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Valerie Plame y su esposo
Wilson. Abajo, Lewis Libby. |
Informe especial
A
raíz de este escandaloso caso debió renunciar su jefe de gabinete Lewis Libby,
que permanece procesado por la justicia y afrontando graves cargos.
Los demócratas piden
que se investigue la responsabilidad del vicepresidente
Cheney en la manipulación y filtración de información
orientada a justificar la invasión militar de Irak, y solicitan
que renuncie al cargo.
Howard Dean, presidente del Partido
Demócrata, dijo el lunes que el vicepresidente Dick Cheney debe renunciar
si ordenó a uno de sus principales asesores filtrar información secreta a los
medios de prensa a fin de justificar la invasión a Irak.
Dean pidió por primera vez la
renuncia de Cheney el domingo, en un programa de la cadena de televisión CBS.
"No creo que el vicepresidente cuente con credibilidad alguna en materia de
seguridad nacional, y pienso que está en apuros", señaló Dean.
En un programa de la cadena de cable
CNN, Dean reiteró el pedido, formulado el domingo, de que Cheney
renuncie, indicando que el vicepresidente podría haber violado la ley si
ordenó a su secretario I. Lewis Libby compartir información secreta con
periodistas en el 2003.
Si Cheney "ordenó la filtración de
datos de inteligencia, entonces debería renunciar", declaró Dean a CNN.
"Ignoramos si eso es cierto, pero ha sido acusado de eso. Si es cierto, debe
renunciar".
La identidad de la agente encubierta
de la CIA, Valerie Plame Plame, se filtró a
los medios después de que su marido, el diplomático Joseph Wilson, acusara a
la administración Bush de tergiversar la información de los servicios de
inteligencia, antes de la guerra de Irak para justificar sus acciones militares.
Libby fue uno de los funcionarios de
alto rango que planeó en 2003 la invasión a Irak junto a los funcionarios
y tecnócratas del llamado lobby judío con Cheney y el secretario de
Defensa, Donald Rumsfeld, a la cabeza.
Si es hallado culpable,
Libby podría ser condenado a hasta 30 años de prisión,
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Karl Rove, el máximo asesor estratégico del presidente George W. Bush, aunque
también está en la primera línea de fuego de acusación en el "CIAgate", no fue
imputado junto con Libby, pero el fiscal Patrick Fitzgerald ha dejado claro
que Rove continuaba siendo investigado y estaba en aprietos legales,
dijeron los abogados.
En 2003, antes de la invasión a Irak,
y para argumentar aquella decisión, la
Casa Blanca envió al diplomático Joseph Wilson, esposo de la agente encubierta Plame, a Níger para que demostrara que el régimen de ese país le vendía
uranio a Saddam Hussein para fabricar armas de destrucción masiva.
Wilson, que fue embajador de EEUU, no sólo no pudo probar la existencia del
vínculo Níger-Saddam durante su misión junto con la CIA sino que luego se
dedicó a tirar abajo los argumentos esgrimidos por Bush para invadir Irak.
El marido de la agente Plame publicó un artículo en The New York Times titulado
"Lo que no encontré en Africa", en el que criticaba la manipulación de
las informaciones sobre las "armas de Saddam".
Luego de la rebelión de Wilson, Libby y otros funcionarios filtraron la
identidad de Valerie Plame como agente de la CIA al diario The New York Times y
a la revista Time.
El domingo, senadores republicanos y
demócratas dijeron que el fiscal especial Patrick Fitzgerald debería
investigar a Cheney y a otros en caso de que se verifique que autorizó a
Libby a brindar información secreta.
El senador demócrata Jack Reed dijo
que la filtración de datos de inteligencia era "inoportuna", de
comprobarse que "superiores" no identificados ordenaron a Libby difundir
material sobre Irak.
A su vez, el senador republicano
George Allen indicó que es necesaria una investigación completa.
"No creo que nadie deba divulgar
información secreta, punto. Ya sea en el Congreso, en la rama ejecutiva o en la
burocracia", dijo Allen, que apareció junto con Reed en un programa periodístico
de la cadena de televisión Fox.
Según documentos legales que fueron
divulgados la semana pasada, Libby le dijo a un jurado investigador que
reveló en julio del 2003 el contenido de una Evaluación de Datos Nacionales de
Inteligencia que eran considerada secreta como parte de una campaña del
gobierno para justificar la invasión a Irak.
El fiscal Fitzgerald dijo en los
documentos que, según tenía entendido, "El señor Libby declaró que había sido
autorizado" a revelar la información "presionado por sus superiores".
Los documentos legales no
identificaron a los superiores de Libby. Pero Dean dijo el lunes en la CNN,
"El secretario del vicepresidente sólo tiene a un superior, y ese es el
vicepresidente".
El dirigente demócrata dijo que
divulgar información secreta "es contra la ley ...
De acuerdo a la sección 421 del Acta
de protección de identidades de Inteligencia de 1982, es ilegal revelar
intencionalmente información identificando a un agente encubierto "a ningún
individuo no autorizado a recibir información clasificada".
El influyente diario The
New York Times afirmó que fue el propio vicepresidente Richard Cheney, quien
reveló la identidad de la agente a su asesor, Lewis Libby, levantando una
ola de especulaciones en la prensa norteamericana.
El diario neoyorkino señaló que
varias notas en poder de un fiscal
federal que investiga el caso indican que el secretario de la vicepresidencia,
I. Lewis Libby, conoció la identidad de una agente encubierta de la CIA a
través del propio Cheney.
El diario neoyorkino señaló que
varias notas en poder de un fiscal
federal que investiga el caso indican que el secretario de la vicepresidencia,
I. Lewis Libby, conoció la identidad de una agente encubierta de la CIA a
través del propio Cheney.
Para documentar sus afirmaciones, The
New York Times cita fuentes de "abogados del caso", y asegura que los apuntes
que tomó el propio Libby en una reunión con Cheney el 12 de junio de 2003
demuestran que el vicepresidente le contó en aquella oportunidad que Valerie
Plame era agente de la CIA.
Existe un proceso para que la
información deje de ser secreta. Y ciertamente, alguien no divulga" información
secreta "para desacreditar a sus rivales políticos", señaló el presidente del
Partido Demócrata.
La guerra por el poder
El escándalo desatado por el "CIA-gate", y la encarnizada
campaña mediática llevada a cabo por los medios opositores a Bush con los
influyentes The New York Times The y Washington Post a la cabeza, agrega
combustible a la guerra por el poder lanzada por los demócratas
aprovechando la caída pronunciada del presidente George W Bush en las encuestas.
Para la la mayoría de los expertos en
Washington el "CIA-gate", o el "caso Plame" , trascendió lo judicial y se
conviertió en un ajuste de cuentas post-electoral para los sectores
demócratas y grupos del establishment que se vieron postergados tras las
elecciones de noviembre pasado de acceder a la Casa Blanca con la reelección de
Bush.
El escándalo con el "caso
Plame", y sus derivaciones en la justicia, levanta nuevamente versiones de
que detrás de la acusación contra los funcionarios de la Casa Blanca hay un plan
encubierto para destituir a Bush y a su vice antes de la finalización de su
mandato.
No faltan los que predicen
que el "CIA-gate" pone EEUU está al borde de una
crisis presidencial y constitucional, que en última instancia llevará a hacer
parecer minúscula la destitución de Richard Nixon en 1974.
Todo indica, según la percepción
generalizada en la prensa norteamericana, que la renuncia del jefe de gabinete
de Cheney y su enjuiciamiento es solo la punta del iceberg de un escándalo y una
guerra política que recién comienza.
Y hay hecho cierto: Con elecciones
parlamentarias en noviembre, los demócratas van por la cabeza de Cheney.