descomunal negocio capitalista "multifuncional y diversificado", donde el Imperio (a través de la "reconstrucción" de lo destruido) moviliza una maquinaria de ganancia financiera, se apodera de  recursos naturales (principalmente petróleo), vende armas, tecnología, servicios, y modela hábitos consumistas en la población pudiente del país invadido (clases altas, medias altas) que se integran al negocio de las multinacionales de la música , el espectáculo y la "moda".

Mientras en Irak, por ejemplo, la invasión militar destruyó las redes sociales solidarias de la comida, la vivienda, el trabajo y la atención médica (que regían durante el régimen de Saddam), las transnacionales desarrollaron un floreciente "mercado segmentado" entre las clases altas y medias altas (profesionales, políticos  y empresarios) asociadas a la política de rapiña de la ocupación militar.

Prisión de Abu Ghraib, IrakPero en este mercado de "negocios diversificados" posibilitado por los genocidios militares de los halcones, la "estrella naciente" es (así coinciden todos los expertos) el negocio de los "ejércitos privados" que contratan servicios tanto con el ejército invasor como con las empresas privadas asociadas a la ocupación.

Como producto de la "integración bélica" de los nuevos ciclos de ganancias y expansión capitalista trasnacional, las corporaciones privadas de la guerra han pasado a ocupar un lugar clave en los nuevos planes de conquista militar del Pentágono.

Argumentado las crecientes dificultades que encuentra el Pentágono para reclutar soldados que combatan en las guerras de conquista de Bush, los estrategas de Defensa de EEUU han desempolvado un proyecto de privatización de las fuerzas armadas norteamericanas salido de la galera creativa del vicepresidente Dick Cheney.

Los halcones de la Casa Blanca y los operadores de negocios del lobby judío, siempre a tono con "los negocios de la guerra", observaron la nueva veta comercial que se abría con la contratación de servicios de ejércitos privados para las áreas ocupadas por el ejército de EE.UU.

La privatización del aparato militar, fue impulsada en 1991, después de la Primera Guerra del Golfo, por el entonces ministro de Defensa y actual vicepresidente, Dick Cheney.

Bajo la influencia de Cheney y Rumsfeld el gobierno de EEUU comenzó a subcontratar con las corporaciones militares privadas, gran parte de las funciones operativas que tradicionalmente venían desarrollando las Fuerzas Armadas.

Los consorcios privados ofrecen servicios que van desde el personal de seguridad y el mantenimiento de armamentos hasta la interrogación de prisioneros.

Estas firmas han operado en más de 50 países y han sido contratadas por todo el mundo, desde el Departamento de Defensa de Estados Unidos hasta dictadores y gobiernos de las áreas dependientes del llamado Tercer Mundo .

Según un informe del Pentágono, julio de 2005, las empresas usufructuadoras del proceso de negocios instalado tras la ocupación militar en Irak invierten entre 25 y 30 por ciento de sus ingresos en vehículos acorazados y ejércitos privados para garantizar la seguridad de sus ejecutivos y empleados.

Según el analista militar, Peter Singer, autor del libro Guerreros Corporativos, el negocio de los ejércitos privados en el mundo representa "cerca de 100 mil millones de dólares en negocios globales, y operan en unos 50 países.

Según la revista norteamericana Monthly Review, "las corporaciones privadas del capitalismo siempre han estado implicadas con la promoción de la guerra, pero su acción directa ha sido tradicionalmente limitada". Lo preocupante -señala la revista- es si estas multinacionnales ingresan a una distorsión capitalista y, atendiendo a la ley de la oferta y la demanda, deciden ampliar sus lucros aprovechando sus excelentes contactos con los jefes políticos y militares que deciden la guerra.

Esta foto de julio de 2003 muestra al entonces segundo jefe del Pentágono, Paul Wolfowitz, visitando la prisión Abu Ghraib, acompañado por la directora, general brigadier Jaecé Karpinski (a la izquierda).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Obviamente, y según apuntan todos los especialistas, solo los conglomerados trasnacionales (bancos, petroleras, tecnológicas, armamentistas, ejércitos privados, etc) que integran la órbita "selecta" del lobby de negocios manejado desde la Casa Blanca y el Pentágono tienen acceso a los más jugosos contratos en los países ocupados.

Halliburton (protegida por el jefe del lobby judío, Dick Cheney) es el actor dominante tanto en Irak como en Afganistán, y participa desde los negocios del petróleo y de la "reconstrucción" hasta en funciones de entrenamiento y asesoramiento militar, no sólo para las fuerzas de EE.UU. sino para el nuevo ejército iraquí.

La "veta de negocios" de los ejércitos privados  incluyen servicios de custodia a empresas privadas, operaciones de seguridad, programa de interrogatorios (torturas), espionaje y entrenamientos militares, o ejercitación de escuadrones especiales (de la muerte) que operan en la clandestinidad.

También pueden ser contratados para tareas como recolección de cadáveres, investigación de secuestros, custodia de pozos petroleros, controles fronterizos,  protección  de importantes directivos, o para cuidar las espaldas de los periodistas y ejecutivos de los consorcios mediáticos que construyen la "información oficial" de la situación en Irak.

En Irak estos consorcios privados de la guerra han desempeñado un papel esencial para el ejército estadounidense, complementando a su personal cuando necesitan refuerzos y haciendo los trabajos "sucios" que los propios militares estadounidenses prefieren no hacer.

Investigaciones realizadas sobre las torturas de prisioneros demostraron que en  la prisión de Abu Ghraib los interrogatorios los realizaban contratistas privados utilizando ex integrantes de servicios de inteligencia.

A raíz del escándalo por los abusos a prisioneros en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, los investigadores estadounidenses concluyeron que contratistas privados estuvieron presentes en más de un tercio de los casos probados.

Sin embargo, y pese a las pruebas existentes, ni uno solo de ellos ha sido procesado.

Como, en general, estas empresas no se rigen por convenios internacionales, han participado en algunos de los aspectos más oscuros de la ocupación militar de Irak.

Irak se ha convertido en la meca comercial de los ejércitos privados. Halliburton (en la cual tiene intereses el autor del plan privatizador, Dick Cheney) a través de sus subsidiarias figura como una de las empresas más favorecidas.

Entre las aproximadamente 40 corporaciones que operan en Irak se  encuentran  MPRI, SAIC, Armor Group, Blackwater, Erinys, Vinnell, Global Risk Strategies, TASK, Ariscan y DynCorp, Kroll Security, entre otras.

Se estima que los 30.000 "perros de la guerra" que operan en Irak, contratados por unas 40 empresas militares privadas, reciben salarios entre mil y 50 mil dólares mensuales, pero, a su vez, individualmente, subcontratan a miles de iraquíes armados para que realicen los trabajos más riesgosos.

Según la publicación Monthly Review estas corporaciones privadas de la guerra "ganan 100 mil millones de dólares al año, es decir, una cuarta parte de la gigantesca suma de 400 mil millones de dólares que EE.UU. está invirtiendo en el campo militar".

La casi totalidad de esa cifra citada por Monthly Review es facturada por los consorcios que operan en la órbita de decisiones del lobby de negocios controlado por Cheney y Rumsfeld desde la Casa Blanca y el Pentágono.

Lo que explica, a su vez, porqué el establishment de poder que rodea a los demócratas, quiere expulsar a Bush y a los halcones de la Casa Blanca (lo más pronto posible), para gerenciar en su lugar los "negocios diversificados" de la conquista militar que continuarán más allá de Bush.

El negocio de los ejércitos privados

Contratistas privados protegen a ex gobernador estadounidense en IrakComo ya se dijo, bajo la influencia de Cheney y Rumsfeld el gobierno de EEUU está subcontratando con las corporaciones militares privadas, gran parte de las funciones operativas que tradicionalmente venían desarrollando las Fuerzas Armadas.

Estas empresas, no sólo se dedican al área de la seguridad y la inteligencia, sino que  también realizan tareas de entrenamiento militar y de programas de interrogatorios (torturas) como se demostró durante  las investigaciones que se hicieronen las cárceles de Irak.

EE.UU. se ha constituido, junto con el Reino Unido y Sudáfrica, en el centro mundial de la industria privada militar, que debe su crecimiento al nuevo orden internacional  lanzado por George Bush padre tras el desplome de la Unión Soviética, al que él mismo contribuyó durante su ciclo como vicepresidente de Reagan.

De la carrera armamentista de la Guerra Fría se pasó al desmantelamiento de gran parte de los aparatos militares, tanto en las grandes potencias como en los países dependientes que participaban de las guerras por aéreas de influencia entre EEUU y la URSS.

Militares y políticos del Pentágono y de la Casa Blanca, siempre atentos a "los negocios de la guerra", descubrieron la nueva veta comercial que se abría con la contratación de servicios de ejércitos privados para las áreas ocupadas por el ejército de EE.UU.

Fue Dick Cheney en 1991, por ese entonces ministro de Defensa de George Bush padre,  quien impulsó la privatización del aparato militar.

A mediados de 1992 le encargó a Brown & Root Services un plan para privatizar los servicios militares en zonas de guerra, por el que le pagó cuatro millones de dólares.

A fines de ese año, poco antes de que Bill Clinton se instalara en la Casa Blanca, le pagó otros cinco millones para que actualizaran el plan de privatización. Brown & Root Services es una subsidiaria de Halliburton, empresa que Cheney dirigió desde 1994 hasta que se incorporó a la vicepresidencia.

Tras el ascenso de George W. Bush a la presidencia de EE.UU.  este plan de Cheney, comenzado durante la presidencia de Bush padre, cobró una importante dinámica de ejecución.

El Ejército de EE.UU. se ha reducido de 2,1 millones a 1,4 millones, y cientos de miles de esos puestos han pasado a manos privadas.

De acuerdo con el Centro para la Integridad Pública, el Pentágono ha gastado 300.000 millones de dólares en 3.016 contratos de servicios militares que han ido a parar a 12 empresas entre 1994 y 2002 (las cifras excluyen los contratos de armamento).

Los corporativos militares privados (PMC, por sus siglas en inglés)  mantienen en secreto sus actividades y carteras de clientes al no estar reguladas por ninguna normativa internacional, a pesar de su condición de ejércitos sin fronteras.

Realizan sus actividades en secreto, su cartera de clientes no está regulada por ninguna normativa, las concesiones que realizan no se otorgan por ninguna licitación, no son inspeccionadas por ningún organismo internacional, y violan la Convención Internacional contra el reclutamiento, financiación y entrenamiento de mercenarios aprobada por la ONU en 1989.

La Convención Internacional contra el Reclutamiento, la Utilización, la Financiación y el Entrenamiento de Mercenarios, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 4 de diciembre de 1989, no fue refrendada por EE.UU. desde donde operan la mayoría de estas corporaciones.

Su única regulación y control proviene del Departamento de Estado manejado por el lobby de negocios de la Casa Blanca y el Pentágono.

Su naturaleza de ejército privado "sin fronteras" integra, además de militares estadounidenses, a mercenarios y militares de otras naciones, como ya se puede verificar en las filas de las empresas que operan en Irak y Afganistán.

Como se señaló más arriba, Peter Singer, de Brookings Institution, señala en su libro Corporate warriors (Guerreros Corporativos) que esta actividad embolsa unos 100.000 millones de dólares al año.

Su actividad comercial, como cualquier empresa, depende de "la demanda", principalmente de las guerras de conquista militar lanzadas por EE.UU. en el planeta de las cuales nacen nuevos y jugosos contratos y oportunidades de expansión comercial.

Según Singer, estos pulpos de la guerra también desarrollan sus negocios expansivos en misiones de pacificación, combates antidroga o cualquier otro rubro internacional donde se requiera sus servicios militares y de seguridad.

En territorio estadounidense existen por lo menos treinta corporaciones transnacionales que se dedican a la prestación de servicios militares y de seguridad  privados. Algunas, como es el caso de Blackwater USA, se especializan en contraterrorismo y lucha urbana.

El diario británico The Guardian informó recientemente que soldados chilenos que actuaron durante la dictadura de Pinochet integran hoy las filas de la empresa Blackwater.

Otras corporaciones, como Brown & Root, subsidiaria de Halliburton, o Dyncorp, se desempeñan particularmente en el área de inteligencia o entrenamiento militar.

CSC, es uno de los 10 contratistas privados más grandes de EE.UU., y ahora trabaja para la fuerza aérea, el ejército y la marina, la Oficina de Prisiones, el FBI, y muchas otras entidades oficiales de EE.UU., además de cargar de combustible a la aeronave del vicepresidente Dick Cheney.

Cabe recordar tambien que, de acuerdo al diario neoyorquino The New York Times el presidente de Sudáfrica, Nelson Mandela, promovió durante su gestión la exportación de represores de la época del "apartheid" a empresas militares de origen británico vinculadas a algunos golpes de Estado en países africanos ricos en oro y diamantes.

Las empresas norteamericanas son las que dominan el mercado mundial, y su prestación de "servicios" se extiende a todas las ramas de las fuerzas armadas de EEUU, una parte de cuyo entrenamiento está realizado por empresas privadas.

El Plan Cheney, reactualizado en la segunda gestión de Bush, busca que los consorcios privados aumenten su órbita de influencia en las nuevas guerras reemplazando en la mayoría de las áreas operativas al personal regular de las fuerzas armadas estadounidenses.

Si bien el Pentágono no reconoce que una parte importante de sus soldados ya son entrenados por expertos y manuales de guerra privados, son muchas las fuentes militares que señalan que la legión de contratistas que inunda los cuarteles y las academias está causando un profundo malestar entre la oficialidad de carrera.

Según los expertos en Washington, la conversión de la guerra de conquista en "industria privada" es el objetivo central del plan de negocios del lobby conducido por Cheney Rumsfeld en la Casa Blanca.

En tanto el Pentágono estudia extender la privatización a más áreas de la ocupación militar en Irak, las corporaciones militares privadas han comenzado a intercambiar información orientada a fusionar sus servicios en rubros determinados, a fin de competir con mayor posibilidad en el logro de futuros contratos.

Los ataques y "guerras preventivas" agendadas para lo que resta de la gestión de Bush (Irán, Siria, en primer lugar), además de sus objetivos geopolíticos-militares, buscan que la "integración bélica" alcance cada vez a más consorcios privados y que las guerras futuras se conviertan en una empresa privada financiada por el Estado imperial norteamericano.
 

El lobby judío y la "privatización de la tortura"

Según  Wayne Madsen, un ex funcionario y analista estadounidense, un grupo de antiguos interrogadores de habla árabe de la Fuerza de Defensa Israelí (ejército israelí) y del Servicio General de Seguridad (Shin Bet) fue contratado por el Pentágono bajo un sub-contrato secreto especial para interrogar brutalmente a prisioneros iraquíes en la prisión Abu Ghraib en Bagdad.

Madsen, ex funcionario de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) durante la administración Reagan, señaló  que los interrogadores en Abu Ghraib incluían a una serie de israelíes de habla árabe que también ayudaron a los interrogadores de EEUU. a desarrollar las técnicas "R2I" (siglas en inglés de Resistencia al Interrogatorio).

Gran parte de esos métodos de tortura fueron desarrollados por los israelíes durante muchos años en interrogatorios de prisioneros árabes en Cisjordania ocupada y en el propio Israel, y hoy se estarían desarrollando en los centros de detención iraquíes administrados por el ejército norteamericano. Por esos centros se estima que pasaron unos 43000 prisioneros, de los cuales unos 8000  todavía permanecen detenidos.

Según  el Sunday Washington Post en abril de 2003, después de "debates" sobre el tema, funcionarios del Pentágono aprobaron a "los más altos niveles" veinte métodos de interrogación "sicológicamente estresantes", la mayor parte de los cuales podrían ser clasificados como tortura, incluyendo los que se aplicaron a prisioneros desnudos; y que estos métodos fueron después aprobados por lo menos para "detenidos de gran importancia" en Irak.

Según Madsen, las dos contratistas carcelarias mencionadas en el informe del general Antonio Taguba estuvieron asociadas  con los servicios militares o de inteligencia israelíes.

Los abogados de los soldados estadounidenses implicados sostienen en sus denuncias que durante los abusos en la prisión de Abu Gharib, en las afueras de Bagdad, sus clientes recibían ordenes para actuar y vejar a los prisioneros por parte de mercenarios "civiles", que se ocupaban de sus largas sesiones de interrogación por orden del Pentágono, y señalan la nacionalidad israelí de muchos de ellos.

The Guardian  menciona a dos empresas estadounidenses contratadas para servicios de custodia y de interrogatorios a presos: CACI International Inc. y Titan Corporation, ambas involucradas en las denuncias sobre torturas en la ex prisión de Saddam Hussein.

Pero lo más sugestivo es la relación que une a esas dos empresas con funcionarios de las primeras líneas de mando del Pentágono, incluido su jefe , Donald Rumsfeld, señalados como integrantes de la logia judeo-americana que controla la administración Bush: el lobby judío.

Una de esas empresas, Titan , un ejército de mercenarios privados,  tiene base en San Diego y en su sitio en Internet se describe como "un proveedor líder de productos de información y comunicación, soluciones y servicios para la seguridad nacional".

El informe del general Taguba se refiere a la presencia de interrogadores no-estadounidenses y no-iraquíes en Abu Ghraib. El documento señala: "En general, personal contratado civil de EEUU ( (Titan Corporation, CACI, etc.), nacionales de terceros país, y contratistas locales no parecen ser adecuadamente supervisados dentro de la instalación de detención de Abu Ghraib."

Según Madsen,  la referencia a "nacionales de terceros países" en un informe que restringe su difusión a socios de la coalición liderada por EEUU (Gran Bretaña, Polonia, Italia, etc.) y es otra indicación de la posible participación de israelíes en los interrogatorios de prisioneros iraquíes.

La filtración Taguba fue tan radioactiva -dice Madsen- que Daniel R. Dunn, funcionario de Control de la Información para la Oficina de Douglas Feith de Secretario Adjunto de Defensa, Política (Equipo de Seguridad de los Servicios de Automación de la Política), envió el 6 de mayo de 2004 un correo electrónico marcado "Sólo para uso oficial - urgente" al personal del Pentágono, diciendo: "la información contenida en este informe es confidencial; no vaya a Fox News para leer u obtener una copia".

En vista de los estrechos vínculos de Feith con los israelíes, una semejante reacción de su principal oficial de seguridad de informática, profesional con Certificado de Seguridad de Sistemas de la Información (CISSP, por sus siglas en inglés), es comprensible, aunque, considerando que se supone que los CISSP actúen en función del interés público, es lamentable, señala Madzen.

Durante la administración Clinton, sin cargo oficial, Feith preparó un plan estratégico para el Likud israelí en colaboración con Perle, en el cual se "recomendaba" al gobierno de Israel que abandonara el proceso de paz iniciado en Oslo, que recolonizara los territorios y aplastara al gobierno de Yasser Arafat con el poder militar.

Tanto el ex secretario adjunto de defensa,  Paul Wolfowitz, como Feith son operadores estratégicos del lobby israelí judío-estadounidense que opera tanto en Defensa como en el Complejo Industrial norteamericano.

Wolfowitz, hoy presidente del Banco Mundial,  opera como contacto de la administración Bush con el Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC, por sus siglas en inglés).

Una  foto publicada en el diario El Mundo de España, en julio de 2003, lo muestra  visitando a la prisión Abu Ghraib, acompañado por la directora, general brigadier Jaecé Karpinski, señalada como la principal responsable de las torturas

También es un integrante destacado del lobby judío , James Woolsey, ex director de la CIA, autor de la operación que intentó vincular a Saddam Hussein  con el 11-S y con las cartas con ántrax en EEUU, y que al retirarse del a cargo pasó a desempeñarse al frente de Titan, una de las empresas vinculadas al escándalo de Abu Ghraib.

Tras retirarse de su cargo  como director de la CIA, James Woolsey ocupó la dirección de la empresa Titan, y  es uno de los estrategas y principales lobbistas de la política de Washington en Irak. El ex jefe de la CIA se desempeña como   Consejero de la neoconservadora Fundación por la Defensa de las Democracias, del Instituto Judío de Asuntos de la Seguridad Nacional, del Proyecto por el Nuevo Siglo Estadounidense, del Centro de Política de Seguridad, de Freedom House, y del Comité por la Liberación de Irak.

Woolsey es allegado a Stephen Cambone, el Subsecretario de Defensa para Inteligencia, quien  fue señalado por el semanario The New Yorker como una persona clave en la cadena de comando que no sólo habría sabido de las tácticas de tortura utilizadas por los interrogadores de EE.UU. e Israel en Irak, sino que también las habría aprobado.

Cambone estuvo asociado con el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense, y es considerado como miembro del círculo íntimo neoconservador de Donald  Rumsfeld, y del vicepresidente Dick Cheney, el máximo operador  del lobby  judío en la Casa Blanca.

Las dos empresas contratistas nombradas en el Informe Taquba, CACI y Titan, con estrechos vínculos con las comunidades militar y de tecnología israelíes, tienen en sus líneas administrativas y comerciales importantes funcionarios de la inteligencia y de la defensa estadounidense.

Mientras CACI  h, Titán también mantiene estrechas conexiones con intereses israelíes y ex altos funcionarios  vinculados al denominado lobby judío del Pentágono.

CACI International Inc., quien a recibido subvenciones de fundaciones binacionales EEUU-Israel, se llamaba en sus orígenes California Analysis Center Incorporated. Fue creada en los años sesenta por Hebert Karr y Harry Markowitz.

Este último ganó el premio Nóbel en economía en 1990 por sus investigaciones sobre la diversificación de las especies. Los primeros contratos federales de la compañía fueron para proporcionar sistemas de ordenador al Pentágono con los que poder elaborar programas de simulación de batallas.

En de enero de 2004, después que el jefe de la policía militar, general del ejército, mayor general Donald Ryder, ya había revelado abusos en Abu Ghraib, el actual presidente y director general de CACI,  J.P. (Jack) London, recibió el Premio de Tecnología Albert Einstein del Fondo Jerusalén de Aish HaTorah en el ayuntamiento de Jerusalén.

De ese evento participó el Ministro de Defensa ultraderechista Shaul Mofaz y el alcalde de Jerusalén, integrante del partido Judaísmo Unido de la Torah, Uri Lupolians.  CACI esperó hasta el 2 de febrero para anunciar públicamente, en un comunicado de prensa, el premio.

Según el sitio CSCAweb , CACI se jacta de tener una lista de antiguos soldados y espías y, asimismo, de contar con miembros de varios consejos de administración, como Michael Bayer (antiguo vicepresidente de la Junta de Administración del Pentágono, y asesor en la Fuerza Aérea, en el Colegio Naval de Guerra y en el Laboratorio Nacional Sandia), Bárbara McNamara (exdirectora adjunta de la Agencia Nacional de Seguridad), Arthur L. Money (antiguo ayudante del Secretario de Defensa) y Larry Welch (un exgeneral de la Fuerza Aérea que sirvió en la junta de jefes de estado mayor durante la primera Administración Bush.

David Isenberg, un analista que busca compañías militares privadas para el Consejo de Información de Seguridad EEUU-Reino Unido, señaló que estos puestos aparecen en el sector privado debido a los planes a largo plazo del Pentágono que van recortando el número de las fuerzas armadas (en 1991 alcanzaban la cifra de dos millones; hoy son 600.000 efectivos menos), a la vez que aumentan los gastos dedicados a nuevos sistemas tecnológicos militares.

Durante su testimonio ante el Comité de Servicios Armados del Senado, en el 2004, Donald Rumsfeld fue interrogado  por el senador John McCain sobre el papel de los contratistas privados en los interrogatorios y abusos.

McCain le formuló a Rumsfeld cuatro preguntas: ¿Quién estaba a cargo? ¿Qué agencia o contratista privado estuvo a cargo de los interrogatorios? ¿ Tenían autoridad sobre los guardias? ¿Y cuáles fueron las instrucciones que dieron a los guardias?

Cuando el  jefe del Pentágono,  tuvo problemas para responder la pregunta de McCain, el teniente general Lance Smith, Comandante Adjunto del Comando Central de EEUU, dijo que había 37 interrogadores contratados en Abu Ghraib. Los dos contratistas nombrados, CACI y Titan, tienen estrechos vínculos con las comunidades militar y de tecnología israelíes.

En marzo de 2000, un abogado de un prisionero libanés secuestrado en 1994 por los israelíes en Líbano afirmó que su cliente había sido sometido a torturas y violado, y su abogado solicitó una compensación millonaria en dólares.

El Comité Público contra la Tortura en Israel documentó los tipos de tortura a los que sometieron a prisioneros árabes y palestinos. Muchas de las metodologías utilizadas coinciden con las tácticas mencionadas  en el informe Taguba: someterlos a palizas y mantenerlos esposados al mobiliario durante largos períodos.
 

 VOLVER A HOME

 

© Copyright 2006  iarnoticias.com | Derechos reservados | Director Rodrigo Guevara

 

Se autoriza el libre uso, impresión y distribución de toda la información editada, siempre y cuando no sea utilizada para fines comerciales y sea citada la fuente.

Resolución óptima: 800 x 600

contactos@iarnoticias.com