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En la cuerda floja

Dick Cheney cada vez más acorralado por el fiscal del "CIAgate"

Pasado el receso vacacional, y en un año electoral, los demócratas han retomado la ofensiva para imputar al vicepresidente de EEUU, Dick Cheney, como responsable de la filtración ilegal de información para justificar la invasión militar a Irak. Recientes declaraciones de Lewis Libby, su ex jefe de gabinete, complican más su situación judicial.

(IAR-Noticias) 14-Feb-06    

Valerie Plame y su esposo Wilson. Abajo, Lewis Libby. 

Informe especial

A raíz de este escandaloso caso debió renunciar su jefe de gabinete Lewis Libby, que permanece procesado por la justicia y afrontando graves cargos.

Los demócratas piden que se investigue la responsabilidad del vicepresidente Cheney en la manipulación y filtración de información orientada a justificar la invasión militar de Irak, y solicitan que  renuncie al cargo.

Howard Dean, presidente del Partido Demócrata, dijo el lunes que el vicepresidente Dick Cheney debe renunciar si ordenó a uno de sus principales asesores filtrar información secreta a los medios de prensa a fin de justificar la invasión a Irak.

Dean pidió por primera vez la renuncia de Cheney el domingo, en un programa de la cadena de televisión CBS. "No creo que el vicepresidente cuente con credibilidad alguna en materia de seguridad nacional, y pienso que está en apuros", señaló Dean.

En un programa de la cadena de cable CNN, Dean reiteró el pedido, formulado el domingo, de que Cheney renuncie, indicando que el vicepresidente podría haber violado la ley si ordenó a su secretario I. Lewis Libby compartir información secreta con periodistas en el 2003.

Si Cheney "ordenó la filtración de datos de inteligencia, entonces debería renunciar", declaró Dean a CNN. "Ignoramos si eso es cierto, pero ha sido acusado de eso. Si es cierto, debe renunciar".

La identidad de la agente encubierta de la CIA, Valerie Plame Plame, se filtró a los medios después de que su marido, el diplomático Joseph Wilson, acusara a la administración Bush de tergiversar la información de los servicios de inteligencia, antes de la guerra de Irak para justificar sus acciones militares.

Libby fue uno de los funcionarios de alto rango que planeó en 2003 la invasión a Irak junto a los funcionarios y tecnócratas del llamado lobby judío con Cheney y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, a la cabeza.

Libby saliendo de la Casa Blanca este viernes.

Si es hallado culpable, Libby podría ser condenado a hasta 30 años de prisión,

Karl Rove, el máximo asesor estratégico del presidente George W. Bush, aunque también está en la primera línea de fuego de acusación en el "CIAgate",  no fue imputado junto con Libby, pero el fiscal Patrick Fitzgerald ha dejado claro que Rove continuaba siendo investigado y estaba en aprietos legales, dijeron los abogados.

En 2003, antes de la invasión a Irak, y para argumentar aquella decisión, la Casa Blanca envió al diplomático Joseph Wilson, esposo de la agente encubierta Plame,  a Níger para que demostrara que el régimen de ese país le vendía uranio a Saddam Hussein para fabricar armas de destrucción masiva.

Wilson, que fue embajador de EEUU, no sólo no pudo probar la existencia del vínculo Níger-Saddam durante su misión junto con la CIA sino que luego se dedicó a tirar abajo los argumentos esgrimidos por Bush para invadir Irak.

El marido de la agente Plame publicó un artículo en The New York Times titulado "Lo que no encontré en Africa", en el que criticaba la manipulación de las informaciones sobre las "armas de Saddam".

Luego de la rebelión de Wilson, Libby y otros funcionarios filtraron la identidad de Valerie Plame como agente de la CIA al diario The New York Times y a  la revista Time.

El domingo, senadores republicanos y demócratas dijeron que el fiscal especial Patrick Fitzgerald debería investigar a Cheney y a otros en caso de que se verifique que autorizó a Libby a brindar información secreta.

El senador demócrata Jack Reed dijo que la filtración de datos de inteligencia era "inoportuna", de comprobarse que "superiores" no identificados ordenaron a Libby difundir material sobre Irak.

A su vez, el senador republicano George Allen indicó que es necesaria una investigación completa.

"No creo que nadie deba divulgar información secreta, punto. Ya sea en el Congreso, en la rama ejecutiva o en la burocracia", dijo Allen, que apareció junto con Reed en un programa periodístico de la cadena de televisión Fox.

Según documentos legales que fueron divulgados la semana pasada, Libby le dijo a un jurado investigador que reveló en julio del 2003 el contenido de una Evaluación de Datos Nacionales de Inteligencia que eran considerada secreta como parte de una campaña del gobierno para justificar la invasión a Irak.

El fiscal Fitzgerald dijo en los documentos que, según tenía entendido, "El señor Libby declaró que había sido autorizado" a revelar la información "presionado por sus superiores".

Los documentos legales no identificaron a los superiores de Libby. Pero Dean dijo el lunes en la CNN, "El secretario del vicepresidente sólo tiene a un superior, y ese es el vicepresidente".

El dirigente  demócrata dijo que divulgar información secreta "es contra la ley ...

De acuerdo a la sección 421 del Acta de protección de identidades de Inteligencia de 1982,  es ilegal revelar intencionalmente información identificando a un agente encubierto "a ningún individuo no autorizado a recibir información clasificada".

El influyente diario The New York Times afirmó  que fue el propio vicepresidente Richard Cheney, quien reveló la identidad de la agente a su asesor, Lewis Libby, levantando una ola de especulaciones en la prensa norteamericana.

El diario neoyorkino señaló que varias notas en poder de un fiscal federal que investiga el caso indican que el secretario de la vicepresidencia, I. Lewis Libby, conoció la identidad de una agente encubierta de la CIA a través del propio Cheney.

El diario neoyorkino señaló que varias notas en poder de un fiscal federal que investiga el caso indican que el secretario de la vicepresidencia, I. Lewis Libby, conoció la identidad de una agente encubierta de la CIA a través del propio Cheney.

Para documentar sus afirmaciones, The New York Times cita fuentes de "abogados del caso", y asegura que los apuntes que tomó el propio Libby en una reunión con Cheney el 12 de junio de 2003 demuestran que el vicepresidente le contó en aquella oportunidad que Valerie Plame era agente de la CIA.

Existe un proceso para que la información deje de ser secreta. Y ciertamente, alguien no divulga" información secreta "para desacreditar a sus rivales políticos", señaló el presidente del Partido Demócrata.

La guerra por el poder

El escándalo desatado por el "CIA-gate", y la encarnizada campaña mediática llevada a cabo por los medios opositores a Bush con los influyentes The New York Times The y Washington Post a la cabeza, agrega combustible a la guerra por el poder lanzada por los demócratas aprovechando la caída pronunciada del presidente George W Bush en las encuestas.

Para la la mayoría de los expertos en Washington el "CIA-gate", o el "caso Plame" , trascendió lo judicial y se conviertió en un ajuste de cuentas post-electoral para los sectores demócratas  y grupos del establishment que se vieron postergados tras las elecciones de noviembre pasado de acceder a la Casa Blanca con la reelección de Bush.

El escándalo con el "caso Plame",  y sus derivaciones en la justicia, levanta nuevamente versiones de que detrás de la acusación contra los funcionarios de la Casa Blanca hay un plan encubierto para destituir a Bush y a su vice antes de la finalización de su mandato.

No faltan los que predicen que el "CIA-gate" pone  EEUU está al borde de una crisis presidencial y constitucional,  que en última instancia llevará a hacer parecer minúscula la destitución de Richard Nixon en 1974.

Todo indica, según la percepción generalizada en la prensa norteamericana, que la renuncia del jefe de gabinete de Cheney y su enjuiciamiento es solo la punta del iceberg de un escándalo y una guerra política que recién comienza.

Y hay hecho cierto: Con elecciones parlamentarias en noviembre, los demócratas van por la cabeza de Cheney.

 

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