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(IAR-Noticias)
22-Abr-06

Medios
norteamericanos revelaron que la Agencia Central de Inteligencia de Estados
Unidos (CIA) informó que despidió a uno de sus empleados por filtrar a la prensa
información clasificada. Desde las usinas republicanas se sugiere la relación del agente con
la información clasificada filtrada a la prensa sobre los centros clandestinos de detención
(los "agujeros negros") para favorecer a la campaña electoral de los demócratas.
La CIA no brindó el nombre del agente
pero señaló que el involucrado admitió "la difusión no autorizada de información
clasificada" a la prensa, aunque no especificó con que fines habría
facilitado la difusión de ese material.
No obstante la negativa de la
CIA a dar el nombre del agente ni la naturaleza de las filtraciones,
analistas y medios estadounidenses sugerían que el caso estaba relacionado con
la filtración de información clasificada sobre las prisiones secretas y los
presos fantasmas que causaran un escándalo internacional en noviembre
pasado.
La información oficial de la Agencia
señala que el despido del agente se produjo luego de tres meses de una
ardua investigación en recientes filtraciones a los medios de comunicación.
La central de inteligencia
estadounidense sufrió uno sus mayores escándalos en noviembre pasado cuando el
diario estadounidense The Washington Post publicó que sus agentes trasladaban
sospechosos de actividades terroristas a prisiones clandestinas en el exterior.
La revelación de los "agujeros
negros" de la CIA, supuestamente ubicados en países europeos, promovió una
escalada de acusaciones y pedidos de "explicación" por parte de la Unión Europea
y de otras organizaciones a la administración de George W Bush, que todavía no
las ha respondido.
The
Washington Post aseguraba en noviembre pasado que hechos de tortura como los de la prisión Abu
Ghraib en Bagdad "han ocurrido y todavía ocurren en la red de detención
global confidencial que mantiene la Agencia Central de Inteligencia
(CIA)."
Según el influyente diario
norteamericano ,
en las prisiones clandestinas en Afganistán y en otras partes, y en centros
penitenciarios dirigidos por países aliados de Washington, la CIA
mantiene decenas de reos al margen de todo proceso legal, incluso sin que
los familiares de los detenidos conozcan su localización.
Según el Post, la existencia y ubicación de las instalaciones, a las que en
documentos clasificados de la Casa Blanca, de la CIA, del
Departamento de Justicia y del Congreso se les llama "lugares
negros", es conocida solamente por un puñado de funcionarios en
EEUU y por el presidente y unos pocos miembros de los servicios de
inteligencia de cada país donde se encuentran, puntualiza el Post..
The Washinton Post
sostuvo que la
agencia de inteligencia estadounidense esconde e interroga a
destacados presuntos miembros de Al Qaeda en una "instalación
secreta" en Europa del Este
La CIA esconde e
interroga a destacados presuntos miembros de Al Qaeda en una
"instalación secreta" en Europa del Este, como parte de un
"sistema encubierto de prisiones", afirma el Post.
El diario, que citaba a funcionarios estadounidenses y de otros países
conocedores del este asunto, indicaba que el "sistema encubierto de
prisiones" fue establecido por la CIA hace cerca de cuatro años.
En varias ocasiones, el sistema contó con lugares de reclusión en
ocho países, incluidos Tailandia, Afganistán y algunas
"democracias del este de Europa", así como un pequeño centro en
la prisión de Guantánamo, en Cuba.
La información, que nunca fue confirmada por la Casa Blanca, también
provocó una tormenta política en varios países aliados a
Washington.
Desde las usinas republicanas,
analistas y editorialitas, relacionaron la filtración de esa información
clasificada con la campaña electoral de lo demócratas que este año, en las
legislativas de noviembre, intentarán arrancarle a los republicanos la mayoría
en las dos cámaras del Congreso.
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George W Bush y
Porter Gross, actual director de la CIA. |
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Muchos analistas republicanos señalan
a los demócratas como los
"compradores" de esos secretos de Estado junto con una una parte
del establishment de poder estadounidense que guerrea internamente para
apoderarse de la Casa Blanca y de los resortes administrativos del Estado
imperial.
La CIA, como cualquier organismo de
Estado en EEUU, está sujeto a los vaivenes de la política interna, de la guerra
electoral entre republicanos y demócratas, y sus directivos y funcionarios se
quedan o se van conforme a su alineamiento en el juego político-electoral de los
dos grandes sectores del poder político.
La
administración Bush -fortalecida por el triunfo electoral
de noviembre-
decidió meter "mano dura" en la CIA con
la intención de extirpar a los bolsones "opositores"
que han colaborado y proporcionado información
confidencial a la campaña de Kerry, sobre todo en lo
relativo a la ocupación de Irak.
Tras la renuncia de George Tenet, el director adjunto de la Agencia,
John McLaughlin y Stephen Kappes, subdirector de operaciones, y Michael
Sulick, su número dos, fueron obligados a dimitir por directa presión de la
Casa Blanca, que colocó en las áreas claves a gente de su total
confianza.
Hablando ante el Congreso en febrero,
el director de la CIA, Porter Goss, leal a los halcones de la Casa Blanca,
pidió la creación de un gran jurado federal para descubrir el origen de las
filtraciones.
Los primeros movimientos de la
dirección de la CIA bajo las órdenes de Porter Goss,
el sucesor de George Tenet, desataron diversas acusaciones
que dicen que los halcones y la Casa Blanca estuvieron
detrás de las purgas desatadas en el organismo.
Las purgas afectaban
a agentes y directivos que habían estado vinculados a las diferentes denuncias e
"informes" sobre torturas en Irak y los falsos argumentos utilizados por la
administración Bush para derrocar a Saddam Hussein, que fueron ampliamente
difundido por los consorcios mediáticos vinculados a los demócratas, y que
apoyaron la candidatura de Kerry, como es el caso de The New York Times y The
Washington Post, entre otros.
Los espías y
directivos "purgados" tras la a llegada de Porter Goss estaban señalados por los
halcones como "traidores" y vinculados con la estructura del Partido Demócrata,
para cuyas campañas filtraban información clasificada del organismo, con las que
luego fundamentaban las denuncias.
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