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La guerra sucia

Experto de la CIA acusa a Bush de distorsionar información para invadir Irak

Paul Pillar, quien entre 2000 y 2005 fue el máximo analista en asuntos de Medio Oriente de los servicios de inteligencia de EEUU, afirmó que la administración Bush ignoró, o pasó por alto, la evaluación y los partes informativos elaborados sobre Irak por la CIA y otros organismos oficiales en el período previo a la invasión. En cambio -señala-, desde el entorno político de Bush un "grupo paralelo", sin consultar a ningún organismo de inteligencia oficial, elaboró análisis y conclusiones orientados a justificar la invasión decidida por la Casa Blanca.

(IAR-Noticias) 17-Feb-06    

Informe especial

El experto en inteligencia  estadounidense acusó a Bush y a sus funcionarios de distorsionar y politizar la inteligencia en el período previo a la invasión a Irak.

En un artículo publicado en la revista Foreign Affairs, el analista, quien renunció a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) el año pasado, también acusó a la administración Bush de ignorar análisis preparado por los expertos de inteligencia, incluyendo proyecciones y predicciones anticipatorias del caos que siguió a la invasión de Irak en marzo de 2003.

Las acusaciones de Pillar, publicadas el 10 de febrero, son las más graves desde que se filtró el llamado Memorándum de Downing Street al periódico londinense The Sunday Times, en mayo de 2005.

Ese  documento citaba al jefe de inteligencia británico Alastair Campbell, quien acababa de regresar de un viaje a Washington, informando que Bush "quería sacar a Saddam Hussein a través de la acción militar" y que, para ese fin, "la inteligencia y los hechos estaban siendo organizados en torno a la política".

La difusión del memorando desató la protesta entre varios funcionarios de inteligencia estadounidenses retirados que ya se habían manifestado en contra de la guerra, y puso a la defensiva a la administración Bush y a los legisladores del gobernante Partido Republicano en el Comité de Inteligencia del Senado.

En el artículo de Foreign Affairs Paul Pillar sostiene que "la administración no usó la inteligencia para tomar decisiones, sino para justificar una decisión ya tomada. Fue a la guerra sin pedir ninguna evaluación de inteligencia estratégica sobre ningún aspecto de Irak", señala en su escrito el ex funcionario de la CIA.

El experto afirmó que, como jefe de la Oficina de Inteligencia Nacional para Medio Oriente y Asia meridional, recibió el primer pedido del gobierno para una evaluación sobre Irak un año después de la invasión.

En el Congreso los legisladores republicanos lograron parar las iniciativas de investigación en el Comité de Inteligencia sobre el uso de información de inteligencia estratégica antes la guerra.

El líder de la minoría demócrata del Senado, Harry Reid, solicitó una investigación inmediata. "La evidencia de que la Casa Blanca manipuló y desclasificó selectivamente información de inteligencia para hacer una campaña de relaciones públicas antes, durante y después de la invasión a Irak crece cada día", señaló.

Es muy posible que los demócratas, en un año electoral con elecciones legislativas en noviembre, aprovechen los testimonios de Pillar y de otros expertos en inteligencia, rezagados por "opositores" a Bush , para retomar su ofensiva orientada a probar que la administración republicana fabricó pruebas falsas y mintió para justificar la invasión a Irak.

Cheney, Bush y Powell, antes de la invasión a Irak.  (Foto BBC)

Analistas estadounidenses consideran el testimonio de Pillar, un experto de alto vuelo de la CIA, como de gran importancia incriminatoria contra Bush.

A las revelaciones  de Pillar se suman nuevas revelaciones de manipulación de información confidencial por parte de la Casa Blanca.

La semana pasa el ex jefe de gabinete y "mano derecha"  del vicepresidente Dick Cheney, I. Lewis "Scooter" Libby, testificó que fue "autorizado" por el propio Cheney y otros funcionarios de la Casa Blanca para  filtrar información clasificada a corresponsales durante el período previo a la invasión de Irak.

El objetivo de esas filtraciones ilegales, según la revista The National Journal, fue construir una argumentación falsa para justificar ante la opinión pública y la comunidad internacional el ataque militar a Irak ya diseñado por los estrategas del Pentagono.

A raíz de este escandaloso caso debió renunciar su jefe de gabinete Lewis Libby, que permanece procesado por la justicia y afrontando graves cargos.

Según The National Journal, Libby también habría actuado como vinculo entre la Casa Blanca y unidades especiales del Pentágono a cargo del ex subsecretario (viceministro) de Defensa, Douglas Feith, un integrante destacado del lobby judío conducido por Cheney.

Según Pillar, en la oficina especial "paralela" de los halcones evaluaron la inteligencia de la CIA relacionada con el  presidente iraquí Saddam Hussein (1979-2003) y la red terrorista Al Qaeda, y la enviaron a la oficina de Cheney y a la Casa Blanca sin someterla al procesamiento de analistas de inteligencia profesionales.

De esta manera, la "oficina de planes especiales" controlada por Rumsfeld y Cheney, sin consultar a la inteligencia oficial estadounidense, pasando por encima de la CIA y del resto de los organismos, evaluó información estratégica amoldando el análisis y las conclusiones al objetivo de invadir Irak.

En su artículo, aunque evita dar nombres, Pillar identifica al Grupo Político de Evaluación Antiterrorista, de Douglas Feith, como responsable de distorsionar el normal proceso de inteligencia de varios formas. Por ejemplo, estableciendo presuntos nexos fabricados entre Al Qaeda y Hussein y presentando "informes que acusaban a los servicios de inteligencia de hacer análisis defectuosos por no ver esa supuesta alianza".

El subsecretario Feith, junto a Wolfowitz, Elliott Abrams (a cargo de la política de Medio Oriente en el Consejo Nacional de Seguridad) integraban el denominado segundo estrato ideológico de  funcionarios admiradores de la derecha judía y militarista y dominados  por un fanático compromiso y lealtad ciega hacia el Estado de Israel y su política expansiva en Medio Oriente.

"Que el gobierno llegara a una solución política tan diferente indica que su decisión de derrocar a Saddam Hussein fue inducida por otros factores, a saber: el deseo de sacudir las anquilosadas estructuras de poder de Medio Oriente y acelerar la expansión de una política y una economía más liberales en la región", señala Pillar.

Señala Pillar que antes de la invasión la CIA  consideró los principales escollos que enfrentaría la ocupación luego de la invasión en Irak y pronosticó "una sociedad iraquí profundamente dividida".

También -según Pillar- el organismo de inteligencia advirtió que podría  estallar un "conflicto violento" a menos que el poder ocupante "estableciera la seguridad y pusiera a Irak en el camino a la prosperidad en las primeras semanas o meses después de la caída de Saddam Hussein".

Según el experto, la CIA advirtió que la guerra y la ocupación "impulsarían al Islam político e incrementarían la simpatía por los objetivos de los terroristas, y que Irak se convertiría en un imán para extremistas de cualquier parte de Medio Oriente".

El ex funcionario de inteligencia aclara, en el artículo de Foreign Affairs, que este análisis fue realizado por iniciativa propia de la CIA,  ya que la administración Bush, además de hacer caso omiso a los partes de información oficial sobre Irak, jamás solicitó evaluación alguna a la CIA y a los otros organismos de inteligencia.
 

La oficina de "planes especiales"
(Quienes fabricaron la invasión a Irak)

Según coinciden informes y expertos, la Oficina de Planes Especiales, creada por Feith y Wolfowitz, apeló a informes frecuentemente aportados por el iraquí favorito de los neoconservadores, Ahmed Chalabi (agente de la CIA y ex favorito del Pentágono para gobernar Irak) , para preparar alarmistas informes de inteligencia que reforzaron los argumentos a favor de la invasión a Irak.

Chalabi fue uno de los que más información aportó a la Oficina sobre las supuestas armas de destrucción masiva iraquíes, que utilizó la administración Bush para justificar la guerra en Irak, y muchos llegaron a considerarlo como el seguro sucesor de Saddam Hussein tras las ocupación militar de EEUU en ese país.

Esos datos luego llegaban a la Casa Blanca a través de Rumsfeld o del vicepresidente Dick Cheney, polea de trasmisión del lobby en el entorno presidencial, sin pasar por organismos  establecidos como la Agencia Central de Inteligencia (CIA) o el resto de las agencias de la comunidad de inteligencia estadounidense.

Fue con esos informes a la vista que el presidente George W. Bush aseguró que el régimen del hoy depuesto presidente iraquí Saddam Hussein poseía un programa de armas nucleares, biológicas y químicas, y que tenía sólidas vinculaciones con la red terrorista Al Qaeda, de Osama bin Laden.

Según  los indicios disponibles, estos informes  políticos "extraoficiales", organizados por Wolfowitz, Feith y Rumsfeld en la Oficina de Planes Especiales (OPE), fueron la fuente de la evidencia fabricada que se empleó para "justificar" la invasión y ocupación de Irak.

Douglas Feith, ex subsecretario de Defensa, y Paul Wolfowitz, ex secretario ahora al frente del Banco Mundial,  formaron la OPE, en la cual sobresalió  Abram Shulsky (un sionsita extremista protegido por Feith)  un experto partidario de ataques militares contra los regímenes árabes en Medio Oriente.

La  OPE fue concebida como un brazo de la política de Wolfowitz y Feith, que buscaba  promover las estrategias de los grupos más radicales del Estado de Israel forjando estrechos vínculos con una operación paralela y ad hoc de inteligencia en el régimen israelí, según un informe del periódico británico The Guardian. 

El ideólogo de los halcones pro-israelíes que actuaron en la oficina paralela  es sin dudas el historiador de Princeton,  Bernard Lewis. Este pensador sionista, no solo ha proporcionado una justificación histórica para la "guerra contra el terrorismo" de Washington, sino que se ha proyectado  como el principal doctrinario de  la recolonización del mundo árabe por medio de la guerra contra Irak.

Al sostener  que los pueblos de Oriente Medio (es decir, los árabes y los persas) han fracasado en alcanzar la modernidad y han caído en "una espiral de odio y rabia", Lewis justifica  a las políticas imperiales estadounidenses y proporciona un imperativo moral a las doctrinas de los "ataques preventivos" lanzados por el Pentágono.

Según testimonio de una fuente interna del Pentágono -citada por el diario La Jornada< de México-  para la teniente coronel Karen Kwiatkowski, quien trabajó en la oficina del subsecretario de la Defensa para Asuntos de Política, en la División del Cercano Oriente y el Sur de Asia y en la de Planes Especiales, "era evidente que los profesionales del servicio civil y los militares en activo no participaban en áreas claves de interés para Feith, Wolfowitz y Rumsfeld, es decir, Israel, Irak y Arabia Saudita".

La teniente coronel Kwiatkowski especifica que "en lo relativo a Israel e Irak, todo el trabajo primario era conducido por los "designados políticos"; en el caso de Israel era un funcionario de escritorio proveniente del Instituto Washington sobre Política en Medio Oriente y, en el de Irak, Abram Shusky".

Igualmente importante es la descripción que hace la ex funcionaria del Pentágono de la existencia de "camarillas interdependientes". Señala  que miembros de una variedad de organizaciones neoconservadoras y pro israelíes (el Proyecto por un Nuevo Siglo Estadounidense, el Centro para la Política de Seguridad y el Instituto Estadounidense de Empresa) que colaboran en diversas dependencias del régimen de Bush sólo interactúan con ellos mismos.

Puntualiza además que las principales decisiones son resultado del "pensamiento de grupo" y de la aceptación acrítica de los puntos de vista prevalecientes, que son "extremadamente estrechos y aislados". Su jefe la obligó a renunciar después que ella le dijo que "algunos tipos (de las camarillas y las redes) en el Pentágono podrían sentarse al lado de Hussein en el tribunal de crímenes de guerra por sus políticas destructivas y de ocupación".

Lo que queda muy claro, según todos los testimonios, es que la OPE y sus directores Feith y Wolfowitz fueron específicamente responsables de la evidencia fabricada sobre las "armas de destrucción masiva" que sirvió de justificación, junto con la doctrina de guerra preventiva  elaborada por los estrategas del lobby,  para la invasión y ocupación de Irak por las tropas militares estadounidenses.

Ver informe completo, 11-junio-2004
Douglas Feith: la vinculación del  lobby judío con las torturas en Irak
 

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